El trastorno obsesivo-compulsivo en la infancia: Tratar o no tratar, ésa es la cuestión.
Por la Dra. Orlanda Varela, Psiquiatra del Departamento Infantil de CINTECO
Es difícil escribir sobre temas de niños. La precaución de no alarmar inútilmente a los padres y la de evitar a toda costa que niños con problemas leves entren en el entorno clínico, sean etiquetados y adquieran el rol de enfermos me acompaña a cada línea.
Sin embargo, me motiva una realidad: hay niños que viven su día a día con el sufrimiento y las dificultades causados por un trastorno poco conocido y que como media tarda al menos dos años en ser detectado y tratado. Es el Trastorno Obsesivo- Compulsivo (conocido por las siglas TOC).
Uno de los motivos principales por el que este problema no se detecta a tiempo es que TODOS HEMOS TENIDO ALGÚN SÍNTOMA OBSESIVO DURANTE LA INFANCIA: caminar sin pisar las líneas entre las baldosas, realizar un ritual más o menos complejo para poder dormirnos, pequeñas supersticiones para los exámenes o los partidos de deportes, coleccionar cosas más o menos inútiles, necesitar el pupitre ordenado de una forma determinada antes de empezar a estudiar, ser muy escrupuloso…
Sí, la necesidad de controlar el entorno y a nosotros mismos en nuestra interacción con él es una parte importante del desarrollo madurativo normal de nuestra infancia y adolescencia.
¿Cómo distinguir la obsesividad normal del trastorno (TOC)?
Pues, como casi siempre, es una cuestión de grado.
Se tiene en cuenta tanto el malestar que causa al niño como lo que llega a interferir en su vida cotidiana. En la mayoría de los casos tareas como el aseo personal, los deberes, vestirse, conciliar el sueño, se ven francamente alteradas. En el pasado se consideraba que si el niño invertía más de una hora al día en rituales, compulsiones, comprobaciones o manías de cualquier tipo, había una alta posibilidad de que sufriese un TOC.
¿Cuáles son los síntomas del Trastorno Obsesivo-Compulsivo?
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