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Artículos marcados como "Cinteco"

TRASTORNOS ESPECÍFICOS DEL LENGUAJE ORAL

DEFINICIÓN: El trastorno específico del lenguaje oral es una perturbación que dificulta de manera permanente y significativa la estructura del lenguaje oral, en un niño inteligente, que oye bien, sin patología neurológica y que desea comunicar. Como consecuencia de esta alteración la adquisición y desarrollo del lenguaje lectoescrito se verá afectada, es decir, su vida escolar y social estarán comprometidas. Las implicaciones pedagógicas y las adaptaciones escolares son necesarias.

DIAGNÓSTICO: La construcción del lenguaje en el niño es activa y se basa en 3 pasos fundamentales: El niño tiene que comprender, escuchar, deducir o razonar y comunicar.         “El niño no habla, habla mal, parece no comprender cuándo hablamos con él”.

-         El niño oye

-         Analiza la información

-         Fabrica– elabora su lenguaje.

El proceso de evaluación requiere delimitar 3 puntos fundamentales

-          El retraso habido en la adquisición del lenguaje del niño, en relación a su edad cronológica

-          Realizar el diagnóstico diferencial, eliminando otras patologías que limitan la comunicación:

  • Trastorno del espectro autista TEA. (*ver cuadro )
  • Pérdida auditiva
  • Déficit de atención con hiperactividad
  • Retraso mental

-         Delimitar el diagnóstico lingüístico. Retraso o disfasia. A pesar de las actuales revisiones diagnósticas es importante distinguir estos dos términos ya que la evolución y pronóstico son radicalmente distintos.

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EN QUÉ CONSISTE LA TERAPIA DE PAREJA


La terapia de pareja es un recurso utilizado por muchas personas para intentar resolver los conflictos que pueden surgir dentro de la relación. Sabemos que el proceso de convivencia es complicado, y se produce un desgaste como consecuencia no solo de esa convivencia, sino también por todos los cambios tanto personales como externos que se dan en la vida de cualquier pareja, y que afectan en esa convivencia. Las parejas tienen que ir adaptándose a los cambios e ir utilizando los recursos de los que disponen para ir manejando las distintas situaciones. Cuando los recursos fallan o no se tienen, van surgiendo problemas que generan malestar y afectan al estado emocional de cada uno, aumentado la insatisfacción dentro de la relación. Este proceso de desgate es lento, y las parejas no acuden de inmediato a buscar ayuda, intentan resolver ellos, dándose un tiempo, intentando cambiar algunas cosas…, en muchas ocasiones consiguen llegar a resolver, pero en muchas otras el paso del tiempo sin encontrar soluciones para los problemas, aumenta los niveles de insatisfacción y malestar, es entonces cuando muchas parejas se plantean la posibilidad de realizar una terapia.

Pero el proceso de tomar la decisión no es fácil, muchos de los casos que vemos en consulta, nos comentan, que han tardado tiempo en tomar la decisión, aun siendo conscientes de los problemas que tienen, por desconocer en qué consiste la terapia, y esto hace que se muestren escépticos sobre la ayuda que realmente pueden recibir. Generalmente, cuando acuden, suele haber un acontecimiento negativo reciente, que es lo que ha provocado el que se decidan a pedir cita. Pero hay un desconocimiento sobre “qué es” y “como les puede ayudar” la TERAPIA DE PAREJA. Entendemos que esta falta de información cause escepticismo, y retrase el acudir, provocando un mayor desgate en la relación, pensamos que dar una información clara y sencilla sobre el proceso de la terapia, lo qué hacemos, como son las sesiones, etc. puede ser de ayuda para muchas personas que están viviendo una situación difícil en su relación de pareja y se han planteado la posibilidad de utilizar este recurso.

En este artículo vamos a describir brevemente, en qué consiste un proceso de Terapia de  pareja, en especial las primeras sesiones.

Una vez que la pareja ha tomado la decisión de acudir, y han pedido una cita, son atendidos por el Psicólogo que se les ha asignado, en CINTECO existen varios psicólogos que están especializados en problemas de pareja.

En la primera cita acuden los dos, hay casos que por diferentes motivos, acude sólo un miembro de la pareja. Si uno de los dos no quiere hacer la terapia, es un error intentar convencerle, u obligarle, se le puede plantear que acuda el primer día para tener información, y que después pueda tomar una decisión. Pero si no existe motivación, no se puede forzar.

En los casos en los que acude solo uno, se intenta conocer el motivo por el que el otro no ha venido, y evaluar la posibilidad de que pueda acudir, pero en muchos casos la decisión está tomada y lógicamente hay que respetarla. Que el otro no quiera hacer terapia de pareja no significa necesariamente que no quiera resolver los problemas que pueden tener, puede significar que no quiera utilizar este recurso, por los motivos que sean.

En los casos en los que viene solo uno, el proceso terapéutico que se sigue es diferente al de una terapia de pareja. Son muchas las personas que acuden solas a terapia planteando diferentes problemas emocionales, relacionados directa o indirectamente con problemas en su relación de pareja. En todos estos casos, se realiza una evaluación individual, se valora cómo le está afectando tanto a nivel personal (afectación psicológica), como en diferentes parcelas de su vida, familiar, social, laboral…comprobando las dificultades que tiene para manejar las situaciones, así como los recursos personales de los que dispone. Se establecen objetivos terapéuticos individuales. Y se realiza el proceso de terapia adecuado a cada caso. Se realiza por tanto una terapia psicológica individual.

A continuación, nos vamos a centrar en el proceso de la terapia de pareja.

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Área de Asistencia Psicológica para Adultos Mayores

Algunas enfermedades mentales, como las demencias, son especialmente comunes en los adultos mayores, mientras que otras tienen distintas características clínicas y/o presentan problemas específicos en su manejo. Las dificultades sociales, la multiplicidad de problemas físicos y las deficiencias sensoriales son también comunes. Su detección y manejo apropiados requieren los conocimientos y habilidades de un especialista así como una colaboración multidisciplinar.

En este contexto, debe darse prioridad a aquellas enfermedades mentales que pueden causar una gran carga de sufrimiento, no sólo a los propios enfermos sino también a sus familias.

Una intervención apropiada ante las principales enfermedades mentales que aquejan a los adultos mayores posibilitará, a menudo, tratarlas eficazmente o, al menos, mejorar sensiblemente su calidad de vida y la de sus familias.

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Depresión en la Infancia

1.1 Introducción. ¿Existe la Depresión Infantil?

La depresión ha comenzado a ser un problema creciente en las sociedades desarrollados ya que, además de producir infelicidad severa a muchas personas (se estiman que 100 millones en el mundo la padecen) supone una fuente de preocupación y pérdidas desde un punto de vista social y comunitario. Pero lo más  preocupante, es que esta tasa de crecimiento ascendente afecta también al mundo de los niños. Dos de cada cien niños y cinco de cada cien adolescentes padecen depresión (Kashani y Schmid, 1995, Del Barrio 2000 ). Este hecho es tan difícil de entender y aceptar que durante mucho tiempo se ha negado la existencia de la depresión en los niños y sólo se admitía su comienzo en la adolescencia.

Se creía que los niños eran seres carentes de preocupaciones puesto que no tienen responsabilidades. Este razonamiento podría ser cierto pero desgraciadamente no lo es. El niño está lleno de preocupaciones, incluso más que un adulto, puesto que su desarrollo cognitivo no le permite encontrar explicaciones racionales a gran parte de las cosas que le ocurren, además de preocuparse no sólo por los problemas reales, sino también por los imaginarios. Esto puede  generarle un sentimiento de inseguridad y conducir a emociones negativas y por lo tanto a la depresión.

Desde la perspectiva científica, durante mucho tiempo, los expertos negaron la existencia de la depresión infantil por razones teóricas. No obstante, ya en los años cuarenta, aparecen las primeras descripciones de  la Depresión Infantil. Dos psicoanalistas (Spitz y Wolf, 1946) observaron cómo algunos niños pequeños separados de las madres por ingreso en instituciones presentaban un importante cambio en su comportamiento : lloro, desinterés, apatía, descenso del apetito, retraimiento y estancamiento en el desarrollo físico. Se le denominó Síndrome de Hospitalismo.

Por otro lado, Bowlby (1958) encontró un fenómeno similar que presentaban niños que ya habían establecido un vínculo de apego con la madre y  habían sido separados de ella. Posteriormente,  estudios de Wiggins y Winder (1961) y Seligman (1966) encontraron también un factor de depresión en el análisis de los datos procedentes de sociogramas aplicados en aulas.

Pero a pesar de todas estas aportaciones, no es hasta los años setenta , cuando este trastorno es reconocido formalmente y comienzan a realizar estudios sistemáticos del mismo. Es en esta década, cuando desde la psicología; y no sólo la psiquiatría, que hasta ese momento acaparaba el estudio de la depresión infantil; y más concretamente desde perspectiva cognitiva,(Teoría de la indefensión aprendida, Seligman, 1975)  aparecen nuevas formas de entender la depresión en niños.

Así,  comienzan  a surgir numerosas investigaciones que han hecho posible que actualmente tengamos una idea más clara sobre qué es la depresión infantil, su prevalencia y los métodos para su evaluación y tratamiento.
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Resiliencia en adolescentes

A menudo se tiene una imagen del adolescente como alguien que se muestra necesariamente alegre, divirtiéndose con sus amigos, al margen de la realidad y de los problemas. La experiencia nos indica que la vida, no es siempre algo fácil de afrontar, incluso, podemos encontrarnos con situaciones tan traumáticas como el acoso, la enfermedad, los accidentes o la pérdida de un ser querido. ¿Cómo es posible que algunas personas puedan atravesar circunstancias tan difíciles y consigan después recuperarse? Aquellos que logran sobreponerse están utilizando sus habilidades de  resiliencia.

El término “resiliencia” se refiere a la capacidad del sujeto para adaptarse con eficacia a las situaciones adversas, traumáticas o altamente estresantes. Significa rebotar de las experiencias difíciles. Estas habilidades resultan ser aprendidas y se pueden fomentar con el desarrollo de estrategias concretas. Cada individuo presenta un patrón de recuperación en el que coinciden aspectos estructurales como su capacidad intelectual; su estilo cognitivo, variables neurológicas y emocionales. Y aspectos psicológicos como estilos de afrontamiento y resolución de problemas, habilidades sociales y adecuación interpersonal. Estamos hablando de conductas que facilitan la adaptación a los hechos negativos del entorno, a través de pensamientos y actuaciones. Los tratamientos psicológicos desde el modelo cognitivo conductual han mostrado su eficacia para conseguir que el paciente desarrolle estrategias de resiliencia, facilitando la recuperación de la sintomatología propia de los estados postraumáticos.

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La demanda urgente de los pacientes con trastorno de pánico

Ya que los pacientes con trastorno de pánico son los que más utilizan los servicios de urgencias, es interesante orientar la intervención hacia:

  1. Una disminución de la utilización de estos servicios
  2. Fomentar el no aplazamiento de los resultados terapéuticos.

Con respecto al primer punto, algunos pacientes, sobre todo al inicio de su trastorno, no conceptualizan sus problemas en términos de ansiedad. Cuando los síntomas somáticos son más intensos, lo habitual será que consulten con el médico general, con el neurólogo, cardiólogo…

Con respecto al no aplazamiento de los resultados terapéuticos, el problema fundamental de la utilización del servicio de urgencias es que cumple función de conducta de escape lo que perpetúa el problema. Por otra parte, parece que un problema del tratamiento farmacológico exclusivo son las recaídas y la dependencia psicológica a los ansiolíticos que igualmente cumple funciones de evitación y escape.

Descripción del modelo cognitivo-conductual y estilos de demanda urgente en el paciente con crisis de pánico.

  1. La conducta de acudir a Urgencia cumple la función de conducta de escape con mayor fuerza cuanto más historia de trastorno tiene el paciente. El control aversivo de la conducta parece un proceso central en el mantenimiento del trastorno de pánico. Este concepto hace referencia a los procesos mediante los cuales se mantiene la conducta a través de la eliminación de estímulos aversivos, sean estos estímulos internos (interoceptivos en el caso del pánico), o externos. El procedimiento mediante el cual se mantiene un comportamiento retirando estímulos aversivos recibe el nombre de Reforzamiento Negativo.

    El Escape y la Evitación son los dos paradigmas en que los estímulos aversivos incrementan y mantienen la acción de responder.

    En el Escape, la respuesta da término a un estímulo aversivo después de que se ha iniciado la presentación del estímulo, por ejemplo acudir a urgencias ante la crisis de pánico o salir de una situación agorafóbica.

    En la Evitación, una respuesta evita o pospone el comienzo de un estímulo aversivo, por ejemplo llevar la medicación encima o ir con personas de seguridad. Evitación y Escape suelen darse de forma combinada.

  2. Si el paciente acude a Urgencias ante la primera crisis, la conceptualización de los síntomas es física. No hay historia de escape asociada a las urgencias y que esto se produzca en un futuro debería evitarse informando sobre la naturaleza de los síntomas y la conveniencia de la utilización de otros recursos.
  3. Paciente derivado en la propia urgencia por otro especialista. Presenta de forma agudizada los problemas del paciente que acude ante la primera crisis, dudas por la estigmatización del profesional psiquiatra y de los diagnósticos que va a recibir.
  4. Los pacientes que acuden a la urgencia por una Crisis de Síntomas Limitados son un buen ejemplo de pacientes con gran tendencia a la evitación y escape.
  5. Paciente en tratamiento farmacológico adecuado que no toma correctamente el tratamiento. Generalmente esto puede deberse a la evitación de supuestos efectos negativos de la medicación y temor a la pérdida de control por esos síntomas. Informar al paciente y contactar con el médico que le trata mediante llamada telefónica o informe.
  6. Paciente que pide exploraciones repetidas de otras especialidades. Psicológicamente es un paciente yatrogenizado, que ha utilizado ya mucho este recurso por su efecto tranquilizador a corto plazo. La información debe centrarse en la naturaleza psicológica de sus síntomas, evitando sobreinformarle y, por supuesto, no tranquilizarle efectuando diagnósticos innecesarios.
  7. Paciente que se niega a ser explorado por el psiquiatra o el psicólogo ya que no admite la naturaleza de sus síntomas o es reticente, en algún sentido, a la especialidad. El único recurso es el Informe Clínico.
  8. Paciente que no demanda la urgencia y que es traído por familiares o amigos, preocupados por los síntomas y quejas del paciente. Aquí la relevancia de la actitud de los acompañantes ante el problema es central y será muy tenida en cuenta en la explicación que el especialista dé a paciente y familia.
  9. El paciente acude a urgencias por una crisis que relaciona con un acontecimiento vital (familiar, de pareja, laboral, etc.). El peso de eventos estresantes y del estilo de afrontamiento del paciente será un dato a manejar en la derivación al tratamiento farmacológico y psicológico.

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