Miércoles 4 de Marzo de 2009 — Cinteco, Área de la Adolescencia
José Carrión Otero
Psicólogo clínico especialista del Área de Asistencia Psicológica en la Adolescencia
El consumo de cannabis ha aumentado, de manera considerable entre la población adolescente española.
Según los datos que maneja el Ministerio de Sanidad en su Informe de la Comisión Clínica del Plan Nacional sobre Drogas; el cannabis es la droga ilegal que más se consume en el mundo. Lo mismo sucede en España, donde es también la más extendida y la que se consume a una edad más temprana. Según los últimos estudios, el consumo de esta sustancia ha aumentado considerablemente en los últimos años en nuestro país, con un crecimiento más acentuado entre 1995 y 1999. De hecho, en 2003 aproximadamente 8.350.000 españoles declaraban haber consumido esta droga alguna vez en la vida (el 29% de la población de entre 15 y 64 años) y 3.255.000 la habían consumido en los doce meses anteriores a la encuesta (11,3% de la población encuestada).
Este incremento ha sido especialmente considerable en el caso de los jóvenes de entre 15 y 18 años. Entre 1994 y 2004, la prevalencia del consumo de cannabis en los doces meses anteriores a la encuesta entre este grupo de población se ha duplicado, pasando del 18,2% al 36,6%, y la edad media de inicio del consumo ha disminuido de 15,1 a 14,7 años.
La edad de inicio en el consumo del cannabis es un factor determinante en la evolución de los efectos de esta droga sobre la salud. Los resultados de los distintos estudios permiten afirmar que la adolescencia es un periodo crucial.
Los problemas y trastornos se acentúan cuando el consumo se inicia antes de los 15-16 años, probablemente a causa de que el cannabis produce cambios neurobiológicos durante determinados períodos del desarrollo del cerebro. En los adolescentes, este inicio temprano puede traducirse en un peor rendimiento escolar, aumento del absentismo, abandono prematuro de los estudios y una mayor conflictividad. En España, los datos de la Encuesta Escolar reflejan la relación entre consumo de drogas y fracaso escolar, medido por la repetición de curso. Entre los estudiantes que presentan fracaso escolar, el consumo de drogas, incluido el cannabis, es más elevado que en el otro grupo.
Además, un consumo regular expone al riesgo de la dependencia. Se estima que entre un 7 y un 10% de las personas que han probado el cannabis tienen riesgo de desarrollar un trastorno de dependencia.
El consumo de cannabis puede dar lugar a una serie de trastornos mentales descritos en la Clasificación Internacional de Enfermedades, entre los que destacan los trastornos de ansiedad y del estado de ánimo y, por su especial gravedad, los trastornos psicóticos. Los trastornos de ansiedad junto con los depresivos son las complicaciones psiquiátricas más frecuentes asociadas al consumo de cannabis.
El informe recoge asimismo los últimos estudios científicos que demuestran que el consumo de cannabis puede incrementar entre dos y tres veces el riesgo de aparición de psicosis a lo largo de la vida. Estos estudios evidencian que existe una relación de causa-efecto entre consumo de cannabis y aparición posterior de psicosis. Esta relación depende de la dosis (a mayor consumo, mayor riesgo). También se ha demostrado que el consumo de cannabis al principio de la adolescencia aumenta el riesgo de psicosis posterior, sobre todo en aquellas personas que tienen una predisposición genética y, por tanto, una mayor vulnerabilidad. Se puede afirmar que el cannabis afecta al sistema dopaminérgico, que tiene un papel clave en el desarrollo de los síntomas psicóticos.
En cuanto a las admisiones a tratamiento por abuso o dependencia de sustancias psicoactivas, los últimos datos revelan que un 10,2% se debieron a consumo de cannabis. Estas admisiones se han multiplicado por tres en los últimos ocho años, cifrándose en la actualidad en torno a 5.000. Sin embargo, esta cifra es todavía baja, si se tiene en cuenta el elevado número de consumidores problemáticos que existe en nuestro país. Entre los motivos que los consumidores aducen para solicitar un tratamiento de deshabituación por cannabis destacan la pérdida de motivación, ideas paranoides y problemas respiratorios.
También ha aumentado de forma importante la proporción de urgencias hospitalarias por reacción aguda a sustancias psicoactivas con presencia también de cannabis, que ha pasado en los últimos ocho años de un 7,4% a un 22,8%, según los datos de la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas. En este periodo no se han registrado casos mortales con presencia exclusiva de cannabis, aunque en un 20,2% de los fallecidos se detectó esta droga junto con otras.
En relación con la baja percepción de riesgo, este informe analiza las fuentes de información a las que recurren los jóvenes en materia de drogas y, más concretamente, sobre el cannabis. Según el Eurobarómetro 2004, estas fuentes son los especialistas y profesionales, los amigos e Internet, por este orden.
De todas ellas, Internet es la fuente de información que más ha crecido en importancia para los adolescentes en la Unión Europea en los últimos dos años. Frente a un 28% de los jóvenes europeos que recurría a Internet como fuente de información sobre el cannabis en 2002, en 2004 este porcentaje ascendía a un 34%. En Holanda y Dinamarca, más de un 60% de los jóvenes recurren a las diferentes webs de la red para informarse sobre esta materia, mientras que en España este porcentaje se sitúa en un 22%.
Tras constatar que la información sobre cannabis en la red no procede de webs educativas ni de agencias públicas de salud o de investigación, y que las páginas más populares contienen informaciones alejadas de la evidencia científica, algunos investigadores han analizado la información disponible en Internet sobre las distintas drogas. En el caso concreto del cannabis, estos trabajos ponen de manifiesto que el 62% de las webs analizadas se muestran favorables al consumo de esta sustancia. Ante estos resultados, los expertos de la Comisión Clínica recomiendan tener en cuenta el papel de la red como proveedor de información a la hora de desarrollar nuevas estrategias preventivas.
En resumen este informe destaca los siguientes aspectos:
- Las posibilidades de padecer trastornos neurológicos importantes aumentan cuando el consumo de cannabis se inicia en edades tempranas y están en relación directa con la dosis acumulada
- Entre un 7 y un 10% de quienes han probado el cannabis tienen riesgo de desarrollar un trastorno de dependencia. El fracaso escolar, el abandono prematuro de los estudios, las dificultades de concentración y de socialización y la pérdida de memoria son algunos de los problemas más habituales relacionados con su consumo
- Cada vez son más los jóvenes que se informan sobre drogas a través de Internet, pero la información sobre cannabis en la red no procede de webs educativas o de agencias públicas de salud. El 62% de las webs más populares son favorables al consumo de cannabis
- Diferentes estudios demuestran un mayor riesgo de accidentes en las personas que conducen bajo los efectos del cannabis. Un amplio estudio realizado en Francia sobre 10.748 accidentes de tráfico mortales revela que su consumo triplica el riesgo de colisión
- El 10,2% de todas las solicitudes para recibir un tratamiento de deshabituación son por consumo de cannabis, un porcentaje todavía bajo en comparación con el número de consumidores adictos a cannabis. La pérdida de motivación, ideas paranoides y problemas respiratorios son los principales motivos aducidos para solicitar tratamiento
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Miércoles 19 de Noviembre de 2008 — Cinteco, Área de la Adolescencia, Área de los Adultos
Pilar Comenares Peñalver. Departamento de Asistencia en la Edad Adulta y el Tratamiento de los Trastornos por Abuso de Sustancias.
El consumo de drogas es un tema que preocupa a un gran número de personas, sobre todo a los padres de adolescentes, a los que tienen problemas de dependencia, y a sus familiares y amigos.
Las sustancias psicoactivas que más se consumen entre la población española son el alcohol, el tabaco, el cannabis y la cocaína.
La cocaína es en la actualidad la droga ilegal que genera un mayor volumen de problemas, tanto por la relación de su consumo con diversas patologías o enfermedades orgánicas y psicológicas, como con la mortalidad asociada a las drogas y a la comisión de actos violentos y delictivos.
Todos los indicadores manejados por el OED son consistentes a la hora de mostrar el aumento del consumo. Los consumos de cocaína estarían creciendo de forma notable en España en los últimos años y, de manera particular, entre los grupos de edades más jóvenes.
- La prevalencia anual de consumo entre la población de 15-64 años pasó de 1,8% en 1995 al 3,0% en 2005.
- Entre los estudiantes de Enseñanzas Secundarias de 14-18 años de 1,8% en 1994, al 7,2% en 2004.
- El número de tratados por primera vez en la vida por cocaína pasó de 932 en 1992 a 15.258 en 2005.
- La proporción de urgencias hospitalarias directamente relacionadas con drogas ilegales en que se menciona cocaína pasó de 26,1% en 1996 a 63,4% en 2005.
- La proporción de muertes por reacción aguda a drogas ilegales en que se detecta cocaína y no opioides pasó de 0%-2% en la década de los ochenta a 20,6% en 2005.
La mayoría de los consumidores de cocaína son también consumidores de otras sustancias, fundamentalmente alcohol, tabaco y cannabis, pero también anfetaminas, éxtasis, benzodiazepinas y alucinógenos. Así, según la última Encuesta EDADES, en la población general de 15 a 64 años que había consumido cocaína en los últimos doce meses, un 98,6% había consumido también alcohol, un 85,1% tabaco, un 81,6% cannabis, un 29,6% anfetaminas, un 27,5% éxtasis y un 20,8% alucinógenos. Muchas personas dependientes de la heroína consumen con relativa frecuencia cocaína.
El perfil general de los consumidores de cocaína se corresponde con el de personas jóvenes que cuentan, en general, con unos aceptables niveles de integración social y que desarrollan estilos de vida normalizados. Estas serían sus principales características: varón, con un nivel de instrucción/académico medio y residente en núcleos urbanos. No hay especiales diferencias en los niveles de consumo según el tipo de ocupación y la clase social.
Aunque el consumo de cocaína es una conducta mayoritariamente masculina, su uso se está extendiendo entre las mujeres jóvenes. De hecho, entre los estudiantes de Secundaria el porcentaje de chicas consumidoras es ligeramente superior al de los chicos.
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Jueves 8 de Mayo de 2008 — Cinteco, Área de los Adultos

Luz Sánchez-Mellado para El País Semanal – Fotografía de Daniel Sánchez
Necesitamos hablar. Más que nunca. Psicólogos y psiquiatras están desbordados. Cada vez más gente pide ayuda para soportar el estrés, la incomunicación y el dolor de vivir.
Ángel lo tiene todo. Un matrimonio feliz, dos niños de anuncio, un piso con la hipoteca pagada y un sueldo de funcionario de por vida. Aún es joven, tiene 40 años y dos meses contados, y, aparte de unos triglicéridos rebeldes, está razonablemente sano. Pero el día de su último cumpleaños se sintió morir. El corazón se le salía. Le faltaba el aire. Le dolía el pecho. Sudaba. Tiritaba. Le iba a dar un infarto. Su mujer le llevó a urgencias. Dos horas después, Ángel salía cabizbajo con el alta en la mano. No la firmaba ningún cardiólogo, sino la psiquiatra de guardia. El diagnóstico es concreto: crisis aguda de ansiedad compatible con trastorno ansioso depresivo.
La doctora prescribe ansiolíticos y antidepresivos, y recomienda asistencia psicológica complementaria. Deriva al médico de familia para que siga al paciente y valore la pertinencia de una baja laboral. “Nada más verme llamaron a la psiquiatra, que me dio un tranquilizante y me metió en un cuarto a que me calmara. Fue después cuando me preguntó qué me pasaba. Le dije que me daba miedo morirme, que me sentía incapaz de cuidar de mis hijos, que no podía con mi vida. Estuvo correcta, profesional, rutinaria. Me pareció que veía casos así todos los días”, dice Ángel. En efecto, es uno de tantos.
Los saturados servicios de urgencias de los hospitales llevan tiempo prestando cada día los primeros auxilios a personas con otro tipo de sufrimiento. Un dolor no exactamente o no del todo carnal. Un sinvivir que no da la cara en los análisis, ni en las radiografías, ni en el más sofisticado escáner. Los esquivos, inasibles padecimientos del alma.
La psiquiatra que atendió a Ángel, sus colegas de los centros de salud mental públicos y privados y los psicólogos de los centenares de gabinetes que han proliferado hasta en el barrio más humilde de la ciudad no dan abasto. Están a rebosar. Todo el mundo tiene un pariente, un amigo o un conocido que está de baja por depresión o estrés, alguien cercano que se “ha quebrado” o está “mal de los nervios”. No es un asunto para pregonar, pero tampoco un secreto de Estado.
El goteo de noticias es constante. Un vistazo a algunos titulares de las últimas semanas resulta demoledor. La Encuesta Nacional de Salud certificaba en marzo que el 20% de los españoles tiene propensión a sufrir trastornos relacionados con la salud mental. En plata: uno de cada cinco encuestados confiesa que se siente habitualmente triste, nervioso, atemorizado, en vilo. Fatal. El Ministerio de Sanidad alerta sobre el desaforado consumo de psicofármacos, que se ha multiplicado por tres en la última década. La Organización Mundial de la Salud pronostica que la depresión será en 2020 la segunda causa de discapacidad en el mundo desarrollado.
Pero es que a día de hoy el 15% de los trabajadores –tres millones en España– consume alcohol, hachís y/o cocaína hasta la adicción para soportar el estrés y la ansiedad que les provoca su jornada laboral, según la Organización Internacional del Trabajo. Y hasta el mismísimo Consejo General del Poder Judicial se ha planteado la posibilidad de evaluar la aptitud psicológica de los jueces al constatar que algunos sufren padecimientos psíquicos –ansiedad, depresión o patologías mayores– que pueden interferir en su trabajo. ¿Nos hemos vuelto locos?
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Domingo 30 de Marzo de 2008 — Cinteco
Definición de Drogodependencia: Factores psicológicos
Según la Asociación Americana de Psiquiatría (DMS-IV), “la característica esencial de la dependencia de sustancias consiste en un grupo de síntomas cognoscitivos, conductuales y fisiológicos que indican que el individuo continúa consumiendo la sustancia, a pesar de la aparición de problemas significativos relacionados con ella”, y añade que “existe un patrón de repetida auto administración que a menudo lleva a la tolerancia, a la abstinencia y a una ingestión compulsiva de la sustancia”. En este sentido la dependencia no es absoluta, sino un elemento cuantitativo de distinta magnitud, y en el extremo del espectro de la dependencia se asocia a “consumo compulsivo”.
Clásicamente se han descrito dos tipos de dependencia: la física y la psicológica. En la actualidad se añade un tercer tipo: la social. Cada una de ellas presenta unas manifestaciones sintomáticas propias y viene determinada por unas causas específicas que exponemos más adelante. No obstante, las tres tienen en común la conducta final del dependiente: “obtener y consumir la droga”, y no pueden considerarse elementos separados, sino complementarios e interactuantes en una misma persona.
Una definición más precisa debe determinar el tipo de dependencia: dependencia alcohólica, opiácea, cocaínica, anfetamínica, barbitúrica, benzodiazepínica, etc. Cuando se utilizan por lo menos tres tipos de agentes (exceptuando la nicotina) sin predominio de ninguno se habla de polidependencia (criterio DSM-IV).
A efectos prácticos se pueden considerar sinónimos los términos drogodependencia, adicción y toxicomanía. Los dos últimos se utilizan desde hace más de cien años y en la primera mitad del presente sigo estos vocablos comenzaron a cargarse de connotaciones peyorativas, morales y legales, por lo que en los años cincuenta se introdujo la palabra drogodependencia con el fin de un uso científico más preciso.
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