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	<title>Etiqueta postparto - Gabinete de Psicólogos en Madrid. Psicólogos y Psiquiatras</title>
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	<description>Centro de Investigación en Terapias de Conducta, Psicólogos Clínicos y Psiquiatría</description>
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	<title>Etiqueta postparto - Gabinete de Psicólogos en Madrid. Psicólogos y Psiquiatras</title>
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		<title>Madres más allá de los 40</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marina González del Río]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 23 Apr 2012 09:23:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Adultos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En las últimas semanas, algunos medios de comunicación han destacado los embarazos de algunas mujeres famosas que serán madres cerca de los 50. Hasta ahora se hablaba de mujeres “añosas”, refiriéndose a las mujeres que tienen su primer hijo alrededor de los 40, en alguno de estos artículos se introduce un nuevo término, el de [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>En las últimas semanas, algunos medios de comunicación han destacado los embarazos de algunas mujeres famosas que serán madres cerca de los 50. Hasta ahora se hablaba de mujeres “añosas”, refiriéndose a las mujeres que tienen su primer hijo alrededor de los 40, en alguno de estos artículos se introduce un nuevo término, el de madres “überañosas”, la traducción de über es “sobre, más allá”. Se están refiriendo a todas aquellas mujeres que  van a ser madres  “más allá” de los 40.<br />
Personalmente, no me gustan estos términos, por la connotación negativa que pueden tener, de alguna manera se está diciendo que esas mujeres son mayores para ser madres. Todas las mujeres que se están planteando su maternidad o ya están embarazadas a partir de los 40 años, son conscientes de esa realidad, no son unas jovencitas, van a ser madres mayores, pero sin duda están <strong>ilusionadas y preparadas</strong> para afrontar un proceso lleno de ilusión, esperanza pero también de dudas y miedos.<br />
<span id="more-1388"></span><br />
Hay algo que no podemos olvidar, nadie escoge voluntariamente ser una madre mayor, generalmente, detrás de cada una hay una historia de intentos frustrados de embarazos, abortos, con las consecuencias psicológicas que esto tiene en ellas y en sus parejas. En otros casos el retraso en la maternidad viene como consecuencia de no haber tenido una estabilidad afectiva hasta ese momento y también están las mujeres que desean tener un hijo, en una nueva relación con una pareja más joven y ambos desean tener una familia. Cada caso es distinto, pero todas ellas comparten algo que es la ilusión por llegar a conseguir un embarazo, que en muchos casos puede ser complicado, precisamente por las dificultades asociadas a la edad, teniéndose que someter a tratamientos de reproducción asistida (T.R.S.), con las consecuencias que estos tienen tanto a nivel físico, psicológico y también económico.<br />
Por todo ello, una mujer que  decide ser madre a esas edades es una mujer valiente y segura de lo que va a hacer.<br />
Existe el criterio medico, que en cada caso aconsejara a la mujer. La comisión Nacional de reproducción asistida recomienda limitar el acceso a tratamientos a partir de los 50.<br />
La capacidad reproductora de la mujer va en descenso a lo largo de su vida fértil, los óvulos van descendiendo de una manera significativa a lo largo de los años. Y esto es una realidad que todos conocemos. Pero también es cierto que una mujer de 45-50 años en 2012, no tiene nada que ver con una mujer de hace un siglo. No solo ha variado la esperanza de vida de la población, también ha cambiado la actitud, una mujer de 45 o de 50 se siente joven, y mantiene una vida activa en todas sus parcelas, trabajo, relaciones sociales, inquietudes y por supuesto dispone de la seguridad personal y madurez que se consigue en el proceso vital.<br />
Cuando una mujer se plantea que quiere ser madre en estas edades hay algo de lo que no podemos dudar, <strong>lo quiere intentar</strong> y está <strong>segura </strong>de ello, en la mayoría de los casos está preparada psicológicamente para intentarlo. Esto no significa que no tenga miedos, dudas e inseguridades, cuando inicia y avanza en todo el proceso. Algunos de estos miedos no son distintos a los miedos que presenta una mujer más joven ante el embarazo.<br />
-Miedo a no conseguirlo. Cuando una mujer lleva tiempo intentando quedarse embarazada y no lo consigue, la ilusión se mezcla con el miedo a tener dificultades y no  poder conseguir el embarazo.<br />
-Durante el embarazo. En cada etapa del embarazo van apareciendo unos miedos, miedo a perderlo, (miedo que se incrementa si ha habido anteriormente algún aborto), miedo a que puedan aparecer problemas a lo largo del embarazo, tanto en el niño como en ella. Estos miedos se acentúan más cuanto mayor es la madre.<br />
-Miedos al parto. Miedo a que puedan surgir dificultades o problemas que afecten al niño.<br />
Por destacar algunos de los miedos más frecuentes y sin olvidar que en todas ellas están los sentimientos de ilusión, esperanza, alegría, felicidad…que siempre supone un embarazo.<br />
En las mujeres de más de 40 años, surgen otros miedos que les pueden generar una especial ansiedad e inseguridad. Son conscientes de que la edad puede ser un problema y que pueden aparecer una serie de dificultades en el embarazo. Existe un seguimiento estricto de los embarazos, pero el temor está ahí.<br />
Por otro lado, saben que van a ser madres mayores y en ocasiones dudan de la capacidad física para poder llevar a cabo la crianza. La angustia les aparece cuando anticipan un futuro a medio-largo plazo, afrontar la adolescencia de un hijo cuando se está próximo a los 60.<br />
En algunos casos, madres entre los 45 y 50 años, coincide el cuidado del bebe con la transición al climaterio, con las consecuencias físicas y psicológicas que este tiene en la mujer.<br />
Estos miedos están, pero la mayoría de las mujeres que se enfrentan a este proceso se sienten seguras y con fuerza para afrontarlo.<br />
Destacamos también la presión social,  en ocasiones se cuestiona la decisión de ser madres a esa edad.<br />
Con frecuencia, cuando una mujer de estas edades se plantea tener un hijo, tienen que someterse a tratamientos de fertilidad para conseguirlo. Estos tratamientos  han avanzado de manera importante en los últimos años y han permitido conseguir la ilusión de ser padres a miles de parejas en España,  pero no están exentos de dificultades.<br />
En un artículo anterior, hacía referencia a las <a href="https://www.cinteco.com/consecuencias-psicologicas-de-la-infertilidad/">consecuencias psicológicas  tanto de los problemas de fertilidad como de los tratamientos</a>. Hablamos de un proceso complejo, donde las expectativas por conseguir el embarazo van seguidas, si no se consigue, de frustración, angustia y ansiedad, además de las consecuencias físicas que tiene el tratamiento. Cuando la pareja tiene que realizar un tratamiento de fertilidad va pasando por diferentes fases que pueden  un desgaste psicológico.<br />
Existen diferentes tratamientos de fertilidad (inseminación, Fecundación in vitro), pero hay un tratamiento que provoca un impacto especialmente importante en una mujer cuando lo escucha por primera vez  y es la <strong>OVODONACIÓN.</strong><br />
La ovodonación supone la obtención de ovocitos de una donante, estos ovocitos son inseminados con el esperma de la pareja (por fecundación in vitro) y una vez obtenido el embrión se transfiere al útero de la mujer.<br />
¿Pero que supone para la mujer este tratamiento?<br />
En un primer momento, hay una afectación importante, la mujer tiene que aceptar que sus óvulos no son de calidad, generando en ocasiones un fuerte sentimiento de culpa, tristeza, abatimiento, vacio. No olvidemos que en muchos casos, pueden llevar tiempo realizando otros tratamientos sin conseguirlo. Es comprensible el impacto emocional que esto puede tener.<br />
En algunos casos, la propuesta de la  ovodonación es rechazada por diferentes motivos. En otros casos, la pareja se toma un tiempo para tomar una decisión.<br />
Si deciden realizar el tratamiento, a los miedos y dudas que pueden aparecer en cualquier tratamiento de fecundación asistida, la ovodonación provoca una serie de dudas y miedos que en muchos casos generan estados importantes de ansiedad y angustia.<br />
A diferencia de lo que ocurre con otros tratamientos, las parejas que hacen ovodonación  no se atreven a contarlo. Piensan que la sociedad acepta perfectamente otras técnicas de reproducción asistida pero creen que existe poca información sobre la ovodonación y posiblemente un rechazo.<br />
Se preguntan quién será la donante y por qué decide hacer la donación.<br />
Dudan sobre sus propios sentimientos, si le querrán, si le aceptarán…si puede darse un rechazo, estas dudas les generan sentimientos de culpa, de malestar.<br />
Dudan sobre contárselo a la familia, a los amigos y en un futuro al hijo.<br />
Estas son algunas de las dudas que puedan aparecer y que provocan angustia, ansiedad, además del coste emocional acumulado por el deseo frustrado de ser madre y no haberlo conseguido.<br />
Por todo ello destacamos la importancia del<a href="http://www.cinteco.com/pacientes/adultos/"> apoyo psicológico</a> en estos procesos, en ambos miembros de la pareja. Nuestra experiencia en CINTECO nos indica que ese apoyo psicológico en cualquier persona que realiza un tratamiento de reproducción asistida permite conseguir un nivel de estabilidad emocional que es de gran ayuda para afrontar adecuadamente las diferentes fases y dificultades que pueden tener dichos tratamientos.</p>
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		<title>Anorexia y embarazo: reflexiones y retos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Cinteco]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 12 Jan 2009 15:47:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cinteco]]></category>
		<category><![CDATA[aborto]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La doctora Orlanda Varela del departamento de Asistencia Psiquiátrica nos propone esta revisión. No podemos negar nuestra pertenencia al reino animal (por mucho que nos confundan las diferencias). El ser humano está sujeto a las normas de la naturaleza como cualquier otro mamífero. La ley del más fuerte, que en tantas ocasiones la Ciencia Médica tiene el [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><em>La doctora <a href="http://www.cinteco.com/el-equipo/orlanda_varela/">Orlanda Varela</a> del <a href="http://www.cinteco.com/el-equipo/#psiquiatria">departamento de Asistencia Psiquiátrica</a> nos propone esta revisión.</em><br />
No podemos negar nuestra pertenencia al reino animal (por mucho que nos confundan las diferencias). El ser humano está sujeto a las normas de la naturaleza como cualquier otro mamífero.<br />
La ley del más fuerte, que en tantas ocasiones la Ciencia Médica tiene el espejismo de burlar, alcanza su máximo rigor aplicada a la reproducción.<br />
Algunas actividades fisiológicas no son necesarias para la supervivencia del individuo durante la hambruna; por tanto la naturaleza les otorga la mínima prioridad cuando los alimentos escasean o su obtención está sujeta a demasiada incertidumbre. El almacenamiento de grasa y la reproducción son «lujos» en los que no se «invierte» energía.<br />
Para una hembra de mamífero completar un ciclo reproductivo desde la concepción hasta la lactancia y crianza de su prole es unos de los retos más energéticamentes costosos que afrontará durante su vida.<br />
En la naturaleza, tanto la desnutrición como el acceso demasiado irregular a los alimentos detienen la ovulación e inhiben la conducta sexual femenina. El rigor con el que se prima la supervivencia del individuo puede llegar a inhibir los intentos de reproducción incluso cuando la concepción ya ha tenido lugar evitando la implantación, produciendo la reabsorción del embrión o alterando los comportamientos de maternaje de las hembras.<br />
Sin embargo, la infertilidad resultante de una deficiente nutrición es reversible y el individuo infertil, por lo general, no está enfermo (la reproducción se inhibe antes de que se deteriore su estado de salud general). El designio natural parece reservar su capacidad reproductiva para una situación en la que las probabilidades de éxito de su prole sean más favorables.<br />
Esta realidad cobra una importancia sustancial para las personas que a lo largo de su vida han alterado su patrón alimentario hasta alcanzar el diagnóstico de un Trastorno de Conducta Alimentaria (anorexia, bulimia u otras alteraciones mixtas o de carácter más leve) y desean un embarazo. La superespecializada medicina moderna puede no ser capaz del abordaje holístico que necesita esta problemática y los «mitos» y creencias en torno tanto a la anorexia como al embarazo en sí pueden confundir y perjudicar a estas pacientes. Así, con frecuencia los familiares y parejas de personas que sufren anorexia se aferran a la idea de que tener un hijo sólo puede ayudar a «quitarse tonterías de la cabeza» o de que durante el embarazo «hay que comer por dos», cosa que la embarazada podrá asumir sin dificultad.<br />
Se calcula que la prevalencia de Trastornos de Conducta Alimentaria en las mujeres en edad reproductiva de los llamados «Países desarrollados» alcanza el 5%. ¿Qué deben esperar de sus intentos de quedarse embarazadas?, ¿Qué deben saber de los riesgos especiales que entraña el embarazo en su situación?, ¿Cómo prevenir las posibles complicaciones?.<br />
Lo primero que habría que decir es que considerando ese 5%, que incluye primordialmente casos leves y una minoría de casos graves, <strong><em>la mayoría de las mujeres con algún trastorno de conducta alimentaria tienen embarazos normales y bebés sanos.</em></strong><br />
Sin embargo, nos interesan los posibles problemas porque es la información lo que nos permite prevenir y minimizar el riesgo de esa otra minoría de embarazos y partos con alguna dificultad.</p>
<h3>1. Quedarse embarazada:</h3>
<p>La causa más habitual de problemas de fertilidad en aquellas mujeres que tienen síntomas activos de un trastorno de conducta alimentaria es la amenorrea (falta de menstruación y, lo que es más importante, de ovulación). En ocasiones puede ocurrir que las pacientes tienen sangrados más o menos regulares pero no todos se corresponden con ovulaciones normales.<br />
Otras mujeres atravesaron épocas peores con respecto a la comida a lo largo de sus vidas y se encuentran mejor. A pesar de que mantienen comportamientos y actitudes disfuncionales con respecto a la alimentación, su imagen corporal y a la posibilidad de engordar, su integridad física no parece estar en peligro (han sobrevivido al riesgo de mortalidad de la fase más aguda). Sin embargo, tienen problemas para quedarse embarazadas, a veces incluso con ciclos menstruales aparentemente normales y un peso casi normal.<br />
Aunque durante un tiempo se barajó la hipótesis de que existía un peso y un porcentaje de grasa corporal mínimos en términos reproductivos, actualmente existe suficiente evidencia científica para saber que estábamos equivocados. No es una cuestión de peso ni de composición grasa, ni siquiera, estrictamente, de cantidad de comida, sino de balance energético positivo estable (que los ingresos energéticos superen a los gastos con cierta regularidad a lo largo del tiempo), más específicamente: de disponibilidad a corto plazo de combustibles oxidativos. Cuando el cuerpo recibe frecuentemente nutrientes cuya oxidación garantiza un balance energético positivo, la fertilidad no se ve entorpecida por la alimentación. Si sometemos al organismo a largas horas de ayuno o a un ingreso de nutrientes que no cubre, o lo hace a duras penas, las necesidades energéticas cotidianas estamos poniendo en peligro nuestra capacidad de gestar y de llevar adelante la gestación con éxito.<br />
Algunas de las personas que encuentran dificultades en quedarse embarazadas recurren a técnicas de reproducción asistida. Diversos estudios han demostrado una menor eficacia de la FIV (fecundación in vitro) tanto en las personas con sobrepeso como en aquellas con un IMC (Índice de Masa Corporal, que relaciona peso y altura) demasiado bajo.<br />
<span id="more-4550"></span></p>
<h3>2. Riesgos del embarazo:</h3>
<p>La primera consideración que es necesario hacer es que el embarazo, incluso el deseado, es a menudo una fuente de estrés (como lo son otros acontecimientos que podemos vivir como positivos: un ascenso, una boda&#8230; en la medida en que nos obligan a una adaptación porque suponen un cambio).<br />
Además, hay aspectos que para una persona con problemas de alimentación son especialmente disruptivos: va a suponer la necesidad de modificar su dieta habitual y les va a enfrentar a un importante cambio corporal (van a engordar de una forma que nunca antes habían hecho). En este sentido, es significativo que en un porcentaje de mujeres la detección de un problema de alimentación se hace justo durante la gestación porque ésta «dispara» las conductas de control de peso (habitualmente preexistentes en menor grado).<br />
Aunque muchas mujeres encuentran un motivo para cuidarse más y compensar sus tendencias alimentarias patológicas cuando se quedan embarazadas, también existe la posibilidad, sobretodo en pacientes con atracones, de que la gestación dificulte el control de los mismos y de que ésto unido a la distorsión corporal aumenten las conductas purgativas (toma de laxantes, vómitos&#8230;). Incluso, en casos en que las pacientes han mejorado durante la gestación, no es infrecuente la recaída tras el parto. Es importante, por tanto, valorar primero la posible repercusión del embarazo sobre el trastorno de conducta alimentaria.<br />
La literatura sobre las consecuencias negativas de los trastornos de conducta alimentaria en la gestación y el parto es abundantísima. Sin embargo, raramente se hace invierte esfuerzo en detectar estas patologías durante el seguimiento ginecológico y son pocos los protocolos de embarazo de riesgo que incluyen a estas pacientes.<br />
Algunos de los problemas mejor documentados son:</p>
<ul>
<li>Mayor prevalencia de abortos (especialemente en bulimia y anorexia con atracones).</li>
<li>Menor peso al nacer de los recién nacidos (especialmente en los casos de anorexia con menor IMC previo al embarazo).</li>
<li>Mayor frecuencia de cesáreas.</li>
<li>Mayor incidencia de Depresión postparto.</li>
</ul>
<p>Aunque existen datos contradictorios al respecto, algunos estudios alertan también de mayores complicaciones durante el parto y puntuaciones más desfavorables del test de Apgar al nacimiento en los bebés nacidos de estas madres (una sencilla evaluación del estado al nacer, del sufrimiento que ha supuesto el parto para el recién nacido valorando algunas de sus constantes y la necesidad o no de asistencia).<br />
No hay evidencia de que estas patologías supongan un aumento de la frecuencia de malformaciones fetales.</p>
<h3>3. Prevención y seguimiento: prioridades y probabilidades.</h3>
<p>Los profesionales sanitarios (psicólogos, psiquiatras, endocrinólogos&#8230;) especializados en la atención a pacientes que han desarrollado trastornos de conducta alimentaria parecen estar de acuerdo en las siguientes dos afirmaciones generales:<br />
<strong>a) Desaconsejan la gestación si la enfermedad está activa</strong>. Resulta casi unánime la opinión de que la prioridad es conseguir la remisión de los síntomas previamente a intentar el embarazo. Sin embargo, ¿dónde establecer el límite?. Probablemente esta pregunta sólo se pueda responder analizando cada caso de forma individual y valorando tanto el estado actual como la evolución de la paciente desde el comienzo de la enfermedad y los riesgos que implicaría el embarazo visto desde una perspectiva abarcadora (que considere su situación de pareja, familiar, laboral, social&#8230;).<br />
En cualquier caso para dar oportunidad a este análisis de riesgos es necesario detectar la enfermedad antes del embarazo. Para ello, la formación de los ginecólogos que trabajan en planificación familiar debería incluir instrumentos y habilidades que les permitan hacer el screening, los psicólogos y psiquiatras que tratamos a estas pacientes deberíamos mantener una coordinación con sus ginecólogos y asesorar a estas mujeres en cuanto manifiestan el deseo de tener hijos. Establecer objetivos previos, informar sobre los riesgos específicos y poner en marcha estrategias para prevenirlos es nuestra responsabilidad.<br />
<strong>b) Cuando la enfermedad se encuentra en remisión total o parcial, se trata de una gestación de riesgo que requiere de un seguimiento especial. </strong>La razón son, no sólo los posibles riesgos que el problema de alimentación puede suponer para el embarazo sino también de la posible repercusión de la gestación sobre la relativa estabilización de la anorexia o la bulimia.<br />
Este seguimiento necesita del esfuerzo de comunicación y coordinación de un equipo multidisciplinar para el que deberemos superar la organización «parcelaria» de nuestro sistema de salud.</p>
<h4>BIBLIOGRAFÍA:</h4>
<ul>
<li>Wade GN &amp; Jones JE. Neuroendocrinology of nutritional infertility. Am J Physiol Regul Integr Comp Physiol 2004; 287(6): R1277-96; doi:10.1152/ajpregu.00475.2004.</li>
<li>The ESHRE Capri Workshop Group. Nutrition and reproduction in women. Human Reproduction Update 2006; 12(3):193-207; doi:10.1093/humupd/dmk003.</li>
<li>Micali N, Simonoff E, Treasure J. Risk of major adverse perinatal outcomes in women with eating disorders. The British Journal or Psychiatry 2007. 190:255-259; doi:10.1192/bjp.bp.106.020768.</li>
<li>Goldman RD, Koren G. Anorexia nervosa during pregnancy. Can Fam Physician. 2003 April; 49:425-426.</li>
<li>Franko DL, Blais MA, Becker AE, Delinsky SS, Greenwood DN, Flores AT et al. Pregnancy Complications and Neonatal Outcomes in Women with Eating Disorders. The American Journal of Psychiatry 2001. 158:1461-66.</li>
<li>Fedorcsak P, Dale PO, Storeng R, Ertzeid G, Bjercke S, Oldereid N et al. Impact of overweight and underweight on assisted reproduction treatment. Human Reproduction 2004. 19(11):2523-28; doi:10.1093/humrep/deh485.</li>
</ul>
<p>La entrada <a href="https://www.cinteco.com/anorexia-y-embarazo-reflexiones-y-retos/">Anorexia y embarazo: reflexiones y retos</a> se publicó primero en <a href="https://www.cinteco.com">Gabinete de Psicólogos en Madrid. Psicólogos y Psiquiatras</a>.</p>
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