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Artículos de septiembre 2008 ↓

LA INTERVENCIÓN CLÍNICA EN EL TDAH. UNA LABOR DE EQUIPO

Departamento Infantil  (CINTECO)

Existe un consenso Internacional ya desde el año 2004 sobre  las implicaciones clínicas y la intervención en el TDAH como resultado de las investigaciones basadas en la evidencia que se pueden resumir en estos 9 puntos:

  1. El TDAH es un trastorno prevalente y crónico, asociado a una mala evolución durante la infancia, y también en la edad adulta, en los casos no tratados. En la mayoría de los casos, la evolución negativa asociada a una falta de tratamiento es mucho más importante que los riesgos asociados al tratamiento.
  2. La comorbilidad con otros trastornos de salud mental es alta y se requiere un diagnostico diferencial.
  3. El TDAH requiere de un diagnostico temprano y cuidadoso. La valoración debe cubrir múltiples dominios y debe contar con múltiples personas informantes.
  4. Los aspectos hereditarios, los datos de neuroimagen y las respuestas observadas a los agentes de la farmacoterapia respaldan la sugerencia de que el TDAH es una enfermedad mental con componentes biológicos importantes.
  5. Existen tratamientos efectivos para el TDAH, aunque su eficacia no va mas allá del periodo durante el cual se administra el tratamiento. En consecuencia el tratamiento debe ser a largo plazo. Un tratamiento óptimo es multimodal: el tratamiento farmacológico con la intervención psicológica. Como primera elección los fármacos eficaces son los psicoestimulantes, y las técnicas psicológicas derivadas del modelo cognitivo conductual
  6. Las opciones de tratamiento sugeridas difieren en función de que haya uno o varios trastornos y, de ser así, en función de cual sea el diagnostico primario. En los casos de TDAH sin un Trastorno de Conducta (TC) comorbido, se sugiere la intervención psicológica como adyuvante importante para la medicación psicoestimulante. (En algunos países, el tratamiento psicológico se considera el tratamiento de primera línea para los casos mas leves de TDAH que no llegan a cumplir los criterios, y la medicación se considera entonces un apoyo importante para los que no responden de manera óptima). En los casos de TDAH y TC comorbido, la opción de tratamiento sugerida es la combinación de fármacos y terapia cognitivo conductual. En los casos de TC primario, resugiere la intervención psicológica como opción de primera línea y se contempla el uso de risperidona como tratamiento adicional en los casos de agresión/impulsividad persistente e intensa.
  7. Cuando se emplea la medicación psicoestimulante, se sugiere utilizarla con una cobertura de todo el día. Usar preparados de acción prolongada. Los tratamientos farmacológicos requieren de un ajuste cuidadoso y una vigilancia médica para obtener un equilibrio optimo entre los perfiles de eficacia y de tolerabilidad. Para ello hay que coordinarse y obtener datos de los efectos en su sintomatología tanto en casa como en el colegio.
  8. El cumplimiento y la eficacia a largo plazo son más probables cuando todas las personas involucradas (niño, adolescente, padres y maestros) intervienen tanto en la evaluación como en el tratamiento. La motivación de los pacientes y sus familias para continuar con el tratamiento durante toda la adolescencia no siempre tiene éxito.
  9. Es necesario un seguimiento regular a largo de todo el plazo para mantener la motivación y supervisar la eficacia del tratamiento, los efectos secundarios y los cambios en el diagnostico.

Tratamiento multimodal prolongado en el tiempo:

  • Psicofármacos mas intervención psicológica: técnicas cognitivas conductuales
  • Intervención en todos los ámbitos: familia, colegio y niñ@/adolescente
  • Una labor de equipo.

Donde cada uno tiene su propia parcela, labor y cometido y donde la coordinación es fundamental. Para conseguir este trabajo conjunto creemos básico e imprescindible que todos los profesionales de la salud y de la enseñanza así como todos los afectados tengan como primer paso una formación que les capacite para:

  1. Conocer el trastorno: sus características y sus causas ( biológicas y psicológicas subyacentes que los explican )
  2. Eliminar falsas creencias y falacias sobre el mismo
  3. Saber las dificultades propias del TDAH que impiden el aprendizaje de ciertas habilidades de autocontrol y de inhibición que explican las dificultades en la generalización y el mantenimiento, de ahí la necesidad de trabajar en todos los contextos ( casa, colegio y niñ@/ adolescente) para la consecución de resultados positivos
  4. Tener una buena información sobre el tratamiento farmacológico
  5. Conocer las técnicas cognitivas conductuales apropiadas y eficaces para el TDAH

De esta forma se consigue una PROFESIONALIZACION de los agentes socializadores (padres, hermanos, colegio…) necesaria para las ayudas que los niñ@s con TDAH necesitan.

El Adolescente y su Grupo

José Carrión OteroAsistencia Psicológica en La Adolescencia.

Es en la adolescencia cuando el individuo experimenta un desarrollo evolutivo integral que pretenderá configurar la búsqueda de la propia identidad adaptada, en el mejor de los casos, a su entorno social y familiar. Dicho desarrollo abarca aspectos tanto físicos como cognitivos, emocionales y comportamentales.

Durante los primeros años de vida es sin duda la familia el espacio evolutivo donde el niño encuentra las claves necesarias que le permiten iniciar su largo proceso de socialización. Poco a poco se irán incorporando elementos ajenos al núcleo familiar, profesores y compañeros que completarán el grupo de referencia. Será en la preadolescencia (periodo que abarca de los 11 a los 13 años aproximadamente) cuando aparecerán los primeros esquemas de identificación y diferenciación, los primeros intentos de independencia de los criterios familiares a partir de la formación de juicios críticos distanciados de los modelos adultos y la capacidad de decidir por uno mismo. A partir de ahora, será el grupo de referencia o grupo de iguales el espacio social por excelencia que prevalecerá sobre los modelos familiares aunque éstos no desaparezcan completamente. El adolescente orientará los cambios y avances al ritmo de su grupo pero con la mirada puesta en sus padres en los que busca opinión aunque sólo sea para posicionarse en contra.

Son muchos los retos a los que el joven deberá enfrentarse para componer su estructura personal y social: definir las respuestas a los grandes interrogantes sobre uno mismo, potenciar y consolidar la propia imagen, esbozar una trayectoria profesional o de capacitación que le permita a medio plazo autogestionar su vida, conseguir la pertenencia a un grupo de iguales donde pueda crecer en continua interacción.

Delimitar el conjunto formado por “los amigos” no es siempre tarea fácil de conseguir a pesar de las claras ventajas que supone. La necesidad de pertenencia y aprobación social explicará muchos de los comportamientos que el adolescente deberá poner en marcha para ser “uno más” del grupo y poder optar así a dichas ventajas. El miedo al rechazo por parte del grupo puede condicionar comportamientos sociales anómalos que tienden al aislamiento y la evitación de cualquier opinión externa.

Con frecuencia el adulto censura y descalifica a los más jóvenes en términos de “inmadurez o falta de personalidad” porque actúan magnetizados por su grupo, sin comprender los esfuerzos que el adolescente realiza para pertenecer al mismo y poder así diferenciarse de lo que hasta ahora ha venido siendo.

… “Decido el color de mi pelo o si llevaré un tatuaje, dónde me haré un piercing, elijo la música que me acompaña en cada momento, defino la imagen con la que presentarme al mundo para que se me considere único y defiendo mi derecho a la diferencia. Decido a quiénes dedicaré mi amistad y serán ellos los que más referencias me aporten para conseguir todo esto”…

Cuando como padres descubrimos que se debilita nuestro alcance en una edad tan socialmente admitida como “inestable”, nos invaden los miedos anticipando y magnificando, a veces, los riesgos que correrán nuestros hijos. Es necesario permitir que despeguen del medio familiar para que aprendan las habilidades que les serán imprescindibles como futuros adultos. Si descalificamos por sistema todo aquello distinto de lo que propia familia aporta, estaremos restringiendo su avance como personas: funciona mejor opinar que censurar, ofrecer nuestro apoyo antes que prohibir. Si censuramos o bloqueamos todo acceso de nuestros hijos a su grupo es posible que se conviertan en extraños afectivos que nos niegan cualquier tipo de información. Siempre podemos acudir a un profesional especialista que nos oriente cuando creamos que la situación se nos escapa de las manos.

El grupo funciona como un clan más o menos organizado donde cada cual descubre que papel ha de desempeñar. Es en definitiva el mejor escenario para ensayar y adquirir las estrategias necesarias de competencia social con las que vamos a navegar por la vida; habilidades sociales básicas para sintonizar con los demás, habilidades de escucha y empatía, técnicas de comunicación y negociación, resolución de conflictos, expresión de afectos, defensa de los derechos individuales frente a la opinión contraria del propio grupo o de cualquiera de sus miembros y un largo etcétera.

Es en el grupo donde se terminan de esbozar los sistemas de creencias y valores que servirán de filtro para entender y procesar los diferentes acontecimientos que determinan el paso a la edad adulta. Del mismo modo se ensayarán y consolidarán los nuevos roles que aparecen como resultado de todo éste proceso.

… “Defino mi postura ante aspectos tan relevantes como mis convicciones religiosas, mis planteamientos ideológicos, mi decisión frente al tabaco, el alcohol y otras sustancias, perfilo las actividades que formarán parte de mi tiempo de ocio, mi decisión de estudiar o de abrirme paso en el desconocido mundo laboral, mi conducta sexual”…

El comportamiento heterosocial cobra en el grupo de adolescentes especial relevancia, es ahora cuando se produce la posibilidad de describir y elegir al compañero o compañera con quien aprender las claves que determinan una conducta sexual eficaz y satisfactoria. Recordemos que es en la adolescencia cuando el cuerpo se prepara para dar respuesta a su función reproductora. Será el grupo quien recoja y ponga en marcha toda la información necesaria, no siempre libre de mitos y falacias, además de establecer un sistema de aceptación y rechazo hacia los diferentes comportamientos sexuales. Se establecen los primeros pasos en la conducta de búsqueda, consecución y ajuste con la pareja deseada, las primeras experiencias afectivas y, en ocasiones, algún que otro desencuentro.

Podríamos concluir, en definitiva, que la organización grupal a estas edades, respondiendo al más puro instinto gregario, se traduce en el diseño de un espacio de aprendizaje imprescindible para el completo y adecuado desarrollo del individuo que tendrá la oportunidad de prepararse y capacitarse para recorrer su futuro inmediato como joven adulto. Será entonces cuando, con un cierto grado de independencia, decidirá por si mismo, menos influenciable por criterios externos y preparando para convivir en sociedad.


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