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Área de Asistencia Psicológica para Adultos Mayores

Algunas enfermedades mentales, como las demencias, son especialmente comunes en los adultos mayores, mientras que otras tienen distintas características clínicas y/o presentan problemas específicos en su manejo. Las dificultades sociales, la multiplicidad de problemas físicos y las deficiencias sensoriales son también comunes. Su detección y manejo apropiados requieren los conocimientos y habilidades de un especialista así como una colaboración multidisciplinar.

En este contexto, debe darse prioridad a aquellas enfermedades mentales que pueden causar una gran carga de sufrimiento, no sólo a los propios enfermos sino también a sus familias.

Una intervención apropiada ante las principales enfermedades mentales que aquejan a los adultos mayores posibilitará, a menudo, tratarlas eficazmente o, al menos, mejorar sensiblemente su calidad de vida y la de sus familias.

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Diferencias entre hombres y mujeres en la percepción de sus problemas de pareja al inicio de la terapia de pareja

A lo largo de nuestra experiencia clínica hemos venido haciendo algunos cambios en el enfoque de tratamiento de los problemas de pareja.

Los primeros enfoques  en el tratamiento de dichos problemas se centraban en el cambio de aquellas interacciones negativas que llevaban a las parejas a sufrir situaciones conflictivas una y otra vez deteriorando cada vez más profundamente las bases de la  relación de pareja. Así se desarrollaron una serie de estrategias de intervención estructuradas con una eficacia muy alta y con una gran validez. Muchas de ellas se siguen utilizando actualmente.  Como ejemplo podemos hablar del entrenamiento en negociación o del entrenamiento en comunicación, entre otras muchas.

A partir de estos planteamientos se hacia necesaria la intervención con los dos miembros de la pareja desde el inicio a la finalización de la terapia. Incluso para algunos autores era inviable el tratamiento de la pareja cuando era uno solo de sus miembros el que acudía a la consulta. Por lo tanto, sólo se llevaba a cabo la terapia de pareja cuando asistían los dos miembros,  nunca cuando era  uno solo de los miembros de la pareja el que acudía a buscar ayuda para resolver los problemas de su relación. .

Dentro de nuestra metodología de trabajo, que se mantiene dentro del enfoque cognitivo conductual, hemos venido ampliando algunas estrategias tanto en la evaluación como en el tratamiento lo  que facilita una mayor agilidad en el tratamiento de los problemas de pareja.

Además hemos ido modificando el formato de las sesiones. Actualmente nuestro modelo de intervención se lleva a cabo en sesiones individuales con cada miembro de la pareja, en sesiones conjuntas y en sesiones mixtas. Son los objetivos que se estén trabajando en cada momento los que justifican el formato de sesión en el que se va a realizar la terapia.

En todos los casos la pareja conoce los objetivos que se van a tratar a lo largo de todo el proceso de la terapia y además se han pactado con el terapeuta los  pasos que se van a seguir. La posibilidad de comunicación con el terapeuta está totalmente abierta, aunque en ese momento en concreto no se esté acudiendo a terapia.

INTRODUCCION A NUESTRO TRABAJO DE INVESTIGACION

En estos últimos años de forma sistemática y objetiva, hemos venido recogiendo datos de las parejas que acuden a nuestro centro para poder investigar en profundidad, entre otros aspectos de su relación, cuales son las características específicas actuales de su relación, de su convivencia, de su problemática diaria, de sus expectativas con respecto a su relación, al otro, incluso a la terapia que se han planteado comenzar.

Uno de los primeros trabajos que hemos finalizado y presentado en el “VI Congreso Iberoamericano de Psicología Clínica y de la Salud” celebrado en Santiago de Chile organizado por La Asociación Psicológica Iberoamericana de Clínica y Salud (APICSA) el pasado mes de octubre gira en torno al estudio de las “Diferencias entre hombres y mujeres en la percepción de sus problemas de pareja al inicio de la terapia de pareja”.

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Conductas agresivas en el medio familiar

El equipo de intervención con adolescentes destaca el aumento de la demanda de valoración y tratamiento de trastornos del comportamiento que cursan con conductas agresivas en el medio familiar. Son los padres quienes acuden para exponer el problema que están viviendo en casa ante la imposibilidad, por su parte, de establecer medio de solución alguno. Se trata de familias estructuradas donde no existen patrones previos de comportamiento agresivo, suelen presentar escenarios donde el padre aparece como “ausente” y la figura de la madre oscila entre la exigencia y la permisividad. El patrón de conducta detectado responde en mayor parte a varones menores de edad que se muestran agresivos verbal y, en gran número de ocasiones, físicamente, ante cualquier tipo de contrariedad o intento por parte de los padres de que se adscriban a normas o límites cotidianos. No toleran la frustración y tienden a atribuir la causa de su malestar a factores externos.

Estos menores objeto de reflexión, presentan, en su mayoría,  conflictos en otros ámbitos: problemas con la autoridad y conductas sociales desviadas, consumo de sustancias drogófilas, fracaso académico, etc. En consulta no muestran percepción alguna de problema, cuando acuden, tienden a buscar en la intermediación algún beneficio personal, al margen de los objetivos terapéuticos.

Es imprescindible definir con detalle el análisis de la situación compleja y encontrar un espacio para la intermediación que nos permita establecer objetivos realistas. Nuestra tarea empieza con la asistencia a los padres y los convivientes para que desarrollen estrategias frente al conflicto familiar, en ocasiones, presentan cuadros de ansiedad y estados depresivos que requieren tratamiento individualizado. Con los menores habría que empezar por trabajar su motivación para el cambio y su escasa percepción del problema. En función de las características del mismo, podemos ofrecer pautas de intervención  que resuelvan, en el mejor de los casos, la mayor parte de los aspectos alterados, empezando por la normalización de la relación y el control preferente de conductas agresivas.

El papel del psicólogo clínico resulta muy relevante para identificar las variables que están a la base del conflicto y proponer cambios que van dirigidos a todos y cada una de las personas que lo configuran. La psicoterapia puede apoyarse, en su caso, en la intervención psicofarmacológica en coordinación con los profesionales médicos del centro.

Quererse mejora nuestra salud

Susana Pradera Salazar

Psicóloga Especialista en Psicología Clínica

Área de Asistencia Psicológica en la Edad Adulta

La salud, no es sólo la no presencia de enfermedad. Para los profesionales dedicados a la salud en “sentido amplio”, la salud hace referencia a una calidad de vida y un bienestar suficiente, no sólo para no padecer una enfermedad, sino para llevar una vida plena y satisfactoria. Desde este punto de vista podríamos hablar de dos vías de trabajo en el campo de la salud: la prevención, que nos llevaría a tener una buena calidad de vida y la intervención, que abordaría el tratamiento de la enfermedad en sí. Nuestro sistema, no sólo sanitario sino también social, hace más hincapié en la intervención pues es lo que presenta aparentemente mayores complicaciones. Es cierto que cada vez se presta más atención a la prevención, aunque aún esa misma prevención está muy orientada a los aspectos más relacionados con la intervención. Es decir, en la prevención se aborda aquello que nos puede llevar a no padecer enfermedad, pero no se cuida tanto aquello que nos puede garantizar una vida saludable y un bienestar suficiente. En ese sentido uno de los aspectos fundamentales, muy nombrado hoy en día, pero poco considerado en los ámbitos estrictamente sanitarios, es la Autoestima.

Si buscamos en el diccionario la definición de autoestima aparece como “aprecio, afecto o consideración que se tienen hacia uno mismo.”

Este término tan manido en nuestros días, refiere por tanto, aspectos que son difíciles de concretar. Hace alusión a la consideración que de nosotros mismos tenemos y esta consideración viene determinada por elementos de todo tipo, la familia, la educación, el entorno, las ideas que se nos han transmitido, las experiencias vividas… Pero dejar en manos de las circunstancias personales de cada individuo, la formación de una buena autoestima puede ser arriesgado. Y de hecho, eso es algo que vemos de forma patente en nuestros despachos profesionales. La mayoría de las personas que acuden al psicólogo tienen alguna dificultad respecto a cómo se valoran a sí mismos. Y es que los aprendizajes más importantes de nuestra vida, no se adquieren fácilmente. No se insiste suficientemente, hoy en día en la educación, en los aspectos que tienen que ver con el desarrollo de la persona. Como he referido anteriormente, esto tendría relación con una prevención en un sentido más amplio, no sólo en cuanto a la ausencia de enfermedad, sino a una buena calidad de vida.  ¿Dónde hemos aprendido a querernos a nosotros mismos? Lo primero que nos viene a la cabeza es en la familia, pero, ¿eso es exactamente así? En muchos casos nuestros progenitores no son conscientes de la importancia de esta realidad y además, ya comento con anterioridad, que la formación de la autoestima no se debe únicamente a la familia, a los mensajes recibidos en ella y a los modelos transmitidos. La presión social, también es un factor determinante y de hecho, se confunde en muchas ocasiones ese “aprecio o afecto” por uno mismo con egoísmo, pues nuestra cultura nos ha impregnado de valores como el servicio, la entrega, la humildad, que se han considerado como incompatibles con el quererse a uno mismo. Aunque en realidad, esto no es exactamente así. De hecho, cuanto más conscientes seamos de nuestro valor como personas, más podremos aportar a los demás. Pero sin querer hacer excesivo hincapié en el desarrollo de nuestra autoestima, sí que resulta importante destacar que, al ser conscientes de cuántos elementos han intervenido en la formación de la misma, nos podemos dar cuenta de todo lo que se necesita trabajar para poner a punto ese elemento tan importante en nuestra vida emocional. Según la complejidad de las manifestaciones o síntomas, esa puesta a punto puede llegar a ser toda una intervención. Es como operar la columna vertebral de nuestra vida emocional. Es una tarea delicada y que necesita de un buen profesional.
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Para padres con hijos adolescentes

Belén Acevedo Canto

Departamento de Asistencia en la Adolescencia

En el tiempo que llevo como terapeuta de adolescentes he visto en muchas ocasiones una desconexión entre los padres y los hijos de esta edad, es como si estuvieran en emisoras diferentes, con lo cual se dificulta mucho la comunicación y la comprensión entre ambos; por eso este artículo está dedicado a los padres con hijos adolescentes, para hablarles de diferentes aspectos que les van ayudar a ponerse en la misma emisora que sus hijos, a empatizar con ellos y a mejorar su relación.

Como introducción decir que en la Adolescencia, además de los cambios a nivel físico, se van a dar otro tipo de cambios: a NIVEL SOCIAL: va a producirse un “distanciamiento de los padres”, siendo éste, tanto físico como psicológico; como contrapartida hay un “acercamiento a su grupo de iguales”. En el aspecto social, esta es la edad en la que el individuo vive unido al grupo en mayor grado que en ningún otro momento de su vida.

La identificación con el grupo, es una pieza clave de otro de los cambios a NIVEL PERSONALIDAD que se da en este período: “la búsqueda de la identidad”, la relación con el grupo les lleva a descubrirse a sí mismos como separados e independientes de los padres, surgiendo de esta manera un tercer concepto de desarrollo social: “la autonomía”.

Y una vez hecha esta introducción os propongo:

  • Que no personalicéis, y que tratéis de “no entrar al trapo”, cuando se opongan o cuestionen cosas que les decís: una clave propia de la ubicación que tienen en el mundo es “negarse a las cosas que hasta entonces hacían sin ningún problema, y cuestionar lo que dice el adulto, esto no es “mal carácter”, tiene que ver con esa búsqueda de identidad de la que hemos hablado.
  • Huid de los extremos: no seáis ni demasiado controladores, ni demasiado permisivos. El control fomenta la dependencia, y esa dependencia no está mal cuando es hacia los padres, pero estáis fomentando esa manera de funcionar en vuestros hijos no solo con vosotros si no con cualquiera (amigos, pareja, compañeros de trabajo, etc…), de tal modo que os alejáis de vuestro objetivo como padres: potenciar la autonomía y la independencia de vuestros hijos.

El no poner límites tiene también consecuencias, el que aprendan que todo vale, y que pueden hacer lo que quieran, cuando quieran y como quieran, a largo plazo desemboca en una baja tolerancia a la frustración y a que cuando algo no les sale como ellos quieren no son capaces de afrontarlo.

  • No amenacéis con castigos que  no vais a ser capaces de cumplir. Y tener en cuenta que en estas edades el castigo no suele funcionar, es mejor tratar de negociar y llegar juntos a acuerdos.
  • No reforcéis solamente los logros académicos; el sacar buenas notas está bien, pero no sólo esto es importante. Esforzaos en ver cosas que os gustan en vuestros hijos y hacédselo saber. Otra de las cosas que les está ocurriendo en esta etapa es que no están muy boyantes de autoestima, así que es bueno que vosotros la incentivéis.
  • Aunque vuestra intención como padres sea buena, hay que controlar el impulso de ir por delante de la carretera alisando los baches para que  no tengan ningún percance; es bueno que tengan problemas,  que se equivoquen y que aprendan a afrontarlo. Si en la infancia el aprendizaje se realiza por “modelos” que se imitan, ahora es por “ensayo-error” y si no se equivocan no aprenden.
  • Respetar la intimidad de su habitación. Ya sé que a veces son muy herméticos, no cuentan nada y lo que buscáis es información que os tranquilice sobre que vuestros hijos no andan metidos en nada raro. Pero no hay que buscar, hay que encontrar y llegado el caso actuar en consecuencia.

Para fomentar el que sean ellos los que os den información, tenéis que practicar la “escucha activa”, que consiste en no interrogarlos, y escuchar lo que os cuenten sin criticar y juzgar; si lo hacéis  ellos por sí solos cada vez os contarán más cosas y no os mentirán. La información que obtengáis de todo lo referente a ellos es valiosísima para intervenir tempranamente en caso de problemas.

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El Adolescente y su Grupo

José Carrión OteroAsistencia Psicológica en La Adolescencia.

Es en la adolescencia cuando el individuo experimenta un desarrollo evolutivo integral que pretenderá configurar la búsqueda de la propia identidad adaptada, en el mejor de los casos, a su entorno social y familiar. Dicho desarrollo abarca aspectos tanto físicos como cognitivos, emocionales y comportamentales.

Durante los primeros años de vida es sin duda la familia el espacio evolutivo donde el niño encuentra las claves necesarias que le permiten iniciar su largo proceso de socialización. Poco a poco se irán incorporando elementos ajenos al núcleo familiar, profesores y compañeros que completarán el grupo de referencia. Será en la preadolescencia (periodo que abarca de los 11 a los 13 años aproximadamente) cuando aparecerán los primeros esquemas de identificación y diferenciación, los primeros intentos de independencia de los criterios familiares a partir de la formación de juicios críticos distanciados de los modelos adultos y la capacidad de decidir por uno mismo. A partir de ahora, será el grupo de referencia o grupo de iguales el espacio social por excelencia que prevalecerá sobre los modelos familiares aunque éstos no desaparezcan completamente. El adolescente orientará los cambios y avances al ritmo de su grupo pero con la mirada puesta en sus padres en los que busca opinión aunque sólo sea para posicionarse en contra.

Son muchos los retos a los que el joven deberá enfrentarse para componer su estructura personal y social: definir las respuestas a los grandes interrogantes sobre uno mismo, potenciar y consolidar la propia imagen, esbozar una trayectoria profesional o de capacitación que le permita a medio plazo autogestionar su vida, conseguir la pertenencia a un grupo de iguales donde pueda crecer en continua interacción.

Delimitar el conjunto formado por “los amigos” no es siempre tarea fácil de conseguir a pesar de las claras ventajas que supone. La necesidad de pertenencia y aprobación social explicará muchos de los comportamientos que el adolescente deberá poner en marcha para ser “uno más” del grupo y poder optar así a dichas ventajas. El miedo al rechazo por parte del grupo puede condicionar comportamientos sociales anómalos que tienden al aislamiento y la evitación de cualquier opinión externa.

Con frecuencia el adulto censura y descalifica a los más jóvenes en términos de “inmadurez o falta de personalidad” porque actúan magnetizados por su grupo, sin comprender los esfuerzos que el adolescente realiza para pertenecer al mismo y poder así diferenciarse de lo que hasta ahora ha venido siendo.

… “Decido el color de mi pelo o si llevaré un tatuaje, dónde me haré un piercing, elijo la música que me acompaña en cada momento, defino la imagen con la que presentarme al mundo para que se me considere único y defiendo mi derecho a la diferencia. Decido a quiénes dedicaré mi amistad y serán ellos los que más referencias me aporten para conseguir todo esto”…

Cuando como padres descubrimos que se debilita nuestro alcance en una edad tan socialmente admitida como “inestable”, nos invaden los miedos anticipando y magnificando, a veces, los riesgos que correrán nuestros hijos. Es necesario permitir que despeguen del medio familiar para que aprendan las habilidades que les serán imprescindibles como futuros adultos. Si descalificamos por sistema todo aquello distinto de lo que propia familia aporta, estaremos restringiendo su avance como personas: funciona mejor opinar que censurar, ofrecer nuestro apoyo antes que prohibir. Si censuramos o bloqueamos todo acceso de nuestros hijos a su grupo es posible que se conviertan en extraños afectivos que nos niegan cualquier tipo de información. Siempre podemos acudir a un profesional especialista que nos oriente cuando creamos que la situación se nos escapa de las manos.

El grupo funciona como un clan más o menos organizado donde cada cual descubre que papel ha de desempeñar. Es en definitiva el mejor escenario para ensayar y adquirir las estrategias necesarias de competencia social con las que vamos a navegar por la vida; habilidades sociales básicas para sintonizar con los demás, habilidades de escucha y empatía, técnicas de comunicación y negociación, resolución de conflictos, expresión de afectos, defensa de los derechos individuales frente a la opinión contraria del propio grupo o de cualquiera de sus miembros y un largo etcétera.

Es en el grupo donde se terminan de esbozar los sistemas de creencias y valores que servirán de filtro para entender y procesar los diferentes acontecimientos que determinan el paso a la edad adulta. Del mismo modo se ensayarán y consolidarán los nuevos roles que aparecen como resultado de todo éste proceso.

… “Defino mi postura ante aspectos tan relevantes como mis convicciones religiosas, mis planteamientos ideológicos, mi decisión frente al tabaco, el alcohol y otras sustancias, perfilo las actividades que formarán parte de mi tiempo de ocio, mi decisión de estudiar o de abrirme paso en el desconocido mundo laboral, mi conducta sexual”…

El comportamiento heterosocial cobra en el grupo de adolescentes especial relevancia, es ahora cuando se produce la posibilidad de describir y elegir al compañero o compañera con quien aprender las claves que determinan una conducta sexual eficaz y satisfactoria. Recordemos que es en la adolescencia cuando el cuerpo se prepara para dar respuesta a su función reproductora. Será el grupo quien recoja y ponga en marcha toda la información necesaria, no siempre libre de mitos y falacias, además de establecer un sistema de aceptación y rechazo hacia los diferentes comportamientos sexuales. Se establecen los primeros pasos en la conducta de búsqueda, consecución y ajuste con la pareja deseada, las primeras experiencias afectivas y, en ocasiones, algún que otro desencuentro.

Podríamos concluir, en definitiva, que la organización grupal a estas edades, respondiendo al más puro instinto gregario, se traduce en el diseño de un espacio de aprendizaje imprescindible para el completo y adecuado desarrollo del individuo que tendrá la oportunidad de prepararse y capacitarse para recorrer su futuro inmediato como joven adulto. Será entonces cuando, con un cierto grado de independencia, decidirá por si mismo, menos influenciable por criterios externos y preparando para convivir en sociedad.


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