Artículos de Enero 2009 ↓
Martes 27 de Enero de 2009 — Cinteco, Área de los Adultos, Área de los Mayores
Cinteco incorpora este año una nueva profesional, Susana Pradera Salazar, especialista en autoestima, comunicación y relaciones en igualdad.
Dado que el ser humano es un ser social, que crece y se forma conviviendo con sus semejantes, es fundamental analizar cómo somos y cómo nos relacionamos y comunicamos con los demás. El hecho de que desde el nacimiento estemos conviviendo constantemente con otros, no siempre nos facilita las habilidades necesarias para superar las dificultades que surgen en nuestras relaciones interpersonales. Somos seres diferentes con referencias distintas acerca de la convivencia, y eso influye en que, en nuestras relaciones más personales, no siempre sepamos conciliar nuestros desiguales modos de entender la realidad.
Una de las dificultades más habituales se debe, precisamente, a nuestras inapropiadas formas de comunicarnos. Escucharnos, entendernos y ponernos en el lugar del otro es algo que damos por sabido, pero que no se nos ha enseñado realmente y nuestros modelos pueden resultar deficitarios. Es muy frecuente que ni las parejas ni las familias tengan una buena comunicación, fluida y enriquecedora.
Esta situación se ve agravada por nuestra falta de hábito para analizar nuestro propio estado anímico, nuestra realidad interna. Es preciso tener siempre una conciencia clara de cómo estamos para saber transmitir al otro nuestras necesidades más profundas. Si esto no es así, nuestras relaciones pueden resultar insatisfactorias e incluso frustrantes.
Otra circunstancia que condiciona nuestra convivencia, sobre todo en la pareja, son las diferencias educativas entre hombres y mujeres, que aún hoy en día se siguen dando. Parece que somos de mundos muy distintos, y no siempre nos resulta fácil comprendernos y conciliar nuestras discrepancias para lograr una relación equilibrada. En nuestros conflictos tendemos, bien a ceder o bien a imponernos tomando el control, lo cual desnivela la relación apareciendo la desigualdad.
Un tratamiento adecuado aborda éstas y otras dificultades que pueden aparecer a la hora de relacionarnos con los demás, y facilita las estrategias necesarias para comunicarse adecuadamente y conseguir unas relaciones equilibradas y sanas, lo que ayuda a lograr una alta satisfacción personal y una mejora en la autoestima.
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Martes 20 de Enero de 2009 — Cinteco, Área de los Adultos
Marina González del Río, Psicólogo Especialista en Psicología Clínica.
Departamento de Asistencia en la Edad Adulta.
En nuestra práctica clínica constatamos un importante aumento de demanda de ayuda psicológica para resolver los conflictos que pueden presentarse en las relaciones de pareja, conflictos que pueden llevar tiempo instaurados en la relación y que van generando un alto nivel de insatisfacción, malestar, frustración, enfado, llegando a afectar psicológicamente, presentando en muchos casos cuadros de ansiedad, estrés, depresión…que interfieren de manera significativa en la vida cotidiana de las personas. Por destacar un dato, en 2008, del total de casos atendidos en CINTECO, alrededor de un 18% solicitaron consulta por diferentes temas relacionados con conflictos en su relación de pareja.
El hecho de que vaya en aumento el porcentaje de personas que solicitan asesoramiento psicológico por estos problemas se puede deber a los siguientes factores:
- Se dispone de más información sobre la existencia de Terapia Psicológica que puede ser de ayuda en las situaciones de crisis en la pareja.
- Las personas que han realizado procesos de terapia para abordar estos problemas dan información a personas de su entorno sobre su experiencia, aconsejando en muchos casos que busquen ayuda.
- El deseo o la “necesidad” de intentar conseguir una estabilidad afectiva y satisfacción en la relación de pareja por la importancia que esto tiene tanto en el ámbito personal-familiar como en el ámbito social-laboral.
- La incapacidad de la pareja para resolver los conflictos que se van presentando e ir comprobando que el paso del tiempo empeora la situación, aumentando el nivel de desgaste y malestar.
- Intentar evitar el llegar a la separación o divorcio por todas las consecuencias negativas que esto puede tener.
Además de estos factores, hay un dato que está apareciendo en los medios de comunicación en los últimos meses, y es el descenso del número de divorcios (número que iba en aumento en los últimos años), como consecuencia de la crisis económica que dificulta o impide en muchos casos afrontar todos los gastos que supone un proceso de separación y sobre todo la adaptación a la situación posterior. Este dato puede indicar que muchas parejas con un importante deterioro en su relación están manteniendo una convivencia muy insatisfactoria y que por diferentes razones, fundamentalmente económicas no pueden separarse y si lo hacen, los costes tanto económicos como emocionales que siempre tiene un proceso de separación, se ven aumentados, repercutiendo en la calidad de vida de esas personas.
La terapia de pareja no es la panacea para resolver todos los conflictos que pueden presentarse en las relaciones, además, el hecho de iniciar un proceso de terapia no implica necesariamente la continuidad de la relación, pero es un recurso que se puede utilizar para ayudar a la pareja a identificar e intentar resolver los conflictos, salir de la crisis en la que se encuentran cuando acuden a consulta, valorar el nivel de motivación para seguir en la relación, por destacar algunos de los objetivos que se pueden trabajar en los procesos de terapia de pareja. Es por tanto un recurso que está siendo de utilidad para muchas personas que en la actualidad tienen problemas en sus relaciones.
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Martes 13 de Enero de 2009 — Cinteco, Área de la Adolescencia
Belén Acevedo Canto
Departamento de Asistencia en la Adolescencia
En el tiempo que llevo como terapeuta de adolescentes he visto en muchas ocasiones una desconexión entre los padres y los hijos de esta edad, es como si estuvieran en emisoras diferentes, con lo cual se dificulta mucho la comunicación y la comprensión entre ambos; por eso este artículo está dedicado a los padres con hijos adolescentes, para hablarles de diferentes aspectos que les van ayudar a ponerse en la misma emisora que sus hijos, a empatizar con ellos y a mejorar su relación.
Como introducción decir que en la Adolescencia, además de los cambios a nivel físico, se van a dar otro tipo de cambios: a NIVEL SOCIAL: va a producirse un “distanciamiento de los padres”, siendo éste, tanto físico como psicológico; como contrapartida hay un “acercamiento a su grupo de iguales”. En el aspecto social, esta es la edad en la que el individuo vive unido al grupo en mayor grado que en ningún otro momento de su vida.
La identificación con el grupo, es una pieza clave de otro de los cambios a NIVEL PERSONALIDAD que se da en este período: “la búsqueda de la identidad”, la relación con el grupo les lleva a descubrirse a sí mismos como separados e independientes de los padres, surgiendo de esta manera un tercer concepto de desarrollo social: “la autonomía”.
Y una vez hecha esta introducción os propongo:
- Que no personalicéis, y que tratéis de “no entrar al trapo”, cuando se opongan o cuestionen cosas que les decís: una clave propia de la ubicación que tienen en el mundo es “negarse a las cosas que hasta entonces hacían sin ningún problema, y cuestionar lo que dice el adulto, esto no es “mal carácter”, tiene que ver con esa búsqueda de identidad de la que hemos hablado.
- Huid de los extremos: no seáis ni demasiado controladores, ni demasiado permisivos. El control fomenta la dependencia, y esa dependencia no está mal cuando es hacia los padres, pero estáis fomentando esa manera de funcionar en vuestros hijos no solo con vosotros si no con cualquiera (amigos, pareja, compañeros de trabajo, etc…), de tal modo que os alejáis de vuestro objetivo como padres: potenciar la autonomía y la independencia de vuestros hijos.
El no poner límites tiene también consecuencias, el que aprendan que todo vale, y que pueden hacer lo que quieran, cuando quieran y como quieran, a largo plazo desemboca en una baja tolerancia a la frustración y a que cuando algo no les sale como ellos quieren no son capaces de afrontarlo.
- No amenacéis con castigos que no vais a ser capaces de cumplir. Y tener en cuenta que en estas edades el castigo no suele funcionar, es mejor tratar de negociar y llegar juntos a acuerdos.
- No reforcéis solamente los logros académicos; el sacar buenas notas está bien, pero no sólo esto es importante. Esforzaos en ver cosas que os gustan en vuestros hijos y hacédselo saber. Otra de las cosas que les está ocurriendo en esta etapa es que no están muy boyantes de autoestima, así que es bueno que vosotros la incentivéis.
- Aunque vuestra intención como padres sea buena, hay que controlar el impulso de ir por delante de la carretera alisando los baches para que no tengan ningún percance; es bueno que tengan problemas, que se equivoquen y que aprendan a afrontarlo. Si en la infancia el aprendizaje se realiza por “modelos” que se imitan, ahora es por “ensayo-error” y si no se equivocan no aprenden.
- Respetar la intimidad de su habitación. Ya sé que a veces son muy herméticos, no cuentan nada y lo que buscáis es información que os tranquilice sobre que vuestros hijos no andan metidos en nada raro. Pero no hay que buscar, hay que encontrar y llegado el caso actuar en consecuencia.
Para fomentar el que sean ellos los que os den información, tenéis que practicar la “escucha activa”, que consiste en no interrogarlos, y escuchar lo que os cuenten sin criticar y juzgar; si lo hacéis ellos por sí solos cada vez os contarán más cosas y no os mentirán. La información que obtengáis de todo lo referente a ellos es valiosísima para intervenir tempranamente en caso de problemas.
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Lunes 12 de Enero de 2009 — Cinteco
La doctora Orlanda Varela del departamento de Asistencia Psiquiátrica nos propone esta revisión.
No podemos negar nuestra pertenencia al reino animal (por mucho que nos confundan las diferencias). El ser humano está sujeto a las normas de la naturaleza como cualquier otro mamífero.
La ley del más fuerte, que en tantas ocasiones la Ciencia Médica tiene el espejismo de burlar, alcanza su máximo rigor aplicada a la reproducción.
Algunas actividades fisiológicas no son necesarias para la supervivencia del individuo durante la hambruna; por tanto la naturaleza les otorga la mínima prioridad cuando los alimentos escasean o su obtención está sujeta a demasiada incertidumbre. El almacenamiento de grasa y la reproducción son “lujos” en los que no se “invierte” energía.
Para una hembra de mamífero completar un ciclo reproductivo desde la concepción hasta la lactancia y crianza de su prole es unos de los retos más energéticamentes costosos que afrontará durante su vida.
En la naturaleza, tanto la desnutrición como el acceso demasiado irregular a los alimentos detienen la ovulación e inhiben la conducta sexual femenina. El rigor con el que se prima la supervivencia del individuo puede llegar a inhibir los intentos de reproducción incluso cuando la concepción ya ha tenido lugar evitando la implantación, produciendo la reabsorción del embrión o alterando los comportamientos de maternaje de las hembras.
Sin embargo, la infertilidad resultante de una deficiente nutrición es reversible y el individuo infertil, por lo general, no está enfermo (la reproducción se inhibe antes de que se deteriore su estado de salud general). El designio natural parece reservar su capacidad reproductiva para una situación en la que las probabilidades de éxito de su prole sean más favorables.
Esta realidad cobra una importancia sustancial para las personas que a lo largo de su vida han alterado su patrón alimentario hasta alcanzar el diagnóstico de un Trastorno de Conducta Alimentaria (anorexia, bulimia u otras alteraciones mixtas o de carácter más leve) y desean un embarazo. La superespecializada medicina moderna puede no ser capaz del abordaje holístico que necesita esta problemática y los “mitos” y creencias en torno tanto a la anorexia como al embarazo en sí pueden confundir y perjudicar a estas pacientes. Así, con frecuencia los familiares y parejas de personas que sufren anorexia se aferran a la idea de que tener un hijo sólo puede ayudar a “quitarse tonterías de la cabeza” o de que durante el embarazo “hay que comer por dos”, cosa que la embarazada podrá asumir sin dificultad.
Se calcula que la prevalencia de Trastornos de Conducta Alimentaria en las mujeres en edad reproductiva de los llamados “Países desarrollados” alcanza el 5%. ¿Qué deben esperar de sus intentos de quedarse embarazadas?, ¿Qué deben saber de los riesgos especiales que entraña el embarazo en su situación?, ¿Cómo prevenir las posibles complicaciones?.
Lo primero que habría que decir es que considerando ese 5%, que incluye primordialmente casos leves y una minoría de casos graves, la mayoría de las mujeres con algún trastorno de conducta alimentaria tienen embarazos normales y bebés sanos.
Sin embargo, nos interesan los posibles problemas porque es la información lo que nos permite prevenir y minimizar el riesgo de esa otra minoría de embarazos y partos con alguna dificultad.
1. Quedarse embarazada:
La causa más habitual de problemas de fertilidad en aquellas mujeres que tienen síntomas activos de un trastorno de conducta alimentaria es la amenorrea (falta de menstruación y, lo que es más importante, de ovulación). En ocasiones puede ocurrir que las pacientes tienen sangrados más o menos regulares pero no todos se corresponden con ovulaciones normales.
Otras mujeres atravesaron épocas peores con respecto a la comida a lo largo de sus vidas y se encuentran mejor. A pesar de que mantienen comportamientos y actitutes disfuncionales con respecto a la alimentación, su imagen corporal y a la posibilidad de engordar, su integridad física no parece estar en peligro (han sobrevivido al riesgo de mortalidad de la fase más aguda). Sin embargo, tienen problemas para quedarse embarazadas, a veces incluso con ciclos menstruales aparentemente normales y un peso casi normal.
Aunque durante un tiempo se barajó la hipótesis de que existía un peso y un porcentaje de grasa corporal mínimos en términos reproductivos, actualmente existe suficiente evidencia científica para saber que estábamos equivocados. No es una cuestión de peso ni de composición grasa, ni siquiera, estrictamente, de cantidad de comida, sino de balance energético positivo estable (que los ingresos energéticos superen a los gastos con cierta regularidad a lo largo del tiempo), más específicamente: de disponibilidad a corto plazo de combustibles oxidativos. Cuando el cuerpo recibe frecuentemente nutrientes cuya oxidación garantiza un balance energético positivo, la fertilidad no se ve entorpecida por la alimentación. Si sometemos al organismo a largas horas de ayuno o a un ingreso de nutrientes que no cubre, o lo hace a duras penas, las necesidades energéticas cotidianas estamos poniendo en peligro nuestra capacidad de gestar y de llevar adelante la gestación con éxito.
Algunas de las personas que encuentran dificultades en quedarse embarazadas recurren a técnicas de reproducción asistida. Diversos estudios han demostrado una menor eficacia de la FIV (fecundación in vitro) tanto en las personas con sobrepeso como en aquellas con un IMC (Índice de Masa Corporal, que relaciona peso y altura) demasiado bajo.
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