Los problemas de infertilidad están siendo cada vez más frecuentes en la sociedad, especialmente en las sociedades más desarrolladas. Se define la infertilidad como la incapacidad para concebir después de un año de mantener relaciones regulares no protegidas.
Cuando una persona o una pareja se enfrentan a esta situación, supone un impacto estresante, una crisis vital, y tener que enfrentarse a un proceso complejo de toma de decisiones.
Es fácil de entender el impacto psicológico en una pareja cuando conocen que tienen un problema de infertilidad. Ante el deseo de tener un hijo, la mayoría de las personas tienen la creencia de que cuando lo intenten lo van a conseguir de manera natural, ya que existe la creencia de que la procreación es un proceso voluntario, que se pude conseguir. Por tanto, cuando la pareja se enfrenta a este problema, aparecen reacciones de sorpresa, desconcierto y cierta frustración por no poder llegar a conseguir el deseo de ser padres.
Pero dicho impacto, no es igual ni en todas las personas, ni en las diferentes fases por las que se va pasando a lo largo de un tratamiento. De hecho, existen muchas personas que presentan un buen nivel de ajuste emocional y disponen de recursos adaptativos adecuados para afrontar el problema y el posible tratamiento, por lo que no tendrían las dificultades psicológicas que presentan otras personas. Nos vamos a centrar en este grupo, más vulnerable al impacto psicológico.
Existen algunas variables que pueden ser moduladoras del impacto psicológico de la infertilidad.
Algunas de estas variables son:



