En la practica clínica, con frecuencia, he atendido pacientes que, en su primera entrevista, comienzan con una declaración de principios: “tengo que decirte, antes de empezar, que yo no creo en los psicólogos”. La verdad, cuando aún se es un psicólogo inexperto, esta declaración es inquietante y pone al profesional en una situación incómoda.
La razón mas frecuente que da el paciente es, por un lado, que él siempre se gestionó perfectamente solo sus problemas emocionales y dificultades vitales y, por otro, que no piensa que “hablando” pueda resolver sus problemas, ya que sabe lo que le pasa pero que, asombrosamente esta vez, y aunque lo ha intentado durante varios meses, no ha sido capaz de remontar hacia un estado de equilibrio y normalidad.
Es muy interesante este punto de vista de algunos pacientes porque muestra el desconocimiento de aspectos centrales tanto de la génesis y mantenimiento de los problemas psicológicos, como de los métodos y técnicas de los que la psicología clínica dispone para ayudar a las personas a resolver y afrontar sus dificultades emocionales y comportamentales.
Generalmente los pacientes desconocen que, aunque pueden tener buenas habilidades de afrontamiento para enfrentarse a los problemas vitales, puede ocurrir que, en determinados periodos de la vida, se acumulen situaciones negativas, estresantes, concentradas en periodos de tiempo relativamente largos (uno o dos años), que suelen estar relacionadas con el ámbito laboral, de pareja, social o salud que se convierten en factores de estrés y sobrecarga que minan, de forma insidiosa y no percibida por el individuo, la salud psicológica y el equilibrio emocional.
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