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Estimular el Lenguaje

Pilar Gerez Taravilla del departamento de Asistencia en los Trastornos del Lenguaje y del Desarrollo, nos propone las siguientes pautas como material recomendado. Artículo original en la sección de pacientes.

Actualmente un elevado número de niños son diagnosticados de retraso y trastorno del lenguaje, se habla constantemente de la conveniencia de acudir al especialista ya que la detección y el tratamiento precoz son esenciales.

Del trabajo que realiza el especialista depende en gran medida la evolución del niño, sin embargo, el trabajo con los padres es una prioridad, informarles sobre como se estimula el lenguaje y sobre los objetivos de tratamiento de su hijo es parte fundamental del tratamiento.

Las siguientes pautas son  generales, muy útiles para establecer un intercambio comunicativo positivo. Esta es la base para posteriormente trabajar en casa, guiados por el especialista, objetivos de tratamientos más complejos.

¿Cómo hablar al niño?

  1. Adaptar nuestro lenguaje al niño:
  2. Hablar despacio sin modificar nuestra entonación, marcando los sonidos, sobre todo los sonidos que aún no se producen o pronuncian mal.

    Marcar todas las palabras dentro de la frase, sobre todo las palabras de función ya que la atención al lenguaje no es muy madura. ” la niña monta  EN EL coche”

    Tener en cuenta los objetivos que actualmente trabajamos  y recalcar este tipo de producción al dirigirnos al niño. Esta será su línea base y ajustaremos los enunciados a los objetivos. Es importante ofrecer estructuras gramaticales ordenadas y bajas en complejidad puesto que  inicialmente es más sencillo que aprendan estos modelos.

    Hablar acerca  de sus intereses y sobre lo que  compartimos en el momento presente.

  3. Favorecer los intercambios comunicativos:
  4. Establecer periodos de interacción solos o a través de una actividad rutinaria o un juego.

    Escuchar lo que nos quiera decir, mostrándonos pacientes y receptivos (evitar mostrar preocupación). Hay que darles tiempo para que expresen con tranquilidad y establecer contacto ocular poniéndonos a su altura.

    Es importante no responder por él y dejar que se exprese con libertad.

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Estados de Ansiedad y Estados de Angustia

El Miedo está más relacionado con los trastornos fóbicos, donde lo que se teme tiene que ver con algún objeto o situación  externa que, si no está presente en la vida de la persona, o puede ser evitado, no plantea problemas. En la Angustia, el individuo tiene un temor más difuso, no está en relación con una situación o experiencia determinadas, siendo la sensación central la anticipación de una catástrofe futura inminente relacionada con problemas económicos, de salud, miedo a morir, a volverse loco, etc.

En cuanto a la distinción entre  Ansiedad y Angustia, que son expresiones equivalentes, tal vez podríamos decir que la Ansiedad está muy mediatizada por la aprehensión, la preocupación y la anticipación, y que la Angustia es más física, más drástica y aguda.

La Angustia es una reacción que pertenece a los seres humanos, que puede ser adaptativa, favorecedora del rendimiento y la motivación. La angustia patológica, por otro lado, inhibe el rendimiento, es desproporcionada con respecto a los acontecimientos con los que está relacionada o, incluso, aparece como un estado de aprehensión y miedo en ausencia de circunstancias peligrosas.

Se ha estimado que alrededor del 5% de la población padece estados de ansiedad, afectando el doble al sexo femenino. Las razones de estas diferencias entre sexos aún no están claras.

Por definición, dos formas de estados de ansiedad o angustia pueden presentarse: una forma aguda, donde lo característico son ataques de pánico recurrentes e inexplicables;  una segunda forma, donde el estado de ansiedad es crónico y existe una preocupación excesiva sobre varios aspectos vitales.

En la ansiedad aguda (Trastorno por Angustia) lo definitorio son los ataques de pánico, consistentes en un inmenso sentimiento de aprehensión acompañado de desagradables y alarmantes sensaciones físicas, que suelen ser las siguientes: palpitaciones, disnea, mareo, ahogo, escalofríos, debilidad, cefalea, dolor de pecho, desmayo, temblor, sudor, miedo a morir, visión borrosa, diarrea, molestias abdominales.

La ansiedad crónica (Trastorno por Ansiedad Generalizada), supone un estado de tensión interna, crónico y persistente, donde una variedad de síntomas físicos está presente: cefalea, sensación de inestabilidad, visión borrosa, boca seca, sudor sobre todo en manos, pies y axilas; peso en el estómago, nauseas, palpitaciones, micción frecuente, hormigueo en las extremidades, dolores musculares, pesadez en piernas o brazos, fatiga, dificultad para conciliar el sueño, irritabilidad,  preocupación y aprehensión. En este caso, a diferencia de la persona que sufre ataques de pánico, existe una ansiedad constante y crónica y, aunque puede haber exacerbaciones, nunca con la agudeza e intensidad de los ataques de pánico.

La vulnerabilidad psicológica para padecer estados de ansiedad y angustia, la han centrado los psicólogos sobre los estilos de interpretación del mundo y de sí mismos que tienen estos pacientes, es decir, el estilo de pensamiento, la manera de contarse las dificultades ambientales y, por tanto, de reaccionar ante ellas. Los problemas de la vida diaria y el estrés serían factores precipitantes de respuestas exacerbadas y patológicas.

Desde un punto de vista psicológico, los pacientes con Ansiedad Generalizada suelen estar muy preocupados por la aceptación de los otros, la competencia, la responsabilidad y el control del ambiente y de sí mismos.

Por otra parte, los pacientes con Trastorno de Pánico suelen tener una historia previa de aprehensión y preocupación por los síntomas físicos, que les conducen a una interpretación catastrófica de las sensaciones corporales. El miedo al miedo definiría muy bien esta tendencia, donde emociones y sensaciones de distinta índole y procedencia acabarían siendo etiquetadas por el paciente como señales de desastre físico “me va dar un infarto“, o mental “me voy a volver loco“, que le introducen en un estado creciente, rápido y muy agudo de ansiedad que conformaría el ataque de pánico.

Existe cierto nivel de controversia en el mundo científico, pero parece que un estado previo de ansiedad generalizada podría conducir al Trastorno de Pánico, aunque habría otros pacientes que experimentarían el pánico sin causa identificable y partiendo de un estado previo de tranquilidad. Lo más frecuente es que el paciente aquejado de un estado de ansiedad posea variables personales y excesiva autodemanda, perfeccionamiento y control personal y ambiental. La terapia Cognitivo-Conductual se ha mostrado como un método efectivo en los pacientes con estas dificultades y, en términos generales, se centra en las relaciones entre la forma de pensar y la angustia, la identificación de pensamientos de aprensión y catastrofismo, la modificación de esos pensamientos, ejercicios de enfrentamiento a situaciones evitadas, estrategias de distracción, técnicas de relajación y modificación del patrón respiratorio y afrontamiento más competente del las situaciones de estrés.

Adolescentes y Cannabis

José Carrión Otero

Psicólogo clínico especialista del Área de Asistencia Psicológica en la Adolescencia

El consumo de cannabis ha aumentado, de manera considerable entre la población adolescente española.

Según los datos que maneja el Ministerio de Sanidad en su Informe de la Comisión Clínica del Plan Nacional sobre Drogas; el cannabis es la droga ilegal que más se consume en el mundo. Lo mismo sucede en España, donde es también la más extendida y la que se consume a una edad más temprana. Según los últimos estudios, el consumo de esta sustancia ha aumentado considerablemente en los últimos años en nuestro país, con un crecimiento más acentuado entre 1995 y 1999. De hecho, en 2003 aproximadamente 8.350.000 españoles declaraban haber consumido esta droga alguna vez en la vida (el 29% de la población de entre 15 y 64 años) y 3.255.000 la habían consumido en los doce meses anteriores a la encuesta (11,3% de la población encuestada).

Este incremento ha sido especialmente considerable en el caso de los jóvenes de entre 15 y 18 años. Entre 1994 y 2004, la prevalencia del consumo de cannabis en los doces meses anteriores a la encuesta entre este grupo de población se ha duplicado, pasando del 18,2% al 36,6%, y la edad media de inicio del consumo ha disminuido de 15,1 a 14,7 años.

La edad de inicio en el consumo del cannabis es un factor determinante en la evolución de los efectos de esta droga sobre la salud. Los resultados de los distintos estudios permiten afirmar que la adolescencia es un periodo crucial.

Los problemas y trastornos se acentúan cuando el consumo se inicia antes de los 15-16 años, probablemente a causa de que el cannabis produce cambios neurobiológicos durante determinados períodos del desarrollo del cerebro. En los adolescentes, este inicio temprano puede traducirse en un peor rendimiento escolar, aumento del absentismo, abandono prematuro de los estudios y una mayor conflictividad. En España, los datos de la Encuesta Escolar reflejan la relación entre consumo de drogas y fracaso escolar, medido por la repetición de curso. Entre los estudiantes que presentan fracaso escolar, el consumo de drogas, incluido el cannabis, es más elevado que en el otro grupo.

Además, un consumo regular expone al riesgo de la dependencia. Se estima que entre un 7 y un 10% de las personas que han probado el cannabis tienen riesgo de desarrollar un trastorno de dependencia.

El consumo de cannabis puede dar lugar a una serie de trastornos mentales descritos en la Clasificación Internacional de Enfermedades, entre los que destacan los trastornos de ansiedad y del estado de ánimo y, por su especial gravedad, los trastornos psicóticos. Los trastornos de ansiedad junto con los depresivos son las complicaciones psiquiátricas más frecuentes asociadas al consumo de cannabis.

El informe recoge asimismo los últimos estudios científicos que demuestran que el consumo de cannabis puede incrementar entre dos y tres veces el riesgo de aparición de psicosis a lo largo de la vida. Estos estudios evidencian que existe una relación de causa-efecto entre consumo de cannabis y aparición posterior de psicosis.  Esta relación depende de la dosis (a mayor consumo, mayor riesgo). También se ha demostrado que el consumo de cannabis al principio de la adolescencia aumenta el riesgo de psicosis posterior, sobre todo en aquellas personas que tienen una predisposición genética y, por tanto, una mayor vulnerabilidad. Se puede afirmar que el cannabis afecta al sistema dopaminérgico, que tiene un papel clave en el desarrollo de los síntomas psicóticos.

En cuanto a las admisiones a tratamiento por abuso o dependencia de sustancias psicoactivas, los últimos datos revelan que un 10,2% se debieron a consumo de cannabis. Estas admisiones se han multiplicado por tres en los últimos ocho años, cifrándose en la actualidad en torno a 5.000. Sin embargo, esta cifra es todavía baja, si se tiene en cuenta el elevado número de consumidores problemáticos que existe en nuestro país. Entre los motivos que los consumidores aducen para solicitar un tratamiento de deshabituación por cannabis destacan la pérdida de motivación, ideas paranoides y problemas respiratorios.

También ha aumentado de forma importante la proporción de urgencias hospitalarias por reacción aguda a sustancias psicoactivas con presencia también de cannabis, que ha pasado en los últimos ocho años de un 7,4%  a un 22,8%, según los datos de la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas. En este periodo no se han registrado casos mortales con presencia exclusiva de cannabis, aunque en un 20,2% de los fallecidos se detectó esta droga junto con otras.

En relación con la baja percepción de riesgo, este informe analiza las fuentes de información a las que recurren los jóvenes en materia de drogas y, más concretamente, sobre el cannabis. Según el Eurobarómetro 2004, estas fuentes son los especialistas y profesionales, los amigos e Internet, por este orden.

De todas ellas, Internet es la fuente de información que más ha crecido en importancia para los adolescentes en la Unión Europea en los últimos dos años. Frente a un 28% de los jóvenes europeos que recurría a Internet como fuente de información sobre el cannabis en 2002, en 2004 este porcentaje ascendía a un 34%. En Holanda y Dinamarca, más de un 60% de los jóvenes recurren a las diferentes webs de la red para informarse sobre esta materia, mientras que en España este porcentaje se sitúa en un 22%.

Tras constatar que la información sobre cannabis en la red no procede de  webs educativas ni de agencias públicas de salud o de investigación, y que las páginas más populares contienen informaciones alejadas de la evidencia científica, algunos investigadores han analizado la información disponible en Internet sobre las distintas drogas. En el caso concreto del cannabis, estos trabajos ponen de manifiesto que el 62% de las webs analizadas se muestran favorables al consumo de esta sustancia. Ante estos resultados, los expertos de la Comisión Clínica recomiendan tener en cuenta el papel de la red como proveedor de información a la hora de desarrollar nuevas estrategias preventivas.

En resumen este informe destaca los siguientes aspectos:

  • Las posibilidades de padecer trastornos neurológicos importantes aumentan cuando el consumo de cannabis se inicia en edades tempranas y están en relación directa con la dosis acumulada
  • Entre un 7 y un 10% de quienes han probado el cannabis tienen riesgo de desarrollar un trastorno de dependencia. El fracaso escolar, el abandono prematuro de los estudios, las dificultades de concentración y de socialización y la pérdida de memoria son algunos de los problemas más habituales relacionados con su consumo
  • Cada vez son más los jóvenes que se informan sobre drogas a través de Internet, pero la información sobre cannabis en la red no procede de webs educativas o de agencias públicas de salud. El 62% de las webs más populares son favorables al consumo de cannabis
  • Diferentes estudios demuestran un mayor riesgo de accidentes en las personas que conducen bajo los efectos del cannabis. Un amplio estudio realizado en Francia sobre 10.748 accidentes de tráfico mortales revela que su consumo triplica el riesgo de colisión
  • El 10,2% de todas las solicitudes para recibir un tratamiento de deshabituación son por consumo de cannabis, un porcentaje todavía bajo en comparación con el número de consumidores adictos a cannabis. La pérdida de motivación, ideas paranoides y problemas respiratorios son los principales motivos aducidos para solicitar tratamiento

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El problema del peso

Mientras una parte de la población mundial padece hambruna y secuelas de la malnutrición, en los países desarrollados nos enfrentamos a las consecuencias del “mal comer”.

La obesidad se considera una pandemia, pero no es el único problema sino el más visible. Suele relacionarse el exceso de peso con el exceso de alimentación y el déficit de actividad física. Si nos quedamos sólo con este planteamiento, cargamos al individuo con la responsabilidad de resolver esta ecuación y si no lo hace, con la culpa de “abandonarse”. Los kilos extra se entienden popularmente como una muestra del carácter en términos peyorativos: pereza, indolencia, ineficacia, etc. Así, además de los problemas de salud que puede acarrear, agregamos la condena social para quien lo padece.

Situamos en el otro extremo a la Anorexia Nerviosa, un trastorno que ha gozado en los últimos años de amplia difusión mediática. Se vincula con la búsqueda de la delgadez, y por tanto, con la salud (no siempre justificada) pero también con la estética o la moda y para muchos, otra culpa: frivolidad , “se lo han buscado”, etc.

Los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) representan alteraciones conductuales en relación con la ingesta. Aparecen como consecuencia de la modificación de hábitos dietéticos y del estilo de vida, con distinto impacto individual en función de diferencias biológicas, psicológicas y ambientales. Comer más/menos de lo necesario, alternar la restricción con excesos, utilizar un sistema u otro para compensar; lleva a diferentes formas de enfermar y suponen sufrimiento para muchas  personas.

Las desviaciones de actitudes y conductas relacionadas con el peso y la alimentación se relacionan con cambios socioeconómicos y culturales sobre los que queremos llamar la atención. ¿Podemos hacer algo? Creemos que sí, si tomamos conciencia de estos factores podemos disminuir su impacto, colaborando en la prevención de estos problemas.

Alimentación

El comportamiento alimentario ha cambiado y continúa cambiando, por un lado, una oferta cada vez mayor de alimentos de gran contenido calórico, de alta palatabilidad y listos para consumir de forma inmediata y presentes de forma llamativa a cualquier hora, apoyados en una publicidad que los trata como un objeto de consumo más y un marketing de “más por menos” que conduce al aumento de las cantidades de forma insidiosa (por ej. el tamaño de las palomitas en los cines o el de los refrescos).

Por otro, el poco tiempo disponible favorece las comidas rápidas y preparadas que no dependan de la compra de productos frescos ni de preparaciones laboriosas pero también el descuido de las costumbres: comer asociado a un lugar concreto, al descanso, a la comunicación.

Alimentarse es una necesidad básica, nuestra supervivencia depende de ello, pero también es un placer y una actividad social. Dedicarle tiempo y cuidarla es una fuente de satisfacción, además de un beneficio para la salud.

Actividad física

Por otra parte el gasto energético ha ido disminuyendo en nuestra sociedad. Las actividades laborales sedentarias, el ocio pasivo  y las nuevas tecnologías suponen un constante ahorro de las necesidades calóricas. Desde la regulación de la temperatura, la gestiones telefónicas o vía Internet, electrodomésticos, ascensores y hasta el mando a distancia; contribuyen a que la actividad física esté reducida y se sustituya la energía propia por la electricidad, el gas, etc.

Necesitamos movernos. El ejercicio físico no sólo aumenta el gasto energético, también modifica la composición corporal (disminuye la grasa), modula el apetito y tiene efectos psicológicos positivos. Una buena manera de mejorar el estado de ánimo y de controlar la ansiedad, en contraposición al recurso de comer.

El objetivo sería reducir la inactividad, generar el hábito de movernos más: caminar, usar más las escaleras (aunque sea para bajarlas) y si podemos practicar algún deporte, mejor aún.

Ideales estéticos

En una sociedad en la que la imagen tiene tal importancia, la figura perfecta se ha convertido en un objetivo generalizado. La delgadez es considerada sinónimo de salud, éxito y aceptación social (así como la gordura lo es de rechazo).

La industria del adelgazamiento ha desplegado un gran aparato propagandístico en el que nos prometen lo imposible y terminamos aceptando que se puede (o hasta se debe) tener esa figura perfecta.

¿Cuántas personas están a dieta? Las “calorías” y la lucha contra el peso son tema de conversación habitual, y la alternancia entre perder peso/ganar peso es algo demasiado frecuente en la vida de muchas personas.

Adelgazar o mantenerse delgado parece que es la vía para conseguir la aceptación social y también la manera de evitar el rechazo o la crítica. En nuestra práctica clínica oímos constantemente la idea de que “todo se solucionará cuando consiga estar delgada”, lo que significa mantener el control sobre la restricción alimentaria como fórmula mágica para ser feliz y tener éxito en la vida.

Así le damos al hecho de comer un valor que no tiene: no somos más o menos eficaces por comer más o menos. En todo caso, puede ser una de las consecuencias de cómo estamos afrontando la vida y los problemas que nos toca resolver. A nivel individual es mucho más rentable aprender a solucionar problemas y mejorar la forma de relacionarnos, lo que sí va a repercutir en ser más eficaces, estar más integrados y hacernos respetar.

¿Qué podemos hacer?

Hemos hablado del impacto negativo de esta sociedad del bienestar para entender el problema al que nos enfrentamos pero es mucho más lo positivo que obtenemos y será usando esa gran cantidad de recursos y de libertad personal de la que disponemos con lo que lograremos una mejor adaptación. La vida de hoy requiere mayores y mejores habilidades psicológicas y está a nuestro alcance obtenerlas.

En la adolescencia nos topamos de cara con el reto de vivir: lograr la independencia personal y la integración social. Cada uno busca un rol que aumente su autoestima y su expectativa de éxito, se trata de poder desenvolverse en el mundo pero también de sentirse personalmente válido para hacerlo. Ese reto comienza en la adolescencia pero nos acompaña a lo largo de toda la vida.

Y la imagen es uno de los elementos que nos puede ayudar a conseguirlo, pero solamente uno de ellos y cuando alguien centra ahí su eficacia o su valor personal está desatendiendo todos los demás. Es fácil enfermar así.

Cultura de éxito y consumo, que en lo que concierne al tema, se resume en un medio que facilita e incentiva gastar menos y comer más pero que presiona para presentar una figura perfecta.

Nos afecta a todos. Y todos participamos en esta forma de vivir, no es sólo el problema de los que enferman, por lo tanto, la solución no debe ser sólo el esfuerzo aislado de un individuo. Mejorar nuestra calidad de vida va desde las medidas que se deberían tomar desde la Salud Pública (y podemos exigirlas los ciudadanos) a la concientización social de los efectos negativos que tiene esta cultura así como de los medios que disponemos para afrontarlos y no sólo a la atención especializada que requieren las personas enfermas.

Como psicólogos clínicos es evidente la necesidad de aprender habilidades y recursos que nos vuelvan más eficaces para abordar ese reto. Es nuestra práctica diaria y abogamos por una mayor educación psicológica, no esperemos a que aparezca el trastorno.

Raquel Scigliano Herbón. Psicólogo Especialista en Psicología Clínica del Departamento de Asistencia Psicológica en la Edad Adulta

Problemas del Lenguaje Infantil: Guía Práctica

Pilar Gerez Taravilla responsable del Departamento de Asistencia en los Trastornos del Lenguaje , la Comunicación, la Lectoescritura y los Trastornos del Desarrollo, presenta la siguiente guía: La detección precoz y el tratamiento eficaz de los trastornos del lenguaje infantil, deben constituir una prioridad para padres, profesores y pediatras, como elementos fundamentales de la evolución positiva del niño.

El 5% de los niños con edades comprendidas entre los 3 y 6 años (un niño por clase) presenta trastorno del lenguaje y uno de cada quince muestra un trastorno severo.

El lenguaje: trastorno oral y escrito

El lenguaje contiene varios dominios o áreas.

  • Fonología ( Estudia los sonidos que componen nuestro lenguaje )
  • Léxico ( el conjunto de las palabras que componen nuestro idioma,) la semántica ( el significado de las palabras )
  • Sintáxis ( la gramática que estudia los elementos de la lengua y sus combinaciones )
  • Pragmática ( el uso social del lenguaje )

Su exploración/evaluación comporta dos vertientes

  • Receptiva ( comprensión )
  • Expresiva (producción verbal )

El lenguaje lectoescrito explora la lectura y sus mecanismos, la transcripción en diferentes áreas ( ortografía, léxico y gramática) y la grafía (escritura).

Una anomalia en la evolución del lenguaje puede presentarse aislada o asociada:

  • Los trastornos aislados pueden tener un origen funcional, como un retraso simple del lenguaje o retraso en la adquisición de la lectoescritura. Con menos frecuencia, los trastornos aislados pueden ser estructurales y específicos, pudiendo afectar al lenguaje oral ( disfasia o TEL ) o al lenguaje escrito ( dislexia y disortografía )
  • Los trastornos en el lenguaje pueden ir asociados a un déficit intelectual, sordera, parálisis etc.

Clasificaciones internacionales

  • EL DSM-IV., en el capítulo ” Trastornos de la comunicación ” define tres alteraciones y sus criterios diagnósticos.
Trastorno del lenguaje de tipo expresivo Trastorno del lenguaje de tipo mixto. Receptivo- expresivo Trastorno fonológico
A Las medias obtenidas en la capacidad de expresión están por debajo de las medidas obtenidas en capacidad general (C.I. ; coeficiente intelectual) y en capacidad de comprensión verbal. Esta perturbación puede manifestarse en los siguientes síntomas:

  • vocabulario restringido
  • errores en la conjugación de tiempos verbales
  • dificultad en evocar palabras ya aprendidas
  • dificultad en construir frases con una longitud y una complejidad propias de su estadio evolutivo.
Las medias obtenidas en capacidad expresiva y comprensiva del lenguaje se sitúan por debajo de la media obtenida en capacidad general (CI). Los síntomas incluyen:

  • los señalados en el trastorno del lenguaje expresivo
  • dificultad en comprender determinadas palabras y frases
  • dificultad en la comprensión de categorías específicas de palabras relacionadas con posiciones en el espacio y el tiempo (antes, después, encima etc.)
Alteración en el uso de los sonidos que componen el lenguaje( posición dentro de la palabra )Los síntomas incluyen:

  • omisión
  • sustitución
  • errores de recuperación
  • discriminación etc.
B Las dificultades expresivas interfieren en el rendimiento escolar y en la relación con los otros. Las dificultades de expresión y de comprensión del lenguaje interfieren en el rendimiento escolar y en la comunicación. La dificultad en la producción de fonemas ,o sonidos del habla, interfiere en el rendimiento escolar y en la relación social.
C No se cumplen criterios de trastorno mixto del lenguaje receptivo- expresivo ni del trastorno generalizado del desarrollo El trastorno no responde a los criterios que definen un trastorno generalizado del desarrollo. Si existe un retraso mental, un déficit motor que comprometa al habla o un déficit sensorial, las dificultades en el lenguaje rebasan las asociadas a estos problemas.
  • Clasificación CIM-10: El CIM-10 define “trastornos específicos del desarrollo del habla y del lenguaje” como: trastornos en los que la normal adquisición del lenguaje se altera desde los primeros estadios del desarrollo. Esta alteración no es atribuible a anomalías neurológicas, del aparato fonatorio (sistema muscular) ni a un retraso mental.

Describe tres alteraciones:

  1. Trastorno específico en la adquisición de la articulación (pronunciación): La media obtenida en el uso de los fonemas es inferior a su edad mental, si bien, el resto de las competencias lingüísticas son adecuadas.
  2. Trastorno en la adquisición del lenguaje de tipo expresivo: La capacidad del niño para el uso del lenguaje oral es inferior al nivel correspondiente a su edad mental, la comprensión del lenguaje está dentro de los límites normales y puede haber o no alteraciones de la pronunciación.
  3. Trastorno de la adquisición del lenguaje de tipo receptivo: La capacidad de comprensión del lenguaje es inferior al nivel correspondiente a su edad mental. En la mayoría de los casos la vertiente expresiva está dañada y presenta habitualmente trastorno fonético. Esta clasificación se completa con dos categorías: otros trastornos del desarrollo del habla y del lenguaje no precisas. La afasia adquirida con epilepsia (síndrome de Landau-Kleffner).

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La importancia de la comunicación en nuestras relaciones

Cinteco incorpora este año una nueva profesional, Susana Pradera Salazar, especialista en autoestima, comunicación y relaciones en igualdad.

Dado que el ser humano es un ser social, que crece y se forma conviviendo con sus semejantes, es fundamental analizar cómo somos y cómo nos relacionamos y comunicamos con los demás. El hecho de que desde el nacimiento estemos conviviendo constantemente con otros, no siempre nos facilita las habilidades necesarias para superar las dificultades que surgen en nuestras relaciones interpersonales. Somos seres diferentes con referencias distintas acerca de la convivencia, y eso influye en que, en nuestras relaciones más personales,  no siempre sepamos conciliar nuestros desiguales modos de entender la realidad.

Una de las dificultades más habituales se debe, precisamente, a nuestras inapropiadas formas de comunicarnos. Escucharnos, entendernos y ponernos en el lugar del otro es algo que damos por sabido, pero que no se nos ha enseñado realmente y nuestros modelos pueden resultar deficitarios. Es muy frecuente que ni las parejas ni las familias tengan una buena comunicación, fluida y enriquecedora.

Esta situación se ve agravada por nuestra falta de hábito para analizar nuestro propio estado anímico, nuestra realidad interna. Es preciso tener siempre una conciencia clara de cómo estamos para saber transmitir al otro nuestras necesidades más profundas. Si esto no es así, nuestras relaciones pueden resultar insatisfactorias e incluso frustrantes.

Otra circunstancia que condiciona nuestra convivencia, sobre todo en la pareja,  son las diferencias educativas entre hombres y mujeres, que aún hoy en día se siguen dando. Parece que somos de mundos muy distintos, y no siempre nos resulta fácil comprendernos y conciliar nuestras discrepancias para lograr una relación equilibrada. En nuestros conflictos tendemos, bien a ceder o bien a imponernos tomando el control, lo cual desnivela la relación apareciendo la desigualdad.

Un tratamiento adecuado aborda éstas y otras dificultades que pueden aparecer a la hora de relacionarnos con los demás, y facilita las estrategias necesarias para comunicarse adecuadamente y conseguir unas relaciones equilibradas y sanas, lo que ayuda a lograr una alta satisfacción personal y una mejora en la autoestima.


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