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Domingo 31 de Enero de 2010 — Cinteco, Área de los Adultos
Manuel Morillas Urda
Departamento de Atención Psicológica en la edad Adulta
LA DEMANDA URGENTE DE LOS PACIENTES CON TRASTORNO DE PANICO DESDE LA PERSPECTIVA COGNITIVO-CONDUCTUAL
Ya que los pacientes con trastorno de pánico son los que más utilizan los servicios de urgencias, es interesante orientar la intervención hacia:
1.- Una disminución de la utilización de estos servicios
2.- Fomentar el no aplazamiento de los resultados terapéuticos.
Con respecto al primer punto, algunos pacientes, sobre todo al inicio de su trastorno, no conceptualizan sus problemas en términos de ansiedad. Cuando los síntomas somáticos son más intensos, lo habitual será que consulten con el médico general, con el neurólogo, cardiólogo…
Con respecto al no aplazamiento de los resultados terapéuticos, el problema fundamental de la utilización del servicio de urgencias es que cumple función de conducta de escape lo que perpetúa el problema. Por otra parte, parece que un problema del tratamiento farmacológico exclusivo son las recaídas y la dependencia psicológica a los ansiolíticos que igualmente cumple funciones de evitación y escape.
Descripción del modelo cognitivo-conductual y estilos de demanda urgente en el paciente con crisis de pánico.
1.- La conducta de acudir a Urgencia cumple la función deconducta de escape con mayor fuerza cuanto más historia de trastorno tiene el paciente. El control aversivo de la conducta parece un proceso central en el mantenimiento del trastorno de pánico. Este concepto hace referencia a los procesos mediante los cuales se mantiene la conducta a través de la eliminación de estímulos aversivos, sean estos estímulos internos (interoceptivos en el caso del pánico), o externos. El procedimiento mediante el cual se mantiene un comportamiento retirando estímulos aversivos recibe el nombre de Reforzamiento Negativo.
El Escape y la Evitación son los dos paradigmas en que los estímulos aversivos incrementan y mantienen la acción de responder.
En el Escape, la respuesta da término a un estímulo aversivo después de que se ha iniciado la presentación del estímulo, por ejemplo acudir a urgencias ante la crisis de pánico o salir de una situación agorafóbica.
En la Evitación, una respuesta evita o pospone el comienzo de un estímulo aversivo, por ejemplo llevar la medicación encima o ir con personas de seguridad. Evitación y Escape suelen darse de forma combinada.
2.- Si el paciente acude a Urgencias ante la primera crisis, la conceptualización de los síntomas es física. No hay historia de escape asociada a las urgencias y que esto se produzca en un futuro debería evitarse informando sobre la naturaleza de los síntomas y la conveniencia de la utilización de otros recursos.
3.- Paciente derivado en la propia urgencia por otro especialista. Presenta de forma agudizada los problemas del paciente que acude ante la primera crisis, dudas por la estigmatización del profesional psiquiatra y de los diagnósticos que va a recibir.
4.- Los pacientes que acuden a la urgencia por una Crisis de Síntomas Limitados son un buen ejemplo de pacientes con gran tendencia a la evitación y escape.
5.- Paciente en tratamiento farmacológico adecuado que no toma correctamente el tratamiento. Generalmente esto puede deberse a la evitación de supuestos efectos negativos de la medicación y temor a la pérdida de control por esos síntomas. Informar al paciente y contactar con el médico que le trata mediante llamada telefónica o informe.
6.- Paciente que pide exploraciones repetidas de otras especialidades. Psicológicamente es un paciente yatrogenizado, que ha utilizado ya mucho este recurso por su efecto tranquilizador a corto plazo. La información debe centrarse en la naturaleza psicológica de sus síntomas, evitando sobreinformarle y, por supuesto, no tranquilizarle efectuando diagnósticos innecesarios.
7.- Paciente que se niega a ser explorado por el psiquiatra o el psicólogo ya que no admite la naturaleza de sus síntomas o es reticente, en algún sentido, a la especialidad. El único recurso es el Informe Clínico.
8.- Paciente que no demanda la urgencia y que es traído por familiares o amigos, preocupados por los síntomas y quejas del paciente. Aquí la relevancia de la actitud de los acompañantes ante el problema es central y será muy tenida en cuenta en la explicación que el especialista dé a paciente y familia.
9.- El paciente acude a urgencias por una crisis que relaciona con un acontecimiento vital (familiar, de pareja, laboral, etc.). El peso de eventos estresantes y del estilo de afrontamiento del paciente será un dato a manejar en la derivación al tratamiento farmacológico y psicológico.
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Miércoles 16 de Diciembre de 2009 — Cinteco, Área de los Adultos
A lo largo de nuestra experiencia clínica hemos venido haciendo algunos cambios en el enfoque de tratamiento de los problemas de pareja.
Los primeros enfoques en el tratamiento de dichos problemas se centraban en el cambio de aquellas interacciones negativas que llevaban a las parejas a sufrir situaciones conflictivas una y otra vez deteriorando cada vez más profundamente las bases de la relación de pareja. Así se desarrollaron una serie de estrategias de intervención estructuradas con una eficacia muy alta y con una gran validez. Muchas de ellas se siguen utilizando actualmente. Como ejemplo podemos hablar del entrenamiento en negociación o del entrenamiento en comunicación, entre otras muchas.
A partir de estos planteamientos se hacia necesaria la intervención con los dos miembros de la pareja desde el inicio a la finalización de la terapia. Incluso para algunos autores era inviable el tratamiento de la pareja cuando era uno solo de sus miembros el que acudía a la consulta. Por lo tanto, sólo se llevaba a cabo la terapia de pareja cuando asistían los dos miembros, nunca cuando era uno solo de los miembros de la pareja el que acudía a buscar ayuda para resolver los problemas de su relación. .
Dentro de nuestra metodología de trabajo, que se mantiene dentro del enfoque cognitivo conductual, hemos venido ampliando algunas estrategias tanto en la evaluación como en el tratamiento lo que facilita una mayor agilidad en el tratamiento de los problemas de pareja.
Además hemos ido modificando el formato de las sesiones. Actualmente nuestro modelo de intervención se lleva a cabo en sesiones individuales con cada miembro de la pareja, en sesiones conjuntas y en sesiones mixtas. Son los objetivos que se estén trabajando en cada momento los que justifican el formato de sesión en el que se va a realizar la terapia.
En todos los casos la pareja conoce los objetivos que se van a tratar a lo largo de todo el proceso de la terapia y además se han pactado con el terapeuta los pasos que se van a seguir. La posibilidad de comunicación con el terapeuta está totalmente abierta, aunque en ese momento en concreto no se esté acudiendo a terapia.
INTRODUCCION A NUESTRO TRABAJO DE INVESTIGACION
En estos últimos años de forma sistemática y objetiva, hemos venido recogiendo datos de las parejas que acuden a nuestro centro para poder investigar en profundidad, entre otros aspectos de su relación, cuales son las características específicas actuales de su relación, de su convivencia, de su problemática diaria, de sus expectativas con respecto a su relación, al otro, incluso a la terapia que se han planteado comenzar.
Uno de los primeros trabajos que hemos finalizado y presentado en el “VI Congreso Iberoamericano de Psicología Clínica y de la Salud” celebrado en Santiago de Chile organizado por La Asociación Psicológica Iberoamericana de Clínica y Salud (APICSA) el pasado mes de octubre gira en torno al estudio de las “Diferencias entre hombres y mujeres en la percepción de sus problemas de pareja al inicio de la terapia de pareja”.
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Miércoles 7 de Octubre de 2009 — Cinteco, Formación, Área de la Adolescencia, Área de la Infancia, Área de los Adultos, Área de los Mayores
Son muchos los pacientes que, cada semana, acuden a consulta con los diferentes profesionales que configuran el equipo del centro. Su opinión resulta especialmente valiosa para colaborar con el mantenimiento de la calidad y la eficacia de nuestras intervenciones. Por todo ello, hemos habilitado este espacio para que usted, sí lo desea, pueda dejar su opinión sobre Cinteco, o cualquier tipo de sugerencia que nos ayude a mejorar, con el firme compromiso de atender sus indicaciones y el agradecimiento sincero por su colaboración. Sólo tiene que dejar su comentario.
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Lunes 6 de Julio de 2009 — Cinteco, Área de la Adolescencia, Área de los Adultos, Área de los Mayores
Pilar Colmenares Peñalver nos presenta la siguiente información sobre el consumo de alcohol.
La mayoría de la población española consume bebidas alcohólicas esporádica o habitualmente y, aunque en los últimos años ha descendido globalmente la proporción de consumidores de alcohol, la frecuencia de episodios de consumo intensivos (borracheras) ha aumentado, especialmente entre los jóvenes.
Según el Informe de 2007 del Observatorio Español Sobre Drogas, el consumo per cápita de bebidas alcohólicas sigue una tendencia descendente desde hace bastantes años, pasando de 99,8 litros en 1996 a 90,1 litros en 2006. Igualmente ha descendido la extensión del consumo de alcohol entre los estudiantes de 14-18 años, pasando la prevalencia de consumo en los últimos 12 meses de 82,7% en 1994 a 74,9% en 2006, y en los últimos 30 días de 75,1% a 58,0%. Sin embargo, entre los estudiantes de 14-18 años continua la tendencia ascendente de las borracheras. Así, entre los que habían tomado bebidas alcohólicas en los últimos 30 días la proporción de los que se habían emborrachado en ese mismo período pasó de 27,6% en 1994 a 41,9% en 2004 y 44,1% en 2006.
La elevada prevalencia del consumo se relaciona con el amplio arraigo social de este hábito, con la fácil disponibilidad del alcohol y con la percepción generalizada de que ciertos tipos de bebidas forman parte de las pautas de alimentación y de diversión. Por otra parte, se aprecia, sobre todo en los jóvenes, un cambio en los patrones de bebida tradicionales hacia el modelo de bebida anglosajón (beber el fin de semana cantidades muy importantes de alcohol hasta llegar a la embriaguez). En España beber es un acontecimiento social que gusta hacerlo en compañía, bebiendo despacio, saboreando la bebida, etc., mientras que en los países anglosajones se utiliza más como una forma de evasión.
Cuando hablamos de consumo de alcohol, nos referimos al consumo de bebidas que contienen alcohol etílico o etanol.
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Martes 14 de Abril de 2009 — Cinteco, Área de la Adolescencia, Área de los Adultos
Susana Pradera Salazar
Psicóloga Especialista en Psicología Clínica
Área de Asistencia Psicológica en la Edad Adulta
La salud, no es sólo la no presencia de enfermedad. Para los profesionales dedicados a la salud en “sentido amplio”, la salud hace referencia a una calidad de vida y un bienestar suficiente, no sólo para no padecer una enfermedad, sino para llevar una vida plena y satisfactoria. Desde este punto de vista podríamos hablar de dos vías de trabajo en el campo de la salud: la prevención, que nos llevaría a tener una buena calidad de vida y la intervención, que abordaría el tratamiento de la enfermedad en sí. Nuestro sistema, no sólo sanitario sino también social, hace más hincapié en la intervención pues es lo que presenta aparentemente mayores complicaciones. Es cierto que cada vez se presta más atención a la prevención, aunque aún esa misma prevención está muy orientada a los aspectos más relacionados con la intervención. Es decir, en la prevención se aborda aquello que nos puede llevar a no padecer enfermedad, pero no se cuida tanto aquello que nos puede garantizar una vida saludable y un bienestar suficiente. En ese sentido uno de los aspectos fundamentales, muy nombrado hoy en día, pero poco considerado en los ámbitos estrictamente sanitarios, es la Autoestima.
Si buscamos en el diccionario la definición de autoestima aparece como “aprecio, afecto o consideración que se tienen hacia uno mismo.”
Este término tan manido en nuestros días, refiere por tanto, aspectos que son difíciles de concretar. Hace alusión a la consideración que de nosotros mismos tenemos y esta consideración viene determinada por elementos de todo tipo, la familia, la educación, el entorno, las ideas que se nos han transmitido, las experiencias vividas… Pero dejar en manos de las circunstancias personales de cada individuo, la formación de una buena autoestima puede ser arriesgado. Y de hecho, eso es algo que vemos de forma patente en nuestros despachos profesionales. La mayoría de las personas que acuden al psicólogo tienen alguna dificultad respecto a cómo se valoran a sí mismos. Y es que los aprendizajes más importantes de nuestra vida, no se adquieren fácilmente. No se insiste suficientemente, hoy en día en la educación, en los aspectos que tienen que ver con el desarrollo de la persona. Como he referido anteriormente, esto tendría relación con una prevención en un sentido más amplio, no sólo en cuanto a la ausencia de enfermedad, sino a una buena calidad de vida. ¿Dónde hemos aprendido a querernos a nosotros mismos? Lo primero que nos viene a la cabeza es en la familia, pero, ¿eso es exactamente así? En muchos casos nuestros progenitores no son conscientes de la importancia de esta realidad y además, ya comento con anterioridad, que la formación de la autoestima no se debe únicamente a la familia, a los mensajes recibidos en ella y a los modelos transmitidos. La presión social, también es un factor determinante y de hecho, se confunde en muchas ocasiones ese “aprecio o afecto” por uno mismo con egoísmo, pues nuestra cultura nos ha impregnado de valores como el servicio, la entrega, la humildad, que se han considerado como incompatibles con el quererse a uno mismo. Aunque en realidad, esto no es exactamente así. De hecho, cuanto más conscientes seamos de nuestro valor como personas, más podremos aportar a los demás. Pero sin querer hacer excesivo hincapié en el desarrollo de nuestra autoestima, sí que resulta importante destacar que, al ser conscientes de cuántos elementos han intervenido en la formación de la misma, nos podemos dar cuenta de todo lo que se necesita trabajar para poner a punto ese elemento tan importante en nuestra vida emocional. Según la complejidad de las manifestaciones o síntomas, esa puesta a punto puede llegar a ser toda una intervención. Es como operar la columna vertebral de nuestra vida emocional. Es una tarea delicada y que necesita de un buen profesional.
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Jueves 26 de Marzo de 2009 — Cinteco, Área de la Adolescencia, Área de la Infancia, Área de los Adultos
Yolanda Soriano García
Psicóloga Especialista en Psicología Clínica
Departamento de Asistencia Psicológica en la Infancia
El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es uno de los trastornos neuropsicológicos más comunes en la infancia y en la adolescencia.
Las primeras descripciones clínicas del trastorno se realizaron en niños a comienzos del siglo pasado. La investigación se centró en la población infantil porque no se entendía la manifestación del trastorno en adultos. A partir de 1976 ya se han ido publicando trabajos sólidos que ponen en evidencia este diagnóstico en adultos.
Sabemos que tiene su inicio en la infancia temprana, que afecta aun porcentaje alto de la población infantil (entre el 5 y el 20%). Se caracteriza, con diferentes proporciones, en cada caso por la dificultad para mantener la atención, la impulsividad e hiperkinesia (exceso de actividad no propositiva).
Se consideran tres formas clínicas de presentación: con predominio del déficit de atención, con predominio de la hiperactividad y la impulsividad y la tercera como la combinación de ambas, que es la más frecuente.
La investigación más reciente atribuye la falta de control que se tiene a un déficit en la capacidad de inhibir los impulsos y pensamientos que realizan las funciones ejecutivas.
Entre las causas de estas alteraciones de las funciones ejecutivas intervienen, en la minoría de los casos, factores adquiridos como las lesiones neurológicas tempranas, pero es fundamentalmente debida a factores genéticos. Algún ejemplo de los datos en este sentido es el hecho de que ya, se han encontrado variaciones alélicas de genes que codifican proteínas fundamentales en el sistema dopaminérgico, como el receptor D4 y el transportador de dopamina.
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