Publicado en Cinteco en Área de la Infancia
el Lunes 30 de Junio de 2008
Cinteco te propone dentro de sus Seminarios de Formación, un nuevo formato especialmente dirigido a profesionales del mundo educativo; profesores, orientadores, educadores, etc. Se trata de un curso de ocho horas impartido por Yolanda Soriano García, especialista de nuestro Departamento de Atención en la Infancia, el sábado día 25 de octubre en horario de mañana y tarde con un precio de 150 €.
Todos los avances realizados en el tratamiento del Trastorno por Déficit de Atención, con o sin Hiperactividad (TDAH), destacan la importancia de la intervención en el aula como elemento clave para conjugar objetivos terapéuticos y educativos. El aprendizaje en la detección del problema y el manejo adecuado por parte de los profesionales de la educación son el objetivo de nuestro curso que consta de los siguientes apartados:
El Trastorno por Déficit de Atención/Hiperactividad (TDAH) en el aula: Un reto educativo
1.- INTRODUCCIÓN
- Evaluación diacrónica del concepto de hiperactividad
- Directrices actuales para la definición del trastorno
2.- SINTOMAS FUNDAMENTALES
- Los tres ejes
- Dificultades asociadas
- Curso de desarrollo: infancia, adolescencia y madurez
3.- PREVALENCIA
4.- ETIOLOGÍA
5. - COMORBILIDAD
6.- EVALUACIÓN
7.- TRATAMIENTO
- Técnicas cognitivo conductuales
- Programa de entrenamiento con el niño
- Programas de aplicación en la familia
- Programas de aplicación en el aula
- Psicofármacos
8.- INTERVENCIÓN EN EL AULA
- Control de los antecedentes
- Control de las consecuencias
- Técnicas de autocontrol
- Desarrollo de Lenguaje Interno como mediador de la conducta
- Resolución de problemas
- Control de ansiedad y respuestas emocionales
- Habilidades sociales con iguales, familia y adultos
9.- COORDINACIÓN
10.- BIBLIOGRAFÍA
Preinscripción en el Seminario de TDAH en el aula: Un reto educativo
Publicado en Cinteco en Área de la Infancia
el Lunes 9 de Junio de 2008
Isabel Carrasco Cabeza del Departamento de Infantil de Cinteco resume las claves fundamentales para conocer y abordar de este asunto:
ABUSO SEXUAL EN LA INFANCIA (A.S.I.)
1. INTRODUCCIÓN
El abuso sexual en la infancia ha existido en todas las épocas y culturas y supone un fenómeno complejo resultante de una combinación de factores individuales, familiares y sociales. Entre un 15 y 20% de la población puede sufrir algún tipo de abuso sexual, aunque si ceñimos nuestra definición a conductas que interfieren en el desarrollo evolutivo del niño puede reducirse al 4-8%. Lo que supone un problema social (médico y psicológico) grave que afecta a ambos sexos. No obstante, los menores no sólo son las victimas de las agresiones sexuales, sino que también puede ser los que agredan sexualmente a otros niños. Así queda reflejado en los estudios demuestran que el 20% de los casos los provocan otros menores (López, 1997)
2. ¿CUÁNDO SE CONSIDERA QUE EL NIÑO/A SUFRE UN ABUSO SEXUAL?
Aunque no existe una definición universal de abuso sexual en la infancia todas las teorías incluyen dos criterios fundamentales:
COERCION: El agresor se aprovecha de su posición de autoridad para, mediante el empleo el la presión, el engaño y/o el uso de la fuerza física involucrar al niño en actividades sexuales que él normalmente desconoce.
ASIMETRÍA DE EDAD entre la victima y el agresor: Impide la verdadera libertad de decisión y hace imposible una actividad sexual consentida, puesto que hay un grado de madurez biológica y expectativas muy diferentes.
Bajo este concepto se incluiría el abuso de unos menores contra otros. Se considera como tal cuando hay una diferencia de 5 o más años cuando éste tenga menos de 12 años y de 10 años si supera dicha edad (López, 1998).
La actividad sexual puede incluir tocamientos o caricias de los genitales y /o partes intimas de los muslos, pechos, …. ( ésta es la forma más frecuente de abuso sexual infantil). También puede aparecer penetración, y actos sexuales que no impliquen contacto, como exhibicionismo y voyerismo.
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Publicado en Cinteco en Área de la Adolescencia
el Jueves 5 de Junio de 2008
José Carrión Otero coordinador del Departamento de Asistencia Psicológica en la Adolescencia nos propone una reflexión para trabajar con los padres este interrogante.
A menudo nos encontramos con importantes dificultades para que nuestros hijos adolescentes acepten las indicaciones que les hacemos en lo que se refiere a su comportamiento, sus estudios, su salud, en definitiva, la manera que tienen de gestionar su vida. Es posible que estas resistencias sean simplemente una característica de su edad, de la necesidad de identificarse como personas independientes que muestran su criterio frente al nuestro.
El problema surge cuando, desde nuestra opinión, se están produciendo conflictos relevantes que requieren valoración profesional y, en su caso, intervención terapéutica: conductas de trasgresión y no adecuación a límites y normas en el medio familiar, fracaso académico, descargas agresivas, comportamientos de riesgo y cualquier otro aspecto que afecte a su desarrollo evolutivo y su bienestar personal. Probablemente ellos no admitan que está ocurriendo conflicto alguno y no quieran saber nada de acudir al especialista, suelen argumentar que a ellos no les ocurre nada y que el problema es nuestro.
Se plantean dos interrogantes:
- ¿Cómo conseguir que acudan a consulta?
- ¿Es posible abordar el problema sin su colaboración?
Para afrontar la primera cuestión, lo aconsejable es buscar el momento adecuado y exponer con franqueza a nuestros hijos el nivel de preocupación que sentimos sin responsabilizarles directamente, informándoles de nuestra intención de buscar ayuda y de nuestro deseo que ellos se incorporen en el proceso de solución. Es conveniente respetar su decisión aunque no sea la que nos gustaría escuchar, un profesional, difícilmente va a poder intervenir sobre objetivos de cambio con un adolescente sin percepción de problema y sin motivación para iniciar tratamiento. No debemos engañarles, ni “comprarles” para conseguir que accedan. Sí nosotros empezamos a cambiar, es posible que se incorporen mas adelante.
Sobre la segunda cuestión, es factible trabajar sin la incorporación del adolescente al proceso terapéutico, cambiar nuestra actitud, nuestra manera de manejar los conflictos pueden ser factores decisivos para ayudar a nuestros hijos. Los padres pueden aprender a responder con eficacia a las situaciones que los adolescentes plantean, gestionar sus demandas, establecer límites que funcionen y adoptar el papel más adecuado en una situación crítica.
Para comprender y afrontar con eficacia los retos del adolescente es necesario un cambio de rol por nuestra parte, dejamos de ser su único referente y competimos ahora con su grupo de iguales. Sólo desde el esfuerzo por adaptarnos a las nuevas demandas podremos mantener con eficacia nuestro criterio, tan cuestionado y tan importante a la vez en sus decisiones.
Publicado en Cinteco
el Miércoles 21 de Mayo de 2008
Cinteco presenta a partir del mes de junio su nuevo equipo de especialistas en intervención sobre los problemas del lenguaje, la comunicación y el desarrollo, de la mano de su coordinadora Pilar Gerez Taravilla.
La importancia del desarrollo de las competencias comunicativas y del lenguaje en la capacidad del ser humano para adaptarse al medio en el que se desenvuelve es un hecho indiscutible en nuestros días. Históricamente, se ha dado una elevada importancia a la detección temprana y a la estimulación de aquellas alteraciones en el desarrollo que han repercutido en el funcionamiento comunicativo y global del niño.
Mantener un enfoque evolutivo facilita la comprensión y correcta estimulación de los diferentes hitos en el desarrollo del lenguaje, de la interacción social y de la lectoescritura. Es nuestro propósito, atender estas afectaciones a partir de la reflexión sobre el desarrollo típico y de cómo, éste, se ve alterado en algunos niños.
En nuestro departamento realizamos la evaluación, diagnóstico y tratamiento de las personas con trastornos del lenguaje oral y escrito. El abordaje de las dificultades que se describen se hace en coordinación con la familia y la escuela asegurando que los objetivos de intervención se orientan de manera conjunta.
En etapas iniciales del desarrollo atendemos: afectaciones del lenguaje receptivo y expresivo (retraso del lenguaje, TEL, trastorno fonológico) y trastornos generalizados del desarrollo.
En etapas posteriores, los objetivos de estimulación se centran en la correcta adquisición de la lectoescritura en niños con Trastornos del Lenguaje, o bien en la superación de las dificultades asociadas a la Dislexia y a la Disgrafía. De forma paralela, se aborda el tratamiento de la inadecuada integración del bilingüismo en aquellos niños que presentan Retraso en el Lenguaje cuando están expuestos a varias lenguas.
Publicado en Cinteco en Área de los Adultos
el Jueves 8 de Mayo de 2008

Luz Sánchez-Mellado para El País Semanal - Fotografía de Daniel Sánchez
Necesitamos hablar. Más que nunca. Psicólogos y psiquiatras están desbordados. Cada vez más gente pide ayuda para soportar el estrés, la incomunicación y el dolor de vivir.
Ángel lo tiene todo. Un matrimonio feliz, dos niños de anuncio, un piso con la hipoteca pagada y un sueldo de funcionario de por vida. Aún es joven, tiene 40 años y dos meses contados, y, aparte de unos triglicéridos rebeldes, está razonablemente sano. Pero el día de su último cumpleaños se sintió morir. El corazón se le salía. Le faltaba el aire. Le dolía el pecho. Sudaba. Tiritaba. Le iba a dar un infarto. Su mujer le llevó a urgencias. Dos horas después, Ángel salía cabizbajo con el alta en la mano. No la firmaba ningún cardiólogo, sino la psiquiatra de guardia. El diagnóstico es concreto: crisis aguda de ansiedad compatible con trastorno ansioso depresivo.
La doctora prescribe ansiolíticos y antidepresivos, y recomienda asistencia psicológica complementaria. Deriva al médico de familia para que siga al paciente y valore la pertinencia de una baja laboral. “Nada más verme llamaron a la psiquiatra, que me dio un tranquilizante y me metió en un cuarto a que me calmara. Fue después cuando me preguntó qué me pasaba. Le dije que me daba miedo morirme, que me sentía incapaz de cuidar de mis hijos, que no podía con mi vida. Estuvo correcta, profesional, rutinaria. Me pareció que veía casos así todos los días”, dice Ángel. En efecto, es uno de tantos.
Los saturados servicios de urgencias de los hospitales llevan tiempo prestando cada día los primeros auxilios a personas con otro tipo de sufrimiento. Un dolor no exactamente o no del todo carnal. Un sinvivir que no da la cara en los análisis, ni en las radiografías, ni en el más sofisticado escáner. Los esquivos, inasibles padecimientos del alma.
La psiquiatra que atendió a Ángel, sus colegas de los centros de salud mental públicos y privados y los psicólogos de los centenares de gabinetes que han proliferado hasta en el barrio más humilde de la ciudad no dan abasto. Están a rebosar. Todo el mundo tiene un pariente, un amigo o un conocido que está de baja por depresión o estrés, alguien cercano que se “ha quebrado” o está “mal de los nervios”. No es un asunto para pregonar, pero tampoco un secreto de Estado.
El goteo de noticias es constante. Un vistazo a algunos titulares de las últimas semanas resulta demoledor. La Encuesta Nacional de Salud certificaba en marzo que el 20% de los españoles tiene propensión a sufrir trastornos relacionados con la salud mental. En plata: uno de cada cinco encuestados confiesa que se siente habitualmente triste, nervioso, atemorizado, en vilo. Fatal. El Ministerio de Sanidad alerta sobre el desaforado consumo de psicofármacos, que se ha multiplicado por tres en la última década. La Organización Mundial de la Salud pronostica que la depresión será en 2020 la segunda causa de discapacidad en el mundo desarrollado.
Pero es que a día de hoy el 15% de los trabajadores –tres millones en España– consume alcohol, hachís y/o cocaína hasta la adicción para soportar el estrés y la ansiedad que les provoca su jornada laboral, según la Organización Internacional del Trabajo. Y hasta el mismísimo Consejo General del Poder Judicial se ha planteado la posibilidad de evaluar la aptitud psicológica de los jueces al constatar que algunos sufren padecimientos psíquicos –ansiedad, depresión o patologías mayores– que pueden interferir en su trabajo. ¿Nos hemos vuelto locos?
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Publicado en Cinteco en Área de los Adultos
el Martes 29 de Abril de 2008
Ángeles Sanz Yaque, experta en intervención psicológica y mediación en los conflictos de pareja, publica la siguiente reflexión en el reportaje que recoje la revista Luna y Sol.
Hoy día vivimos sometidos a muchas más presiones de las que nos marcan las grandes campañas publicitarias en cuanto a lo que es recomendable consumir, nuestros desarrollos profesionales, y el estilo de vida más adecuado, Nos referimos a las creencias o las expectativas sobre nuestra vida emocional que de una manera sutil, nos marca la sociedad el momento actual. En general no podemos hablar de que sean correctas o incorrectas, pero sí de su existencia y de la influencia que ejercen en nuestra estabilidad y felicidad personal.Así cuando nos planteamos la educación de nuestros hijos nos volcamos en encontrar en mejor colegio, los mejores amigos, las actividades do ocio que le permitan un mayor desarrollo personal… olvidándonos de nosotros mismos de nuestra manera de querer, de nuestro cansancio, de nuestros propios valores e inquietudes, con tal de que ellos tengan una mejor vida que nosotros……Lo mismo ocurre en nuestras relaciones de pareja. En este sentido son muchas las relaciones que se llegan a deteriorar por no conocer y/o darse cuenta del papel que dichas expectativas tienen en la vida cotidiana.
Cada persona se ha formado en un contexto único e irrepetible, tiene sus costumbres, sus manías, sus cualidades aprendidas en una familia concreta y a lo largo de su vida emocional. Toda esa carga afectiva probablemente aparezca en algún momento de la convivencia.
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