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La decisión de acudir a terapia de pareja

Marina González del Río, Psicólogo Especialista en Psicología Clínica.

Departamento de Asistencia en la Edad Adulta.

En nuestra práctica clínica constatamos un importante aumento de demanda de ayuda psicológica para resolver los conflictos que pueden presentarse en las relaciones de pareja, conflictos que pueden llevar tiempo instaurados en la relación y que van generando un alto nivel de insatisfacción, malestar, frustración, enfado, llegando a afectar psicológicamente, presentando en muchos casos cuadros de ansiedad, estrés, depresión…que interfieren de manera significativa en la vida cotidiana de las personas. Por destacar un dato, en 2008, del total de casos atendidos en CINTECO, alrededor de un 18% solicitaron consulta por diferentes temas relacionados con conflictos en su relación de pareja.

El hecho de que vaya en aumento el porcentaje de personas que solicitan asesoramiento psicológico por estos problemas se puede deber a los siguientes factores:

  • Se dispone de más información sobre la existencia de Terapia Psicológica que puede ser de ayuda en las situaciones de crisis en la pareja.
  • Las personas que han realizado procesos de terapia para abordar estos problemas dan información a personas de su entorno sobre su experiencia, aconsejando en muchos casos que busquen ayuda.
  • El deseo o la “necesidad” de intentar conseguir una estabilidad afectiva y satisfacción en la relación de pareja por la importancia que esto tiene tanto en el ámbito personal-familiar como en el ámbito social-laboral.
  • La incapacidad de la pareja para resolver los conflictos que se van presentando e ir comprobando que el paso del tiempo empeora la situación, aumentando el nivel de desgaste y malestar.
  • Intentar evitar el llegar a la separación o divorcio por todas las consecuencias negativas que esto puede tener.

Además de estos factores, hay un dato que está apareciendo en los medios de comunicación en los últimos meses, y es el descenso del número de divorcios (número que iba en aumento en los últimos años), como consecuencia de la crisis económica que dificulta o impide en muchos casos afrontar todos los gastos que supone un proceso de separación y sobre todo la adaptación a la situación posterior. Este dato puede indicar que muchas parejas con un importante deterioro en su relación están manteniendo una convivencia muy insatisfactoria y que por diferentes razones, fundamentalmente económicas no pueden separarse y si lo hacen, los costes tanto económicos como emocionales que siempre tiene un proceso de separación, se ven aumentados, repercutiendo en la calidad de vida de esas personas.

La terapia de pareja no es la panacea para resolver todos los conflictos que pueden presentarse en las relaciones, además, el hecho de iniciar un proceso de terapia no implica necesariamente la continuidad de la relación, pero es un recurso que se puede utilizar para ayudar a la pareja a identificar e intentar resolver los conflictos, salir de la crisis en la que se encuentran cuando acuden a consulta, valorar el nivel de motivación para seguir en la relación, por destacar algunos de los objetivos que se pueden trabajar en los procesos de terapia de pareja. Es por tanto un recurso que está siendo de utilidad para muchas personas que en la actualidad tienen problemas en sus relaciones.

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El papel del psicólogo clínico como mediador entre el adolescente y sus padres

José Carrión Otero como coordinador del Área de Asistencia Psicológica y/o Psiquiátrica en la Adolescencia, nos propone una reflexión sobre el papel del psicólogo clínico como mediador entre el adolescente y sus padres.

La demanda de atención psicológica con adolescentes que presentan conflictos en la relación con sus padres, se está configurando como uno de los principales motivos de consulta en la actualidad. Señales como el fracaso académico, la no aceptación de límites, la agresividad y el consumo drogas llevan a los padres a solicitar nuestra intervención, desde la incomprensión y la desesperanza que les produce el comportamiento de sus hijos sobre los que dicen haber perdido cualquier capacidad de maniobra. La primera dificultad de la intervención estriba en el establecimiento de objetivos realistas que pueden incluir o no el trabajo directo con el adolescente, las posibilidades de intervención aumentan sí ellos participan pero es posible trabajar exclusivamente con los padres y/o convivientes para modificar las conductas de sus hijos no deseadas a través del manejo adecuado de las consecuencias de las mismas. Los padres pueden aprender a resolver con eficacia los conflictos, el establecimiento de límites, las habilidades de comunicación y negociación; así como la resolución de objetivos personales y la recuperación del control emocional.

Cuando el adolescente se incorpora al tratamiento, lo primero que conviene definir es su percepción del problema, es fácil encontrar pacientes convencidos de que su actitud y su comportamiento son perfectamente “normales” y que los conflictos se deben a la incomprensión por parte de sus padres. Se trata de pacientes que no presentan necesariamente psicopatología, más bien dificultades de adaptación o trastornos de conducta que suelen cursar con impulsividad, fácil frustración y bajo umbral para la descarga de respuestas agresivas. Su actitud frente a la terapia suele ser resistente y de escasa colaboración, en ocasiones, perciben al terapeuta como un aliado de sus padres. La figura y el rol del psicólogo clínico deberán definirse desde el primer momento para que el adolescente y sus familiares nos atribuyan la capacidad de negociar objetivamente en los conflictos y en las demandas de cada uno de ellos.

Una vez configuradas las claves de la intervención pasaremos al establecimiento de objetivos terapéuticos y al diseño de las estrategias de intervención, una “secuencia tipo” podría incluir:

• Desbloqueo de la situación de conflicto.
• Negociación de mínimos y control de conductas agresivas.
• Establecimiento de objetivos consensuados.
• Reparto de roles y tareas entre los padres.
• Control de variables cognitivas.
• Manejo de contingencias.
Habilidades de comunicación.
• Establecimiento de límites.
• Desarrollo de objetivos ulteriores: actividad académica o profesional, control sobre el consumo de drogas y otras conductas disruptivas, etc.
• Coordinación interprofesional: orientadores y tutores académicos, mediadores sociales, médicos, etc.
• Seguimiento de objetivos y diseño de las claves para gestionar el alta.

Guía para los pacientes con Trastorno Bipolar y Las familias y/o cuidadores.

El Departamento de Asistencia Clínica con Adultos incorpora esta guía en nuestro apartado de Material Recomendado. Se trata de una guía para padres, familias y cuidadores de personas diagnosticadas con Trastorno Bipolar.


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