Martes 9 de Marzo de 2010 — Cinteco, Área de la Adolescencia, Área de la Infancia
1.1 Introducción. ¿Existe la Depresión Infantil?
La depresión ha comenzado a ser un problema creciente en las sociedades desarrollados ya que, además de producir infelicidad severa a muchas personas (se estiman que 100 millones en el mundo la padecen) supone una fuente de preocupación y pérdidas desde un punto de vista social y comunitario. Pero lo más preocupante, es que esta tasa de crecimiento ascendente afecta también al mundo de los niños. Dos de cada cien niños y cinco de cada cien adolescentes padecen depresión (Kashani y Schmid, 1995, Del Barrio 2000 ). Este hecho es tan difícil de entender y aceptar que durante mucho tiempo se ha negado la existencia de la depresión en los niños y sólo se admitía su comienzo en la adolescencia.
Se creía que los niños eran seres carentes de preocupaciones puesto que no tienen responsabilidades. Este razonamiento podría ser cierto pero desgraciadamente no lo es. El niño está lleno de preocupaciones, incluso más que un adulto, puesto que su desarrollo cognitivo no le permite encontrar explicaciones racionales a gran parte de las cosas que le ocurren, además de preocuparse no sólo por los problemas reales, sino también por los imaginarios. Esto puede generarle un sentimiento de inseguridad y conducir a emociones negativas y por lo tanto a la depresión.
Desde la perspectiva científica, durante mucho tiempo, los expertos negaron la existencia de la depresión infantil por razones teóricas. No obstante, ya en los años cuarenta, aparecen las primeras descripciones de la Depresión Infantil. Dos psicoanalistas (Spitz y Wolf, 1946) observaron cómo algunos niños pequeños separados de las madres por ingreso en instituciones presentaban un importante cambio en su comportamiento : lloro, desinterés, apatía, descenso del apetito, retraimiento y estancamiento en el desarrollo físico. Se le denominó Síndrome de Hospitalismo.
Por otro lado, Bowlby (1958) encontró un fenómeno similar que presentaban niños que ya habían establecido un vínculo de apego con la madre y habían sido separados de ella. Posteriormente, estudios de Wiggins y Winder (1961) y Seligman (1966) encontraron también un factor de depresión en el análisis de los datos procedentes de sociogramas aplicados en aulas.
Pero a pesar de todas estas aportaciones, no es hasta los años setenta , cuando este trastorno es reconocido formalmente y comienzan a realizar estudios sistemáticos del mismo. Es en esta década, cuando desde la psicología; y no sólo la psiquiatría, que hasta ese momento acaparaba el estudio de la depresión infantil; y más concretamente desde perspectiva cognitiva,(Teoría de la indefensión aprendida, Seligman, 1975) aparecen nuevas formas de entender la depresión en niños.
Así, comienzan a surgir numerosas investigaciones que han hecho posible que actualmente tengamos una idea más clara sobre qué es la depresión infantil, su prevalencia y los métodos para su evaluación y tratamiento.
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Lunes 22 de Junio de 2009 — Cinteco, Área de la Infancia
¿Que es la Psicomotricidad?
Psicomotricidad: “El término Psicomotricidad integra interacciones cognitivas, emocionales, simbólicas y sensorio motrices en la capacidad del ser y la capacidad de expresarse en un contexto” (Asociación Española de Psicomotricidad y Psicomotricistas).
La Psicomotricidad puede definirse también como una técnica que procura a través del cuerpo y el movimiento favorecer el desarrollo global del niño/a tanto en los aspectos motores como cognitivos y afectivos, apoyándose en la modificación y manipulación de los medios que utiliza.
El objetivo de la Psicomotricidad es la utilización de esta técnica en su doble vertiente:
- La Educativa, como instrumento que posibilite al niño/a unas herramientas para los aprendizajes escolares.
- La Social, como forma de ayudar al niño/a en el mundo de las relaciones con los demás.
¿Cuando acudir a un Psicomotricista?
- Cuando existe un retraso en el desarrollo psicomotor
Desarrollo Psicomotor del niño a partir de los 3 años. Hitos más importantes según la Portage Guide.
- 2- 3 años salta en el sitio con ambos pies, camina hacia atrás, baja las escaleras con ayuda, arroja una pelota al adulto, desenvuelve un objeto pequeño, dobla un papel por la mitad, desatornilla juguetes, patea una pelota, empuña un lápiz entre el pulgar y el índice apoyándose en el dedo medio.
- 3-4 años arma rompecabezas de 3 pieza, corta con tijeras, salta desde una altura de 20 cm., patea una pelota grade cuando se le rueda hacia él, camina de puntillas, corre 10 pasos coordinando y alternando el movimiento de los brazos y los pies, pedalea un triciclo se mece en un columpio cuando se le pone en movimiento, sube a un tobogán, sube las escaleras alternando los pies, coge una pelota con las dos manos, corta a lo largo de una línea recta.
- 4-5 años se mantiene sobre un pie sin ayuda de 4 a 8 segundos, cambia de dirección al correr, camina en una tabla de manteniendo el equilibrio, salta hacia delante 10 veces sin caerse, salta sobre una cuerda suspendida a 5 cm. del suelo salta hacia atrás 6 veces, hace rebotar y coge una pelota grande, corta curvas, atornillas objetos con rosca, baja las escaleras alternando los pies, pedalea en triciclo, salta sobre un pie 5 veces consecutivas, recorta un círculo, dibuja figuras simples que se puede reconocer como una casa, un hombre, un árbol.
- 5- 6 años camina sobre una tabla y mantiene el equilibrio hacia delante, hacia atrás y de lado, brinca, se mece en un columpio iniciando y manteniendo el movimiento, dobla los dedos y se toca uno por uno con el pulgar, puede copiar letras minúsculas, trepa escaleras de mano o escaleras de un tobogán, golpea un clavo con un martillo, hace rebotar una pelota y la controla, colorea sin salirse de las líneas el 95 % de las veces, recorta figuras en revistas o catálogos sin desviarse más de 6 mm. usa un sacapuntas copia dibujos complejos, arranca figuras simples de un papel, dobla un papel cuadrado 2 veces, diagonalmente, imitando al adulto, coge con una mano una pelota o una bolsa de semillas, puede saltar la cuerda por si solo/a, golpea una pelota con un bate o palo, recoge un objeto del suelo mientras corre, patina hacia delante 3 metros, monta en bicicleta, se resbala en un trineo, camina o juega en una piscina con el agua hasta la cintura, conduce una patineta empujándose con un pie, salta y gira sobre un pie, escribe su nombre con letra de imprenta, salta de una altura de 30 cm. Y cae en la punta de los pies, se mantiene un pie sin apoyo con os ojos cerrados 10 segundos, se cuelga durante 10 segundos de una barra horizontal.
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Miércoles 27 de Mayo de 2009 — Cinteco, Área de la Infancia
1. DEFINICIÓN Y CLASIFICACIÓN DE LA ENURESIS
Enuresis es una palabra derivada del griego que significa “orinar”, “hacer aguas”. Su definición no está exenta de problemas debido a que se trata de una cuestión evolutiva, es decir se modifica con la edad
Según el DSM IV podemos hablar de enuresis si el niño cumple los siguientes criterios diagnósticos:
A. Emisión repetida de orina en la cama o en las ropas (involuntaria o intencional)
B. La conducta es clínicamente significativa manifestada por su frecuencia de dos veces a la semana durante por lo menos tres meses consecutivos o por la presencia de un malestar clínicamente significativo o deterioro en el área social, académica (ocupacional) y otras áreas significativas de funcionamiento.
C. Una edad cronológica de por lo menos 5 años (o nivel de desarrollo equivalente)
D. La conducta no se debe exclusivamente al efecto fisiológico directo de una sustancia (por ejemplo, un diurético) o una condición general (por ejemplo, diabetes, espina bífida, o trastorno de talla).
Por lo tanto, cuando hablamos de enuresis, nos referimos a la enuresis funcional y no a la orgánica.
La enuresis ha sido clasificada, según su duración, en enuresis primaria y secundaria. La enuresis primaria es aquella en la que el niño no ha conseguido nunca el control voluntario de la micción, mientras que la secundaria el niño ha adquirido el control durante un tiempo, al menos durante 6 meses, y después vuelve a orinarse.
En función de la frecuencia podemos hablar de enuresis regular y enuresis esporádica. En la primera el hecho de mojar la cama es un suceso habitual y cotidiano, y en la segunda ocurre de forma intermitente. También podemos hablar de enuresis diurna, cuando la incontinencia tiene lugar durante el día y el niño está despierto y nocturna cuando la micción se realizado por la noche cuando el niño está dormido.
La persistencia de la enuresis diurna más allá de los cinco años se considera grave, apareciendo más frecuente en niños deficientes y generalmente está asociada a trastornos orgánicos.
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Martes 17 de Marzo de 2009 — Cinteco, Formación, Área de la Infancia, Área de los Mayores
Pilar Gerez Taravilla del departamento de Asistencia en los Trastornos del Lenguaje y del Desarrollo, nos propone las siguientes pautas como material recomendado. Artículo original en la sección de pacientes.
Actualmente un elevado número de niños son diagnosticados de retraso y trastorno del lenguaje, se habla constantemente de la conveniencia de acudir al especialista ya que la detección y el tratamiento precoz son esenciales.
Del trabajo que realiza el especialista depende en gran medida la evolución del niño, sin embargo, el trabajo con los padres es una prioridad, informarles sobre como se estimula el lenguaje y sobre los objetivos de tratamiento de su hijo es parte fundamental del tratamiento.
Las siguientes pautas son generales, muy útiles para establecer un intercambio comunicativo positivo. Esta es la base para posteriormente trabajar en casa, guiados por el especialista, objetivos de tratamientos más complejos.
¿Cómo hablar al niño?
- Adaptar nuestro lenguaje al niño:
Hablar despacio sin modificar nuestra entonación, marcando los sonidos, sobre todo los sonidos que aún no se producen o pronuncian mal.
Marcar todas las palabras dentro de la frase, sobre todo las palabras de función ya que la atención al lenguaje no es muy madura. ” la niña monta EN EL coche”
Tener en cuenta los objetivos que actualmente trabajamos y recalcar este tipo de producción al dirigirnos al niño. Esta será su línea base y ajustaremos los enunciados a los objetivos. Es importante ofrecer estructuras gramaticales ordenadas y bajas en complejidad puesto que inicialmente es más sencillo que aprendan estos modelos.
Hablar acerca de sus intereses y sobre lo que compartimos en el momento presente.
- Favorecer los intercambios comunicativos:
Establecer periodos de interacción solos o a través de una actividad rutinaria o un juego.
Escuchar lo que nos quiera decir, mostrándonos pacientes y receptivos (evitar mostrar preocupación). Hay que darles tiempo para que expresen con tranquilidad y establecer contacto ocular poniéndonos a su altura.
Es importante no responder por él y dejar que se exprese con libertad.
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Martes 14 de Octubre de 2008 — Cinteco, Área de la Adolescencia, Área de la Infancia
Isabel Carrasco Cabeza, Psicóloga Especialista en Psicología Clínica.
La violencia en la escuela ha existido siempre, pero ahora la sociedad está más sensibilizada sobre sus efectos. Tanto los profesores como los padres consideran que los problemas de convivencia en el ámbito escolar entre los niños han aumentado en los últimos años. Uno de cada cuatro alumnos españoles sufre acoso o violencia en las aulas. Éste es uno de los datos más significativos que se extraen del estudio “Violencia y Acoso Escolar en España” realizado entre 25000 alumnos de 14 comunidades ( A. Oñate, I. Piñuel 2006)
El acoso escolar o Bullying (El término bullying fue introducido por un psiquiatra noruego hace 20 años, para definir las actitudes de hostigamiento, acoso o discriminación que se dan en niños en edad escolar) se manifiesta cuando el alumnado se ve expuesto, de forma repetida y durante un tiempo, a diferentes formas de maltrato por parte de un compañero, compañera o grupo. Los comportamientos de acoso más frecuentes que denuncian los niños son la utilización de motes, que no les dirigen la palabra, que se ríen de ellos cuando se equivocan, les acusan de decir cosas que no han hecho o dicho, se burlan de su apariencia física, les imitan, les pegan, etc.
El agresor acosa a la víctima en los baños, en los pasillos, en el patio, reservando sus acciones en ausencia de los mayores. E incluso en algunos casos, el acoso sobrepasa las paredes del colegio, pasando a ser telefónico y por correo electrónico.
El bullying puede ser sexual, cuando existe asedio, inducción y abuso sexual, puede tratarse de una exclusión social, cuando se ignora, se aísla y se excluye al otro, puede ser psicológico, cuando existe una persecución, intimidación, tiranía, chantaje, amenazas al otro, o puede ser físico, cuando se golpea, empuja o se organiza una paliza al acosado.
El acoso escolar no siempre se puede detectar, pero existe un grave riesgo tanto para la víctima como para el acosador si no se identifica a tiempo. Tanto el agresor como el acosado sufren y necesitan ser escuchados, atendidos y tratados.
- ¿CÓMO SON LAS VICTIMAS DEL ACOSO ESCOLAR?
Son niños con una personalidad insegura, baja autoestima, dificultades de relación y en habilidades sociales (casi no tienen amigos y generalmente están solos) sumisos, con altos niveles de ansiedad y descontentos con su vida personal. Además físicamente suelen ser menos fuertes, más pequeños de estatura y con peculiaridades como llevar gafas, sufrir obesidad, tener un color del pelo diferente o ser de otra raza. Aunque cada vez es más frecuente que no exista un rasgo físico considerado “negativo”, ya que incluso cualidades positivas como tener mejores notas o ser afortunado físicamente son motivos de rechazo y de acoso. Son niños con muchas dificultades para hacer amigos. Por ello, cuando los tienen se apegan excesivamente a ellos, creando unos lazos de gran dependencia. Se suelen sentir obligados a obedecer e incluso cuando no están de acuerdo con lo que los amigos les proponen. Son niños poco populares en la clase y no mantienen un grupo que les proteja, no cuentan con una red social de apoyo. Esto crea vulnerabilidad social y predispone a la sumisión y a la victimización.
- CONSECUENCIAS DEL ACOSO ESCOLAR Son muchas e importantes, el niño que sufre acoso escolar presenta problemas psicosomáticos (dolores de estómago, de cabeza, vómitos, náuseas..), depresión, ansiedad, actitudes pasivas, pérdida de interés hacia los estudios que pueden desencadenar en fracaso académico, problemas fóbicos relacionados con el ámbito escolar o pensamientos suicidas. Es frecuente que se muestre triste, constantemente contrariado y con dificultades para conciliar el sueño.
- ¿QUIÉN ES EL ACOSADOR?
Normalmente el agresor tiene un comportamiento provocador y de intimidación permanente. Es agresivo y con fuerte impulsividad y poco control de la ira. Presenta dificultades para ponerse en el lugar del otro, bajo nivel de resistencia a la frustración, poco reflexivo, gran capacidad exculpatoria, es decir, sin sentimiento de culpa: “el otro se lo merece”. Además es evidente su déficit en habilidades sociales y en la resolución de problemas. Suelen tener dificultades de integración social y escolar, bajo interés por la escuela, carencia de fuertes lazos familiares, emotividad mal encauzada en la familia y modelo agresivos como forma de resolver los problemas.
- CONSECUENCIAS PARA EL AGRESOR
Su conducta le va a dificultar la convivencia con los demás. Aprende que la forma de obtener sus objetivos es a través de la violencia y es frecuente que generalice su conducta a otros ámbitos como la familia o los amigos. Su evolución en el futuro puede derivar, si no se trata, hacia la delincuencia o la agresión familiar.
- ¿QUÉ PUEDEN HACER LOS PADRES DE UN NIÑO VICTIMA DE BULLYING?
Si los padres sospechan que su hijo es víctima de bullying, no le diga que se ocupe de solucionar sus propios problemas, hable con él y no le haga sentir culpable de la situación. Comprométase a ayudarle. Puede poner en práctica las siguientes actuaciones:
- Investigue en detalle lo que está ocurriendo, escuche a su hijo y no le interrumpa. Deje que desahogue su dolor.
- Póngase en contacto con el profesor o jefe de estudios y comente lo ocurrido buscando su cooperación
- No estimule a su hijo a que sea agresivo o tome venganza
- Discuta alternativas asertivas para responder a los acosadores y practique la respuesta con su hijo
- Dependiendo del grado de ansiedad y de miedo en que este envuelto su hijo, busque un psicólogo para ayudarle a superar el problema.
- CONSEJOS SI SU HIJO ES EL ACOSADOR
- Investigue el porqué acosa
- Hable con profesores, pídeles ayuda, escucha todas las críticas sobre tu hijo
- Acérquese más a los amigos de su hijo y observe que actividades realizan
- Hable con él y escuche lo que te tiene que decir
- No culpe a los demás por la mala conducta de su hijo
- Canalice la conducta agresiva de su hijo hacia algún deporte de competición, por ejemplo
- Déjele claro lo que ocurrirá si el acoso continúa
- Ayúdale a que manifieste insatisfacción y frustraciones sin agresividad
- En caso de no poder solucionarlo en el ámbito familiar acuda a un profesional que les oriente y entrene para terminar con el problema
- ¿QUÉ SE PUEDE HACER EN EL ÁMBITO ESCOLAR Y FAMILIAR?
Es necesario cambiar actitudes sobre el fenómeno. Por ello, es fundamental la participación conjunta de padres y profesores. No hay que asignar culpabilidades sino trabajar y comprometerse a buscar una solución conjunta.El papel del profesorado es crucial en la prevención y en la intervención directa del bullying. Aspectos como la detección precoz, la derivación de casos, la participación en programas socio-educativos, el entrenamiento de grupos de alumnos como mediadores, tutorías concretas en las que se trabaje reglas de convivencias y disciplina (“tutor de convivencia”), programas anti-bullying en los que se incluya víctima, agresor/a y espectadores/as, etc. son algunas de las actuaciones que los profesionales de la enseñanza pueden llevar a la práctica para atajar este grave problema escolar.
Por otro lado, las familias deben asumir su papel de educar. Se debe atender a las necesidades de afecto y comunicación que estos niños/as suelen no tener cubiertas, (sobre todo los agresores/as), y por supuesto presentar reglas y formas de control como mecanismos indispensables para regular la convivencia y el sistema de valores y juicios sobre lo que está bien o mal, sobre lo que se puede hacer o no se puede hacer.
La presencia de las familias en los centros educativos es fundamental y su participación y comunicación con tutores, departamento de orientación y equipos educativos es básica.
- ¿QUÉ HACEMOS LOS PSICÓLOGOS?
Cuando el problema adquiere unas dimensiones clínicamente significativas, tanto para la victima como para el agresor/a es necesario un tratamiento psicológico. El tratamiento con el niño que sufre acoso escolar va dirigido a reducir y eliminar sus altos niveles de ansiedad, su sintomatología depresiva y a ofrecer y a enseñar recursos necesarios para ser capaz de enfrentarse a estas situaciones (Programas de Entrenamientos en Habilidades Sociales, etc.).
La intervención con el agresor/a va encaminada a manejar su falta de control de impulsos, su ira, su hostilidad hacia los demás, así como su baja autoestima, sus dificultades sociales (Programas de Entrenamiento en Habilidades Sociales) y de resolución de los problemas y posibles comportamientos antisociales (vandalismo, robo, consumo de alcohol….).
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