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“Ictus: Alteraciones neuropsicológicas y emocionales. Pautas de intervención” (1ª Parte)

 

ICTUS: CUANDO LA VIDA CAMBIA EN UN MOMENTO

Estaba disfrutando de su jubilación  y preparaba las maletas para hacer un viaje familiar. Se encontraba “raro”, pero salió a la calle para hacer las últimas compras. De repente se cayó. Pasó unos días en el hospital, pero cuando salió de allí  no se le entendía nada de lo que decía, era imposible comprender lo que quería expresar, pero aún así, él lo intentaba con todas sus fuerzas. Presentaba debilidad en su hemicuerpo derecho, su marcha era torpe y su brazo derecho estaba bastante rígido. Con el tiempo, y una vez en casa, fue recuperando bastante su funcionalidad gracias al trabajo de profesionales, aunque su familia iba viviendo situaciones límite debido a episodios de agresividad, negativismo, llanto…

Esta situación es un ejemplo resumen de cómo la vida de una persona, de una familia, cambia de un momento a otro por un ICTUS.

El próximo día 29 de Octubre se celebra el día Mundial del Ictus, una enfermedad que poco a poco va teniendo más difusión entre la población pero en la que todos los profesionales dedicados a esto debemos seguir trabajando.

El ictus es una enfermedad cerebrovascular que afecta a la circulación sanguínea cerebral, que daña el funcionamiento de una zona del cerebro y que aparece de forma súbita. Se trata de un importante problema sociosanitario ya que entre el 35% y el 50% de las personas que lo padecen tienen secuelas que les hacen ser dependientes de otras personas; es la segunda causa de muerte en España, aunque esto empieza a cambiar con el tiempo ya que los nuevos tratamientos hacen que el índice de mortalidad por Ictus sea menor aumentando así el número  de personas dependientes.

¿Qué ocurre cuando tenemos un Ictus?

La estructura clave es el cerebro, ya que es el órgano que controla que todo nuestro cuerpo funcione correctamente. Como dije más arriba, el Ictus o accidente cerebrovascular (A.C.V.) agudo implica una lesión vascular focal, y consecuentemente una alteración del funcionamiento de las neuronas y la aparición de los síntomas. Esta lesión puede deberse a:

  • Un fallo en el riego sanguíneo, por obstrucción de las arterias, produciéndose los accidentes isquémicos(Suponen el 80-85% de los casos). Cuando el defecto de perfusión es breve o incompleto se pueden producir síntomas reversibles (Accidente Isquémico Transitorio), sin embargo, cuando la falta de riego es profunda y prolongada, se produce el infarto cerebral de la zona afectada. Hay cuatro tipos de ictus isquémicos:
    • Trombótico: debido a la ateroesclerosis (formación de placas de ateroma por acumulación de colesterol). Los factores de riesgo que veremos más abajo favorecen el desarrollo de estas placas.
    • Embólico: formación de trombos lejos del cerebro que arrastrados por la sangre alcanzan los vasos del cerebro ocluyéndolos. Los más frecuentes son los cardioembólicos.
    • Lacunar: son de pequeño tamaño y suponen la oclusión de arterias muy pequeñas dentro del cerebro.
    • Otras causas: un pequeño porcentaje se debe a otras causas menos frecuentes.
  • O una rotura vascular, produciéndose los accidentes hemorrágicos (alrededor del 15-20%).

¿Cuáles son los síntomas producidos por el Ictus?

Según la Sociedad Española de Neurología hay síntomas que alertan y pueden ayudar a identificarlo favoreciendo así un tratamiento precoz de sus consecuencias. La presentación brusca, repentina de la combinación de alguno de los siguientes síntomas pueden indicar la presencia de ictus:

  • Dolor de cabeza repentino muy intenso, no habitual, y que aparece sin motivo aparente.
  • Pérdida de fuerza o parálisis de los músculos de la cara, de un brazo o una pierna de un lado del cuerpo.
  • Pérdida de sensibilidad, acorchamiento u hormigueo en un lado del cuerpo o de la cara.
  • Alteración repentina del habla, dificultad para expresarse, lenguaje que nos cuesta articular y ser entendido por quien nos escucha.
  • Pérdida parcial o total de la visión en uno o ambos ojos.
  • Inestabilidad, desequilibrio e incapacidad para caminar.
  • Confusión repentina.

Causas y factores de riesgo

Los factores de riesgo son aquellos que predisponen a una persona a padecer un ictus. Algunos de ellos se pueden modificar, pero otros no.

  • Los factores susceptibles de modificación son aquellos en los que las personas tenemos poder para controlar, cambiar y/o modificar en nuestro día a día como: presión arterial elevada, enfermedades cardíacas, diabetes, colesterol elevado, obesidad y dieta inadecuada, sedentarismo y consumo excesivo de alcohol y tabaco entre otros. Como vemos, podemos encuadrarlos en lo que implica  “un estilo de vida saludable”.
  • Otro factor de riesgo que no es posible modificar y que sin duda es el más relevante dentro de este grupo es la edad. Hay estudios que indican que dos tercios de los ictus suceden en las personas mayores de 65 años (Biller y Love 2000). Aunque es cierto que cada vez es más frecuente la aparición de ictus en personas jóvenes.

Consecuencias de los accidentes cerebrovasculares (A.C.V.)

Los factores que determinan la gravedad de un A.C.V. y de sus secuelas son:   zona del encéfalo afectada, extensión de la zona isquémica o infartada, rapidez con la que se logra restablecer el riego sanguíneo en las zonas lesionadas y la capacidad de las zonas intactas del cerebro de suplir o compensar las funciones de las zonas lesionadas.

Las secuelas que pueden aparecer son variadas:

  • Déficits motores o falta de movilidad: es las más conocida y afecta a la mitad del cuerpo, cara, brazo o pierna implicando una parálisis (hemiplejia) o pérdida de fuerza/movimiento (hemiparesia), produciendo dificultad para caminar, alteraciones en el equilibrio y coordinación de los movimientos, espasticidad y repercutiendo en las actividades de la vida diaria.
  • Alteraciones de la sensibilidad: pueden existir un aumento en la intensidad de las sensaciones (hiperestesia), hasta un hormigueo, acorchamiento y disminución de la sensibilidad (hipoestesia). Alteraciones en la percepción de la temperatura, del tacto, del dolor, de la posición de las extremidades.
  • Alteraciones de la percepción: pueden aparecer trastornos visuales que afecten a la mitad del campo visual (falta de visión –hemianopsia- o ceguera).
  • Dolor: Producido por una alteración en un área del cerebro, que se traduce por una mezcla de sensaciones desagradables de picor, hormigueo, ardor, más frecuentes en la cara y extremidades, y que empeora con el movimiento y el frío.
  • Alteraciones de la comunicación: aparecen alteraciones tanto de la expresión como de la comprensión del lenguaje; aquí incluiríamos las afasias (motoras, sensitivas, nominales, etc.), disartria e incluso el mutismo.
  • Alteraciones en la deglución: Dificultades para tragar líquidos y /o sólidos.
  • Alteraciones  neuropsicológicas: problemas de memoria, razonamiento, concentración, reconocimiento del propio cuerpo, etc. Existen datos que indican que alrededor del 55% de los pacientes que sufren un ictus presentan alteraciones en al menos un dominio cognitivo tres meses después del suceso (Madureira et al. 2001): Un 27% presentan déficits cognitivos diferentes a la amnesia, un 7% tienen un déficit de memoria aislado, un 9% combinan problemas de memoria y otros déficits cognitivos y un 6% cumplen criterios de demencia.
  • Alteraciones emocionales: es habitual que los pacientes vivan este suceso como una experiencia traumática, apareciendo alteraciones emocionales y de la conducta como pueden ser: ansiedad, depresión, episodios de agresividad cambios bruscos en el estado de ánimo, labilidad emocional. Apareciendo también, en muchas ocasiones una falta de motivación y colaboración en la rehabilitación.

Las alteraciones de las funciones mentales, tanto cognitivas como afectivas, son unas de las manifestaciones de los accidentes cerebrovasculares más comunes y a la vez menos reconocidas. El apoyo psicológico en estos pacientes es fundamental para lograr una completa y buena rehabilitación.

Viendo todo lo expuesto anteriormente es evidente que el ictus marca un antes y un después en la vida del paciente y de su familia,  ya que tienen que hacer frente a ciertas circunstancias como:

  • Secuelas físicas, cognitivas, psicológicas y sociales
  • Adaptación a una nueva situación
  • Limitaciones evidentes cuando regresa a su domicilio.
Mónica Nieto RoldánMónica es licenciada en Psicología por la U. Complutense de Madrid y tiene un Master en Psicología Clínica. Desde el Departamento de Psicología para Mayores dedica su tiempo a la Neuropsicología.

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