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Artículos de Febrero 2009 ↓

El problema del peso

Raquel Scigliano Herbón

Psicólogo Especialista en Psicología Clínica

Departamento de Asistencia Psicológica en la Edad Adulta

Mientras una parte de la población mundial padece hambruna y secuelas de la malnutrición, en los países desarrollados nos enfrentamos a las consecuencias del “mal comer”.

La obesidad se considera una pandemia, pero no es el único problema sino el más visible. Suele relacionarse el exceso de peso con el exceso de alimentación y el déficit de actividad física. Si nos quedamos sólo con este planteamiento, cargamos al individuo con la responsabilidad de resolver esta ecuación y si no lo hace, con la culpa de “abandonarse”. Los kilos extra se entienden popularmente como una muestra del carácter en términos peyorativos: pereza, indolencia, ineficacia, etc. Así, además de los problemas de salud que puede acarrear, agregamos la condena social para quien lo padece.

Situamos en el otro extremo a la Anorexia Nerviosa, un trastorno que ha gozado en los últimos años de amplia difusión mediática. Se vincula con la búsqueda de la delgadez, y por tanto, con la salud (no siempre justificada) pero también con la estética o la moda y para muchos, otra culpa: frivolidad , “se lo han buscado”, etc.

Los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) representan alteraciones conductuales en relación con la ingesta. Aparecen como consecuencia de la modificación de hábitos dietéticos y del estilo de vida, con distinto impacto individual en función de diferencias biológicas, psicológicas y ambientales. Comer más/menos de lo necesario, alternar la restricción con excesos, utilizar un sistema u otro para compensar; lleva a diferentes formas de enfermar y suponen sufrimiento para muchas  personas.

Las desviaciones de actitudes y conductas relacionadas con el peso y la alimentación se relacionan con cambios socioeconómicos y culturales sobre los que queremos llamar la atención. ¿Podemos hacer algo? Creemos que sí, si tomamos conciencia de estos factores podemos disminuir su impacto, colaborando en la prevención de estos problemas.

Alimentación

El comportamiento alimentario ha cambiado y continúa cambiando, por un lado, una oferta cada vez mayor de alimentos de gran contenido calórico, de alta palatabilidad y listos para consumir de forma inmediata y presentes de forma llamativa a cualquier hora, apoyados en una publicidad que los trata como un objeto de consumo más y un marketing de “más por menos” que conduce al aumento de las cantidades de forma insidiosa (por ej. el tamaño de las palomitas en los cines o el de los refrescos).

Por otro, el poco tiempo disponible favorece las comidas rápidas y preparadas que no dependan de la compra de productos frescos ni de preparaciones laboriosas pero también el descuido de las costumbres: comer asociado a un lugar concreto, al descanso, a la comunicación.

Alimentarse es una necesidad básica, nuestra supervivencia depende de ello, pero también es un placer y una actividad social. Dedicarle tiempo y cuidarla es una fuente de satisfacción, además de un beneficio para la salud.

Actividad física

Por otra parte el gasto energético ha ido disminuyendo en nuestra sociedad. Las actividades laborales sedentarias, el ocio pasivo  y las nuevas tecnologías suponen un constante ahorro de las necesidades calóricas. Desde la regulación de la temperatura, la gestiones telefónicas o vía Internet, electrodomésticos, ascensores y hasta el mando a distancia; contribuyen a que la actividad física esté reducida y se sustituya la energía propia por la electricidad, el gas, etc.

Necesitamos movernos. El ejercicio físico no sólo aumenta el gasto energético, también modifica la composición corporal (disminuye la grasa), modula el apetito y tiene efectos psicológicos positivos. Una buena manera de mejorar el estado de ánimo y de controlar la ansiedad, en contraposición al recurso de comer.

El objetivo sería reducir la inactividad, generar el hábito de movernos más: caminar, usar más las escaleras (aunque sea para bajarlas) y si podemos practicar algún deporte, mejor aún.

Ideales estéticos

En una sociedad en la que la imagen tiene tal importancia, la figura perfecta se ha convertido en un objetivo generalizado. La delgadez es considerada sinónimo de salud, éxito y aceptación social (así como la gordura lo es de rechazo).

La industria del adelgazamiento ha desplegado un gran aparato propagandístico en el que nos prometen lo imposible y terminamos aceptando que se puede (o hasta se debe) tener esa figura perfecta.

¿Cuántas personas están a dieta? Las “calorías” y la lucha contra el peso son tema de conversación habitual, y la alternancia entre perder peso/ganar peso es algo demasiado frecuente en la vida de muchas personas.

Adelgazar o mantenerse delgado parece que es la vía para conseguir la aceptación social y también la manera de evitar el rechazo o la crítica. En nuestra práctica clínica oímos constantemente la idea de que “todo se solucionará cuando consiga estar delgada”, lo que significa mantener el control sobre la restricción alimentaria como fórmula mágica para ser feliz y tener éxito en la vida.

Así le damos al hecho de comer un valor que no tiene: no somos más o menos eficaces por comer más o menos. En todo caso, puede ser una de las consecuencias de cómo estamos afrontando la vida y los problemas que nos toca resolver. A nivel individual es mucho más rentable aprender a solucionar problemas y mejorar la forma de relacionarnos, lo que sí va a repercutir en ser más eficaces, estar más integrados y hacernos respetar.

¿Qué podemos hacer?

Hemos hablado del impacto negativo de esta sociedad del bienestar para entender el problema al que nos enfrentamos pero es mucho más lo positivo que obtenemos y será usando esa gran cantidad de recursos y de libertad personal de la que disponemos con lo que lograremos una mejor adaptación. La vida de hoy requiere mayores y mejores habilidades psicológicas y está a nuestro alcance obtenerlas.

En la adolescencia nos topamos de cara con el reto de vivir: lograr la independencia personal y la integración social. Cada uno busca un rol que aumente su autoestima y su expectativa de éxito, se trata de poder desenvolverse en el mundo pero también de sentirse personalmente válido para hacerlo. Ese reto comienza en la adolescencia pero nos acompaña a lo largo de toda la vida.

Y la imagen es uno de los elementos que nos puede ayudar a conseguirlo, pero solamente uno de ellos y cuando alguien centra ahí su eficacia o su valor personal está desatendiendo todos los demás. Es fácil enfermar así.

Cultura de éxito y consumo, que en lo que concierne al tema, se resume en un medio que facilita e incentiva gastar menos y comer más pero que presiona para presentar una figura perfecta.

Nos afecta a todos. Y todos participamos en esta forma de vivir, no es sólo el problema de los que enferman, por lo tanto, la solución no debe ser sólo el esfuerzo aislado de un individuo. Mejorar nuestra calidad de vida va desde las medidas que se deberían tomar desde la Salud Pública (y podemos exigirlas los ciudadanos) a la concientización social de los efectos negativos que tiene esta cultura así como de los medios que disponemos para afrontarlos y no sólo a la atención especializada que requieren las personas enfermas.

Como psicólogos clínicos es evidente la necesidad de aprender habilidades y recursos que nos vuelvan más eficaces para abordar ese reto. Es nuestra práctica diaria y abogamos por una mayor educación psicológica, no esperemos a que aparezca el trastorno.

Problemas del Lenguaje Infantil: Guía Práctica

Pilar Gerez Taravilla responsable del Departamento de Asistencia en los Trastornos del Lenguaje , la Comunicación, la Lectoescritura y los Trastornos del Desarrollo, presenta la siguiente guía: La detección precoz y el tratamiento eficaz de los trastornos del lenguaje infantil, deben constituir una prioridad para padres, profesores y pediatras, como elementos fundamentales de la evolución positiva del niño.

El 5% de los niños con edades comprendidas entre los 3 y 6 años (un niño por clase) presenta trastorno del lenguaje y uno de cada quince muestra un trastorno severo.

El lenguaje: trastorno oral y escrito

El lenguaje contiene varios dominios o áreas.

  • Fonología ( Estudia los sonidos que componen nuestro lenguaje )
  • Léxico ( el conjunto de las palabras que componen nuestro idioma,) la semántica ( el significado de las palabras )
  • Sintáxis ( la gramática que estudia los elementos de la lengua y sus combinaciones )
  • Pragmática ( el uso social del lenguaje )

Su exploración/evaluación comporta dos vertientes

  • Receptiva ( comprensión )
  • Expresiva (producción verbal )

El lenguaje lectoescrito explora la lectura y sus mecanismos, la transcripción en diferentes áreas ( ortografía, léxico y gramática) y la grafía (escritura).

Una anomalia en la evolución del lenguaje puede presentarse aislada o asociada:

  • Los trastornos aislados pueden tener un origen funcional, como un retraso simple del lenguaje o retraso en la adquisición de la lectoescritura. Con menos frecuencia, los trastornos aislados pueden ser estructurales y específicos, pudiendo afectar al lenguaje oral ( disfasia o TEL ) o al lenguaje escrito ( dislexia y disortografía )
  • Los trastornos en el lenguaje pueden ir asociados a un déficit intelectual, sordera, parálisis etc.

Clasificaciones internacionales

  • EL DSM-IV., en el capítulo ” Trastornos de la comunicación ” define tres alteraciones y sus criterios diagnósticos.
Trastorno del lenguaje de tipo expresivo Trastorno del lenguaje de tipo mixto. Receptivo- expresivo Trastorno fonológico
A Las medias obtenidas en la capacidad de expresión están por debajo de las medidas obtenidas en capacidad general (C.I. ; coeficiente intelectual) y en capacidad de comprensión verbal. Esta perturbación puede manifestarse en los siguientes síntomas:

  • vocabulario restringido
  • errores en la conjugación de tiempos verbales
  • dificultad en evocar palabras ya aprendidas
  • dificultad en construir frases con una longitud y una complejidad propias de su estadio evolutivo.
Las medias obtenidas en capacidad expresiva y comprensiva del lenguaje se sitúan por debajo de la media obtenida en capacidad general (CI). Los síntomas incluyen:

  • los señalados en el trastorno del lenguaje expresivo
  • dificultad en comprender determinadas palabras y frases
  • dificultad en la comprensión de categorías específicas de palabras relacionadas con posiciones en el espacio y el tiempo (antes, después, encima etc.)
Alteración en el uso de los sonidos que componen el lenguaje( posición dentro de la palabra )Los síntomas incluyen:

  • omisión
  • sustitución
  • errores de recuperación
  • discriminación etc.
B Las dificultades expresivas interfieren en el rendimiento escolar y en la relación con los otros. Las dificultades de expresión y de comprensión del lenguaje interfieren en el rendimiento escolar y en la comunicación. La dificultad en la producción de fonemas ,o sonidos del habla, interfiere en el rendimiento escolar y en la relación social.
C No se cumplen criterios de trastorno mixto del lenguaje receptivo- expresivo ni del trastorno generalizado del desarrollo El trastorno no responde a los criterios que definen un trastorno generalizado del desarrollo. Si existe un retraso mental, un déficit motor que comprometa al habla o un déficit sensorial, las dificultades en el lenguaje rebasan las asociadas a estos problemas.
  • Clasificación CIM-10: El CIM-10 define “trastornos específicos del desarrollo del habla y del lenguaje” como: trastornos en los que la normal adquisición del lenguaje se altera desde los primeros estadios del desarrollo. Esta alteración no es atribuible a anomalías neurológicas, del aparato fonatorio (sistema muscular) ni a un retraso mental.

Describe tres alteraciones:

  1. Trastorno específico en la adquisición de la articulación (pronunciación): La media obtenida en el uso de los fonemas es inferior a su edad mental, si bien, el resto de las competencias lingüísticas son adecuadas.
  2. Trastorno en la adquisición del lenguaje de tipo expresivo: La capacidad del niño para el uso del lenguaje oral es inferior al nivel correspondiente a su edad mental, la comprensión del lenguaje está dentro de los límites normales y puede haber o no alteraciones de la pronunciación.
  3. Trastorno de la adquisición del lenguaje de tipo receptivo: La capacidad de comprensión del lenguaje es inferior al nivel correspondiente a su edad mental. En la mayoría de los casos la vertiente expresiva está dañada y presenta habitualmente trastorno fonético. Esta clasificación se completa con dos categorías: otros trastornos del desarrollo del habla y del lenguaje no precisas. La afasia adquirida con epilepsia (síndrome de Landau-Kleffner).

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