Isabel Carrasco. Área de Asistencia Psicológica en la Personas Mayores.
1. Introducción
Todos los estudios sobre el suicidio demuestran que las personas mayores tienen la tasa más alta de suicidio y la más baja de intentos. Existiendo una tendencia ascendente en los últimos diez años que hace que muchos autores se planteen el suicidio en la edad avanzada como una nueva epidemia que es necesario controlar y prevenir.
Sin embargo, y a pesar de la gravedad del asunto, el suicidio en el anciano normalmente ha sido considerado como algo “lógico o justificable”, sin tener en cuenta que en muchas ocasiones es tan o más evitable que en las personas más jóvenes.
Pero, no sólo es preocupante la tasa de suicidios consumados entre los mayores sino que además es frecuente encontrar el llamado “suicidio silencioso” o “síndrome de deslizamiento” (Carbonell 1985) en el que la persona rechaza los alimentos y los cuidados médicos, haciendo que se abandone hasta dejarse morir. El suicido silencioso es tan letal como el activo, la intención de morir es la misma, lo que cambia es el medio.
En España, los ancianos realizan sólo 1 de cada 20 intentos leves, frente a 1 de cada 7 intentos graves y 1 de cada 3 ó 4 suicidios consumados (Nieto y cols. 1992). Esto nos permite afirmar que las personas mayores tienen propósitos más firmes de morir y utilizan medios más letales.
Una característica de la conducta suicida en el mayor es que el 86% de los casos que se suicidan no reciben tratamiento psiquiátrico (Catell- Jolley 95). Es decir, que los mayores no comunican sus intenciones de suicidarse, apenas verbalizan sus sentimientos de desesperanza y no buscan ayuda para mejorar su malestar. Evidentemente, esto dificulta muchísimo la posibilidad de prevenirlo.
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Pilar Gerez Taravilla. Área de los Trastornos del Desarrollo y del Lenguaje.
Diagnóstico diferencial:
Autismo, TGD (Trastorno generalizado del Desarrollo) no especificado, TEL(Trastorno específico del Lenguaje)
Del diagnostico y valoración inicial depende en parte el éxito de la intervención. Muchos de los diagnósticos que se realizan presentan incorrección y, de hecho, es preciso concretar y especificar que muchos niños diagnosticados TGD presentan en realidad un Trastorno de lenguaje, la diferencia radica que mientras un niño con TGD presenta tres manifestaciones base, como la alteración en su relación social, la comunicación (compresión y expresión del lenguaje ) y alteración en su actividad simbólica , el niño con TEL presenta un trastorno en el desarrollo del lenguaje que puede afectar a uno o varios componentes del lenguaje y no cursa con déficit cognitivo. Esta afectación al lenguaje, cuando en gran medida ataña a la comprensión, desencadena dificultades en la relación social que podría alejarse radicalmente de la norma sin presentar sintomatología equiparable a un TGD.
En relación al TEA (Trastorno de Espectro Autista), es necesario ahondar en aspectos clave , por un lado acudir a las categorías diagnosticas y por otro al conocimiento de los trastornos que lo componen. En los niños con autismo el trastorno supone la prototípica y severa afectación en las tres áreas anteriormente señaladas. Recordemos que la afectación oscila de mayor a menor y es el TEA lo que demarca esta diversidad.
El diagnostico se realiza a través de la recogida minuciosa de datos en la entrevista inicial a los padres en la que se registra la historia del desarrollo, observación actual del niño y pruebas estandarizadas.
Al profundizar en la historia de desarrollo, en el análisis del lenguaje observamos que este no está retrasado o alterado como en TEL sino que presenta peculiaridades.
La línea divisoria la marca el escaso o nulo intento comunicativo ya en las primeras etapas , la alteración en la prosodia , perseverancias , ecolalias , no únicamente relacionadas con el déficit en la comprensión del lenguaje, sin olvidar el lenguaje gestual .
El juego se presenta desde el inicio de su aparición mas prototípico, centrado en lo repetitivo y selectivo.
En el comportamiento con los demás, el modo en que se produce la interacción en sus variantes e intensidad (adultos o iguales, individual o grupal) esta claramente limitado.
La forma a la que se enfrentan a sus rutina o en la que elaboran y procesan estímulos externos se ve condicionada por el deseo a la invariabilidad y la hipersensibilidad estimular, en ocasiones, extrema.
Estas afectaciones se manifiestan a los largo de los tres primeros años de vida, tanto en la interacción social como la comunicación y la conducta comparten sintomatología lo que dificulta el diagnostico diferencial temprano. Por ello, es necesario ahondar en la afectación nuclear de cada uno de estos trastornos.
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