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Artículos de diciembre 2009 ↓

Diferencias entre hombres y mujeres en la percepción de sus problemas de pareja al inicio de la terapia de pareja

A lo largo de nuestra experiencia clínica hemos venido haciendo algunos cambios en el enfoque de tratamiento de los problemas de pareja.

Los primeros enfoques  en el tratamiento de dichos problemas se centraban en el cambio de aquellas interacciones negativas que llevaban a las parejas a sufrir situaciones conflictivas una y otra vez deteriorando cada vez más profundamente las bases de la  relación de pareja. Así se desarrollaron una serie de estrategias de intervención estructuradas con una eficacia muy alta y con una gran validez. Muchas de ellas se siguen utilizando actualmente.  Como ejemplo podemos hablar del entrenamiento en negociación o del entrenamiento en comunicación, entre otras muchas.

A partir de estos planteamientos se hacia necesaria la intervención con los dos miembros de la pareja desde el inicio a la finalización de la terapia. Incluso para algunos autores era inviable el tratamiento de la pareja cuando era uno solo de sus miembros el que acudía a la consulta. Por lo tanto, sólo se llevaba a cabo la terapia de pareja cuando asistían los dos miembros,  nunca cuando era  uno solo de los miembros de la pareja el que acudía a buscar ayuda para resolver los problemas de su relación. .

Dentro de nuestra metodología de trabajo, que se mantiene dentro del enfoque cognitivo conductual, hemos venido ampliando algunas estrategias tanto en la evaluación como en el tratamiento lo  que facilita una mayor agilidad en el tratamiento de los problemas de pareja.

Además hemos ido modificando el formato de las sesiones. Actualmente nuestro modelo de intervención se lleva a cabo en sesiones individuales con cada miembro de la pareja, en sesiones conjuntas y en sesiones mixtas. Son los objetivos que se estén trabajando en cada momento los que justifican el formato de sesión en el que se va a realizar la terapia.

En todos los casos la pareja conoce los objetivos que se van a tratar a lo largo de todo el proceso de la terapia y además se han pactado con el terapeuta los  pasos que se van a seguir. La posibilidad de comunicación con el terapeuta está totalmente abierta, aunque en ese momento en concreto no se esté acudiendo a terapia.

INTRODUCCION A NUESTRO TRABAJO DE INVESTIGACION

En estos últimos años de forma sistemática y objetiva, hemos venido recogiendo datos de las parejas que acuden a nuestro centro para poder investigar en profundidad, entre otros aspectos de su relación, cuales son las características específicas actuales de su relación, de su convivencia, de su problemática diaria, de sus expectativas con respecto a su relación, al otro, incluso a la terapia que se han planteado comenzar.

Uno de los primeros trabajos que hemos finalizado y presentado en el “VI Congreso Iberoamericano de Psicología Clínica y de la Salud” celebrado en Santiago de Chile organizado por La Asociación Psicológica Iberoamericana de Clínica y Salud (APICSA) el pasado mes de octubre gira en torno al estudio de las “Diferencias entre hombres y mujeres en la percepción de sus problemas de pareja al inicio de la terapia de pareja”.

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Conductas agresivas en el medio familiar

El equipo de intervención con adolescentes destaca el aumento de la demanda de valoración y tratamiento de trastornos del comportamiento que cursan con conductas agresivas en el medio familiar. Son los padres quienes acuden para exponer el problema que están viviendo en casa ante la imposibilidad, por su parte, de establecer medio de solución alguno. Se trata de familias estructuradas donde no existen patrones previos de comportamiento agresivo, suelen presentar escenarios donde el padre aparece como “ausente” y la figura de la madre oscila entre la exigencia y la permisividad. El patrón de conducta detectado responde en mayor parte a varones menores de edad que se muestran agresivos verbal y, en gran número de ocasiones, físicamente, ante cualquier tipo de contrariedad o intento por parte de los padres de que se adscriban a normas o límites cotidianos. No toleran la frustración y tienden a atribuir la causa de su malestar a factores externos.

Estos menores objeto de reflexión, presentan, en su mayoría,  conflictos en otros ámbitos: problemas con la autoridad y conductas sociales desviadas, consumo de sustancias drogófilas, fracaso académico, etc. En consulta no muestran percepción alguna de problema, cuando acuden, tienden a buscar en la intermediación algún beneficio personal, al margen de los objetivos terapéuticos.

Es imprescindible definir con detalle el análisis de la situación compleja y encontrar un espacio para la intermediación que nos permita establecer objetivos realistas. Nuestra tarea empieza con la asistencia a los padres y los convivientes para que desarrollen estrategias frente al conflicto familiar, en ocasiones, presentan cuadros de ansiedad y estados depresivos que requieren tratamiento individualizado. Con los menores habría que empezar por trabajar su motivación para el cambio y su escasa percepción del problema. En función de las características del mismo, podemos ofrecer pautas de intervención  que resuelvan, en el mejor de los casos, la mayor parte de los aspectos alterados, empezando por la normalización de la relación y el control preferente de conductas agresivas.

El papel del psicólogo clínico resulta muy relevante para identificar las variables que están a la base del conflicto y proponer cambios que van dirigidos a todos y cada una de las personas que lo configuran. La psicoterapia puede apoyarse, en su caso, en la intervención psicofarmacológica en coordinación con los profesionales médicos del centro.


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