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Depresión en la Infancia

1.1 Introducción. ¿Existe la Depresión Infantil?

La depresión ha comenzado a ser un problema creciente en las sociedades desarrollados ya que, además de producir infelicidad severa a muchas personas (se estiman que 100 millones en el mundo la padecen) supone una fuente de preocupación y pérdidas desde un punto de vista social y comunitario. Pero lo más  preocupante, es que esta tasa de crecimiento ascendente afecta también al mundo de los niños. Dos de cada cien niños y cinco de cada cien adolescentes padecen depresión (Kashani y Schmid, 1995, Del Barrio 2000 ). Este hecho es tan difícil de entender y aceptar que durante mucho tiempo se ha negado la existencia de la depresión en los niños y sólo se admitía su comienzo en la adolescencia.

Se creía que los niños eran seres carentes de preocupaciones puesto que no tienen responsabilidades. Este razonamiento podría ser cierto pero desgraciadamente no lo es. El niño está lleno de preocupaciones, incluso más que un adulto, puesto que su desarrollo cognitivo no le permite encontrar explicaciones racionales a gran parte de las cosas que le ocurren, además de preocuparse no sólo por los problemas reales, sino también por los imaginarios. Esto puede  generarle un sentimiento de inseguridad y conducir a emociones negativas y por lo tanto a la depresión.

Desde la perspectiva científica, durante mucho tiempo, los expertos negaron la existencia de la depresión infantil por razones teóricas. No obstante, ya en los años cuarenta, aparecen las primeras descripciones de  la Depresión Infantil. Dos psicoanalistas (Spitz y Wolf, 1946) observaron cómo algunos niños pequeños separados de las madres por ingreso en instituciones presentaban un importante cambio en su comportamiento : lloro, desinterés, apatía, descenso del apetito, retraimiento y estancamiento en el desarrollo físico. Se le denominó Síndrome de Hospitalismo.

Por otro lado, Bowlby (1958) encontró un fenómeno similar que presentaban niños que ya habían establecido un vínculo de apego con la madre y  habían sido separados de ella. Posteriormente,  estudios de Wiggins y Winder (1961) y Seligman (1966) encontraron también un factor de depresión en el análisis de los datos procedentes de sociogramas aplicados en aulas.

Pero a pesar de todas estas aportaciones, no es hasta los años setenta , cuando este trastorno es reconocido formalmente y comienzan a realizar estudios sistemáticos del mismo. Es en esta década, cuando desde la psicología; y no sólo la psiquiatría, que hasta ese momento acaparaba el estudio de la depresión infantil; y más concretamente desde perspectiva cognitiva,(Teoría de la indefensión aprendida, Seligman, 1975)  aparecen nuevas formas de entender la depresión en niños.

Así,  comienzan  a surgir numerosas investigaciones que han hecho posible que actualmente tengamos una idea más clara sobre qué es la depresión infantil, su prevalencia y los métodos para su evaluación y tratamiento.
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Psicomotricidad: Los trastornos psicomotores, la disgrafía

¿Que es la Psicomotricidad?

Psicomotricidad: “El término Psicomotricidad integra interacciones cognitivas, emocionales, simbólicas y sensorio motrices en la capacidad del ser y la capacidad de expresarse en un contexto” (Asociación Española de Psicomotricidad y Psicomotricistas).

La Psicomotricidad puede definirse también como una técnica que procura a través del cuerpo y el movimiento favorecer el desarrollo global del niño/a  tanto en los aspectos  motores como cognitivos y afectivos, apoyándose en la modificación y manipulación de los medios que utiliza.

El objetivo de la Psicomotricidad es la utilización de esta técnica en su doble vertiente:

  • La Educativa, como instrumento que posibilite al niño/a unas herramientas para los aprendizajes escolares.
  • La Social, como forma de ayudar al niño/a en el mundo de las relaciones con los demás.

¿Cuando acudir a un Psicomotricista?

  • Cuando existe un retraso en el desarrollo psicomotor
    Desarrollo Psicomotor del niño a partir de los 3 años. Hitos más importantes según la Portage Guide.

    • 2- 3 años salta en el sitio con ambos pies, camina hacia atrás, baja las escaleras con ayuda, arroja una pelota al adulto, desenvuelve un objeto pequeño, dobla un papel por la mitad, desatornilla juguetes, patea una pelota, empuña un lápiz entre el pulgar y el índice apoyándose en el dedo medio.
    • 3-4 años arma rompecabezas de 3 pieza, corta con tijeras, salta desde una altura de 20 cm., patea una pelota grade cuando se le rueda hacia él, camina de puntillas, corre 10 pasos coordinando y alternando el movimiento de los brazos y los pies, pedalea un triciclo se mece en un columpio cuando se le pone en movimiento, sube a un tobogán, sube las escaleras alternando los pies, coge una pelota con las dos manos, corta a lo largo de una línea recta.
    • 4-5 años se mantiene sobre un pie sin ayuda de 4 a 8 segundos, cambia de dirección al correr, camina en una tabla de manteniendo el equilibrio, salta hacia delante 10 veces sin caerse, salta sobre una cuerda suspendida a 5 cm. del suelo salta hacia atrás 6 veces, hace rebotar y coge una pelota grande, corta curvas, atornillas objetos con rosca, baja las escaleras alternando los pies, pedalea en triciclo, salta sobre un pie 5 veces consecutivas, recorta un círculo, dibuja figuras simples que se puede reconocer como una casa, un hombre, un árbol.
    • 5- 6 años camina sobre una tabla y mantiene el equilibrio hacia delante, hacia atrás y de lado, brinca, se mece en un columpio iniciando y manteniendo el movimiento, dobla los dedos y se toca uno por uno con el pulgar, puede copiar letras minúsculas, trepa escaleras de mano o escaleras de un tobogán, golpea un clavo con un martillo, hace rebotar una pelota y la controla, colorea sin salirse de las líneas el 95 % de las veces, recorta figuras en revistas o catálogos sin desviarse más de 6 mm. usa un sacapuntas copia dibujos complejos, arranca figuras simples de un papel, dobla un papel cuadrado 2 veces, diagonalmente, imitando al adulto, coge con una mano una pelota o una bolsa de semillas, puede saltar la cuerda por si solo/a, golpea una pelota con un bate o palo, recoge un objeto del suelo mientras corre, patina hacia delante 3 metros, monta en bicicleta, se resbala en un trineo, camina o juega en una piscina con el agua hasta la cintura, conduce una patineta empujándose con un pie, salta y gira sobre un pie, escribe su nombre con letra de imprenta, salta de una altura de 30 cm. Y cae en la punta de los pies, se mantiene un pie sin apoyo con os ojos cerrados 10 segundos, se cuelga durante 10 segundos de una barra horizontal.

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El Trastorno por Déficit de Atención/Hiperactividad (TDAH) en adultos

Yolanda Soriano García

Psicóloga Especialista en Psicología Clínica

Departamento de Asistencia Psicológica en la Infancia

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es uno de los trastornos  neuropsicológicos más comunes en la infancia y en la adolescencia.

Las primeras descripciones clínicas del trastorno se realizaron en niños a comienzos del siglo pasado. La investigación se centró en la población infantil porque no se entendía la manifestación del trastorno en adultos.  A partir de 1976 ya se han ido publicando trabajos sólidos que ponen en evidencia este diagnóstico en adultos.

Sabemos que tiene su inicio en la infancia temprana, que afecta aun porcentaje alto de la población infantil (entre el 5 y el 20%). Se caracteriza, con diferentes proporciones, en cada caso por la dificultad para mantener la atención, la impulsividad e hiperkinesia (exceso de actividad no propositiva).

Se consideran tres formas clínicas de presentación: con predominio del déficit de atención, con predominio de la hiperactividad y la impulsividad y la tercera como la combinación de ambas, que es la más frecuente.

La investigación más reciente atribuye la falta de control que se tiene a un déficit en la capacidad de inhibir los impulsos y pensamientos que realizan las funciones ejecutivas.

Entre las causas de estas alteraciones  de las funciones ejecutivas  intervienen, en la minoría de los casos, factores adquiridos como las lesiones neurológicas tempranas,  pero es fundamentalmente debida a factores genéticos.  Algún ejemplo de los datos en este sentido es el hecho de que ya, se han encontrado variaciones alélicas de genes que codifican proteínas fundamentales en el sistema dopaminérgico, como el receptor D4 y el transportador de dopamina.

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