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	<title>Etiqueta agotamiento - Gabinete de Psicólogos en Madrid. Psicólogos y Psiquiatras</title>
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	<description>Centro de Investigación en Terapias de Conducta, Psicólogos Clínicos y Psiquiatría</description>
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	<title>Etiqueta agotamiento - Gabinete de Psicólogos en Madrid. Psicólogos y Psiquiatras</title>
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		<title>Llega un bebé a casa: ¿crisis en la pareja a la vista?</title>
		<link>https://www.cinteco.com/llega-un-bebe-a-casa-crisis-en-la-pareja-a-la-vista/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marina González del Río]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 11 Jan 2013 15:18:57 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>La periodista Gema Lendoiro, expresa en su artículo “Llega un bebé a casa: ¿crisis en la pareja a la vista?” publicado en Abc.es  hoy día 11 de Enero de 2013, una interesante reflexión sobre como la llegada de un bebé al domicilio conyugal cambia las condiciones previas de la pareja y es necesaria una adaptación [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>La periodista Gema Lendoiro, expresa en su artículo <a href="http://www.abc.es/familia-parejas/20130111/abci-llegada-201301101518.html">“Llega un bebé a casa: ¿crisis en la pareja a la vista?”</a> publicado en <a href="http://www.abc.es/">Abc.es</a>  hoy día 11 de Enero de 2013, una interesante reflexión sobre como la llegada de un bebé al domicilio conyugal cambia las condiciones previas de la pareja y es necesaria una adaptación a la nueva situación.<br />
El artículo recoge la opinión de <a href="http://www.cinteco.com/el-equipo/marina_gonzalez/">Marina González</a>, experta psicóloga clínica de <a title="Cinteco" href="http://www.cinteco.com/">Cinteco</a>, donde desarrolla su actividad en el <a href="http://www.cinteco.com/pacientes/adultos/">área de Adultos</a> y se ha especializado en la <a href="https://www.cinteco.com/area-de-asistencia-psicologica-yo-psiquiatrica-en-madrid-en-la-edad-adulta/">Intervención en Problemas de Pareja</a>.<br />
<strong>… Pero queda lo más importante: llegar a casa.</strong> Especialmente para quienes son padres por primera vez todo son dudas; no estar seguros de si el bebé está bien alimentado (especialmente si toma pecho porque no se sabe la cantidad, sólo se sabe si gana peso), no saber el motivo de su llanto (muchos bebés lloran las últimas horas de la tarde por los cólicos del lactante), miedos a no saber hacerlo bien, temor a que se nos caiga, a no saber ejercer, en definitiva, a no ser buenos padres. Todo esto, indudablemente, tiene consecuencias en una pareja. Positivas y a veces, negativas. Pero todo es subsanable.<br />
Hemos hablado con <a href="http://www.cinteco.com/el-equipo/marina_gonzalez/">Marina González</a>, experta psicóloga clínica de <a title="Cinteco" href="http://www.cinteco.com/">Cinteco</a>, que nos habla de cambios: «La llegada de un bebé supone muchos cambios para la pareja, cambios a los que se tienen que ir adaptando y como cualquier proceso de adaptación lleva tiempo y no está exento de estrés. Estos niveles de estrés, unidos al cansancio, la inseguridad a la hora de manejar las dificultades, las expectativas que se tienen hacia el otro y otros factores… pueden afectar en la irritabilidad, el nerviosismo, la frustración… y provocar ciertas tensiones en la pareja».<br />
Como en todo en la vida, es importante saber gestionar las crisis que surgen es por ello que son tan importantes «las condiciones previas de la relación de pareja, que sea una relación sólida, estable, con buenos niveles de comunicación y por supuesto de afectividad, y que dispongan de habilidades adecuadas para resolver problemas» todas esas cosas fomentan una buena salud en la pareja a pesar de las dificultades. Es decir que si una pareja ya se llevaba mal o muy mal antes de la llegada de un bebé, el nacimiento no sólo no va a cambiar las cosas para bien sino que las empeorará.<br />
<strong>… Niveles de comunicación:</strong> es muy importante saber expresar los sentimientos que uno tiene sin caer en la acusación al otro. Utilizar frases tipo «yo sé que tú haces esto con el mayor de los cariños pero lo cierto es que yo lo percibo como…y no me gusta porque me hace sentir así»…</p>
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		<title>TRASTORNOS DE LA PERSONALIDAD</title>
		<link>https://www.cinteco.com/trastornos-de-la-personalidad/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Manuel Morillas Urda]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 23 Nov 2012 15:00:44 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;" align="center">En psicoterapia es prácticamente imposible no realizar intervención sobre aspectos de la personalidad del paciente en algún momento del proceso terapéutico. De hecho, en terapia cognitivo-conductual es muy importante el patrón de pensamientos, sentimientos y conductas que pertenece a una persona, que tiende a ser estable a lo largo del tiempo y de diferentes situaciones, pues determina la respuesta a los acontecimientos vitales, tiene que ver con las vulnerabilidades personales y con la colección de estrategias para afrontar situaciones estresantes y problemas de la vida diaria. Esto se hace más patente cuando la persona que acude a consulta presenta dificultades que tienen relación con su forma de ser, de tomarse las cosas, relacionarse, pensar sobre sí mismo y los demás.</p>
<p>&nbsp;<br />
Ese patrón estable de características psicológicas muy arraigadas y difíciles de cambiar, que  se expresan en todas las áreas de funcionamiento de la persona, es la <em>personalidad</em>. Debemos decir que la personalidad es un continuum y no es fácil establecer un punto que separe de forma definida lo normal de lo patológico. Cuando los rasgos de personalidad se encuentran hacia el extremo del continuum hablamos de <em><a href="http://www.biopsicologia.net/nivel-4-patologias/1.7.-trastornos-de-la-personalidad.html#">Trastornos de la Personalidad</a></em>, es decir, rasgos inflexibles y desadaptativos, omnipresentes, de inicio temprano, resistentes al cambio y que provocan malestar clínicamente significativo o deterioro funcional.<br />
<span id="more-1714"></span><br />
Se ha llamado a la personalidad el <em>sistema inmunol</em><em>ó</em><em>gico de lo psicol</em><em>ó</em><em>gico</em> que tiene como función resistir activamente la influencia de los estímulos externos. Trabajar en terapia con un trastorno de la personalidad requiere mucho tiempo ya que se trata de revisar y generar modificaciones en hábitos y rasgos establecidos a lo largo de toda una vida, que además se han cimentado bajo la influencia de factores <em>temperamentales</em> y <em>caracteriales</em>. En este punto debemos también definir las diferencias entre estos tres términos frecuentemente confundidos y mezclados entre sí. El <em>temperamento</em> esta relacionado con los aspectos biológicos y heredados y condicionará la forma en la que respondemos a los estímulos y las experiencias, tendría que ver con el estado de ánimo habitual de la persona y con todo lo que se relaciona con lo constitucional, es decir, la bioquímica, la endocrinología y la neurología. El <em>car</em><em>á</em><em>cter</em> se conecta con el aprendizaje y la experiencia, un conjunto de hábitos adquiridos y dirigidos por los aspectos sociales y morales. La combinación de estos dos elementos darían forma a la <em>personalidad</em>.<br />
&nbsp;<br />
En términos generales hay patrones de personalidad <em>egosint</em><em>ó</em><em>nicos</em> y patrones <em>egodist</em><em>ó</em><em>nicos</em>. Los primeros pertenecen a personas que tienden a “hacer sufrir a los demás”, no son conscientes de sus dificultades, presentan siempre problemas en las relaciones sociales y culpan a los demás de sus dificultades. Tienen problemas laborales y muchas dificultades para tener relaciones afectivas duraderas y de calidad. Es por esa atribución externa de sus dificultades y por la incapacidad para reconocer sus errores en la forma de percibirse, percibir a los demás y el mundo, que no piden ayuda y responden peor a los tratamientos psicológicos y farmacológicos.<br />
Los egodistónicos, por el contrario, son conscientes de sus dificultades, sufren, se sienten desgraciados y les gustaría ser de otra manera, por ello suelen pedir ayuda y se benefician más de los tratamientos convencionales.<br />
&nbsp;<br />
El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-IV) reúne los trastornos de la personalidad en tres grupos:<br />
El grupo A incluye los trastornos que sufren personas con apariencia rara o excéntrica: trastorno paranoide, esquizoide y esquizotípico de la personalidad.<br />
&nbsp;<br />
El grupo B describe trastornos en sujetos que tienen tendencia a tener actitudes dramáticas, excesivamente emotivas o inestables. incluye este grupo B los trastornos antisocial, límite, histriónico y narcisista de la personalidad.<br />
&nbsp;<br />
El grupo C incluye a personas que suelen padecer ansiedad y mostrarse miedosos y evitativos. Este grupo incluye los trastornos de personalidad por evitación, por dependencia y obsesivo-compulsivo.<br />
&nbsp;<br />
Características del Grupo A:<br />
&nbsp;<br />
1. Trastorno paranoide de la personalidad: se caracteriza por un patrón de desconfianza y suspicacia que hacen que se interpreten maliciosamente las intenciones de los demás. Temen que los demás se aprovechen de ellos o les engañen y tienen una tendencia acusada a interpretar detalles sin importancia como señales de las malas intenciones de los otros. La ira, el rencor y los celos son emociones frecuentes e intensas.<br />
&nbsp;<br />
2. Trastorno esquizoide de la personalidad: es un patrón de desconexión de las relaciones sociales y de restricción de la expresión emocional en las relaciones interpersonales. No desea ni disfruta de las relaciones, es solitario, sexualmente inactivo, con incapacidad para disfrutar de actividades reforzantes.<br />
&nbsp;<br />
3. Trastorno esquizotípico de la personalidad: consiste en un patrón de malestar interno en las relaciones personales, distorsiones cognoscitivas o perceptivas y excentricidades de comportamientos y apariencia. Son proclives a las distorsiones cognitivas y perceptivas en relación con creencias extrañas (superstición, clarividencia, telepatía, etc.). Pueden aparecer síntomas cuasipsicóticos, ideación paranoide y episodios psicóticos transitorios.<br />
&nbsp;<br />
Características del Grupo B:<br />
&nbsp;<br />
4. Trastorno antisocial de la personalidad: consistente en un patrón de desprecio y violación de los derechos de los demás, es decir, posee rasgos relacionados con la insensibilidad y la falta de sentimientos de culpa, la manipulación y la agresión. Las dificultades para seguir las normas, la impulsividad y la agresividad les llevan, con frecuencia, a problemas con la justicia.<br />
&nbsp;<br />
5. Trastorno límite de la personalidad: se asienta en un patrón de inestabilidad de las relaciones interpersonales, su autoimagen y sus afectos, además de una notable impulsividad. Son personas con muy baja autoestima y sentimientos crónicos de vacío; con comportamientos, intentos o amenazas de suicidio o conductas autolesivas y una gran inestabilidad emocional con rápidos cambios de humor. Las relaciones se basan en la fantasía y en la dependencia excesiva, así como en un miedo al rechazo o abandono.<br />
&nbsp;<br />
6. Trastorno histriónico de la personalidad: consiste en presentar un patrón de emotividad excesiva y de demanda de atención constante. Con tendencia a llamar la atención, suele mostrar una actitud sexualmente provocadora o seductora, es superficial y exagerado en la expresión emocional. Teatral y sugestionable, considera sus relaciones más íntimas de lo que son en realidad.<br />
&nbsp;<br />
7. Trastorno narcisista de la personalidad: el sujeto presenta un patrón de grandiosidad, necesidad de admiración y gran falta de empatía. Se considera superior a los demás, tiene fantasías de éxito, poder, belleza. Es interpersonalmente explotador, carente de empatía y soberbio.<br />
&nbsp;<br />
Características del Grupo C:<br />
&nbsp;<br />
8. Trastorno de la personalidad por evitación: es un patrón de inhibición social, sentimientos de incompetencia e hipersensibilidad a la evaluación negativa. Se sienten ansiosos, inferiores, socialmente ineptos y poco atractivos, por lo que se avergüenzan con facilidad. Son muy sensibles a las críticas y al rechazo. Carecen de habilidades sociales, tienden a culparse por las cosas negativas y tienen dificultades para expresar sus deseos o emociones.<br />
&nbsp;<br />
9. Trastorno de la personalidad por dependencia: consiste en un patrón de comportamiento sumiso relacionado con una excesiva necesidad de ser cuidado. Tiene gran dificultad para tomar decisiones y deja en manos de otros la responsabilidad en las principales parcelas de la vida no mostrando desacuerdo con los demás por temor a la pérdida de apoyo o aprobación. Tiene temor a la soledad y a ser abandonado por su creencia exagerada de ser incapaz de cuidar de sí mismo, por lo que si termina una relación significativa busca urgentemente otra que le de la seguridad y apoyo que necesita.<br />
&nbsp;<br />
10.Trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad: comporta un patrón de excesivo de preocupación por el orden, el perfeccionismo y el control. Tienen preocupaciones intensas por el tiempo transcurrido, la puntualidad, los horarios y las normas. son rígidos y poco espontáneos. presentan un excesivo sentido del deber y la necesidad de completar todas las tareas meticulosamente lo que puede llevarles al colapso y parálisis de la conducta con lo que las tareas frecuentemente no pueden completarse. Con dificultad para expresar emociones puede mostrar gran inseguridad, falta de confianza en sí mismo y culpa o vergüenza por las deficiencias y fallos reales o percibidos en su comportamiento.<br />
&nbsp;<br />
Como afirma Millon, la presencia de un trastorno de la personalidad genera, por definición, una vulnerabilidad psicológica que no sólo predispone al individuo a desarrollar un trastorno clínico, sino que complica el curso del trastorno cuando éste existe. Éste, a su vez, genera niveles de estrés y ansiedad que mantienen debilitado crónicamente el “sistema inmune”, prolongando la duración del trastorno clínico e incluso obstaculizando la recuperación. Tratar el trastorno clínico sin tratar el trastorno de personalidad es lo mismo que neutralizar los síntomas sin tratar la enfermedad.<br />
&nbsp;<br />
Con el enfoque anterior, que compartimos completamente, se observa la importancia que tiene la personalidad en el tratamiento de los trastornos clínicos. En lineas generales el proceso terapéutico se focaliza sobre el trastorno clínico y, generalmente, se entremezcla con estrategias dirigidas a los patrones rígidos y desadaptativos que son el terreno sobre el que se asienta el trastorno clínico.  Por otro lado, si tenemos en cuenta el concepto de vulnerabilidad, tratar el trastorno de la personalidad es muy importante en la prevención de recaídas. Los pacientes que presentan trastornos de ansiedad o depresión, por ejemplo, tendrán generalmente más probabilidades de recaer a largo plazo si no trabajan aspectos problemáticos de su personalidad. La terapia deberá entonces enseñar a los pacientes a entender el funcionamiento de su trastorno clínico, qué estrategias utilizar para superarlo, como se relaciona su personalidad con el trastorno y cómo aspectos de su personalidad junto con factores estresantes suponen una sobrecarga que desborda sus defensas y le llevan a la ansiedad o depresión.<br />
&nbsp;<br />
En próximos artículos podremos centrarnos en los aspectos relevantes en el tratamiento cognitivo-conductual de los distintos trastornos de la personalidad.</p>
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		<item>
		<title>Procrastinación</title>
		<link>https://www.cinteco.com/procrastinacion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[José Carrión Otero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 13 Jul 2012 13:33:01 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://www.cinteco.com/wp-content/uploads/2016/01/image4.jpeg"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignleft wp-image-5352 size-medium" title="Que es la Procrastinación" src="https://www.cinteco.com/wp-content/uploads/2016/01/image4-300x249.jpeg" alt="Que es la Procrastinación" width="300" height="249" srcset="https://www.cinteco.com/wp-content/uploads/2016/01/image4-300x249.jpeg 300w, https://www.cinteco.com/wp-content/uploads/2016/01/image4.jpeg 600w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
<p>La Procrastinación(del latín <em>pro,</em> adelante, y <em>crastinus</em>, referente al futuro), postergación o posposición, es un extraño fenómeno. Los expertos la definen como… “la manifiesta intención de hacer algo pero,  actuar en la dirección contraria al posponer nuestros objetivos y/o al poner en marcha conductas alternativas”…  Es posible que a corto plazo nos produzca un cierto alivio, pero  acaba comprometiendo el desempeño de tareas necesarias para el buen funcionamiento integral del individuo. Muchas personas luchan durante años por librarse del secuestro que termina configurando la conducta procrastinadora. Cualquier objetivo central se convierte en algo imposible de alcanzar.<br />
Todos podemos procrastinar en alguna medida, el problema aparece cuando éste estilo de afrontamiento se convierte en un rasgo estable y genera malestar. Seguro que lo entendemos mejor sí lo aplicamos a algunos ejemplos:<br />
¿Quién no se ha pillado a sí mismo colocando durante varias horas, los apuntes, el material de trabajo y hasta la habitación, antes de sentarse “realmente” a estudiar? Esa llamada incómoda que nunca terminamos de hacer, esa cita que no concertamos con el dentista, un espacio desordenado, una dieta y algún ejercicio saludable que nunca encontramos fecha para comenzar. Hay muchos ejemplos cotidianos del famoso…”ya lo haré”… convencidos de que no tardaremos en afrontarlo pero con escasas posibilidades de conseguirlo.<br />
<span id="more-4565"></span>Somos capaces de auto convencernos de la “conveniencia” de posponer las tareas incómodas porque, por un momento, creemos haberle dado una solución, pero, ¿qué pasa cuando el bloqueo persiste? Los estudios o el trabajo pueden verse severamente afectados, el desorden, la falta de autocuidados, la sensación global de incompetencia y de pérdida de control sobre todo aquello que nos ocurre, pueden desarrollar una estructura compatible con estados ansiosos y depresivos.<br />
Aunque nos pueda producir cierto alivio el hecho de posponer las responsabilidades, los estudios realizados sobre el tema demuestran que la procrastinación se puede convertir en un hábito peligroso que se extiende a todas las áreas de nuestra vida ocasionando un deterioro en nuestro balance de logros, la pérdida de oportunidades, el coste de afrontarlas fuera de plazo, incluso la afectación de nuestra salud.<br />
Diferentes autores relacionan la tendencia a procrastinar con estructuras psicopatológicas como la <a href="https://www.cinteco.com/depresion-en-la-infancia/">depresión</a>, los trastornos de <a href="https://www.cinteco.com/estados-de-ansiedad-y-estados-de-angustia/">ansiedad </a>y los <a href="https://www.cinteco.com/la-intervencion-clinica-en-el-tdah-una-labor-de-equipo/">trastornos por déficit de atención</a>, etc. Según esto podríamos hablar de diferentes patrones de posposición y/o afrontamiento inadecuado:<br />
Por un lado pacientes que presentan un esquema de evitación de conductas que les generan ansiedad, como consecuencia de anticipaciones negativas de fracaso. Habitual en estilos perfeccionistas, dependientes, fóbicos, etc.<br />
Pacientes dispersos, con dificultades organizativas, dificultades de planificación. Propio de trastornos por déficit de atención, trastornos por consumo de cánnabis con síndrome amotivacional y algunos trastornos de personalidad.<br />
Pacientes deprimidos con planteamientos de indefensión, muchas veces como resultado del balance negativo al que llegan desde los cuadros anteriormente citados.<br />
Aunque todo ello puede, igualmente, relacionarse con el complejo fenómeno de la procrastinación, entendemos que existen diferencias significativas a la hora de comprender los patrones de conducta, propios de cada entidad. No sería lo mismo procrastinar como “estilo de afrontamiento” que no gestionar y/o posponer responsabilidades o tareas pendientes como consecuencia de un cuadro clínico, ya sea un trastorno por déficit de atención, un estado de ánimo depresivo, o un síndrome amotivacional, entre otros.<br />
Con pacientes dispersos o sesgados por algunas de las dificultades descritas en el segundo y tercer grupo, se trabajará sobre la fuente de dispersión, con objetivos realistas que se adecuen a la capacidad efectiva del sujeto.<br />
Parece que desde la clínica el concepto de Procrastinación se identifica mejor con un rasgo estable de afrontamiento muy relacionado con perfiles de autoexigencia y estilos perfeccionistas. Pacientes que son conscientes de su situación de bloqueo y refieren malestar asociado. Lo primero que abordaremos será el control de las variables cognitivas y el manejo de las creencias.<br />
A la hora de intervenir con este último grupo, podemos empezar proponiendo la exposición gradual a las tareas ansiógenas hasta fomentar la autoexposición pero, suele tratarse de pacientes muy resistentes a las indicaciones terapéuticas, que terminan formando parte de sus “tareas pendientes” En algunos casos, se han descrito avances interesantes con la mera exposición a la propia inactividad, limitando alternativas y colocando al paciente frente a su problemática. Cuando el bloqueo persiste, hay casos en los que deben enfrentarse con la cancelación definitiva de la tarea, un ejemplo habitual lo encontramos en la esfera académica, los sujetos han condicionado de manera tan aversiva el estudio, que son incapaces de avanzar pero mantienen la creencia de seguir estudiando por el simple hecho de estar matriculados.<br />
Observamos, una vez más, como el estilo perfeccionista, aparece con protagonismo en nuestro análisis funcional, quizás un rasgo adaptativo en un contexto social tan demandante de éxitos objetivos, pero un claro factor de inadaptación cuando se extralimita. “El caos como paradoja del <a href="http://www.cinteco.com/eres-un-perfeccionista/">perfeccionismo</a>”</p>
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		<title>El Trastorno Bipolar: Conceptos básicos para la esperanza</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Jan 2012 13:21:32 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Si usted o alguien que es importante para usted ha sido diagnosticad@ de trastorno bipolar (también llamada psicosis maníaco-depresiva o P.M.D.) se puede sentir como si fuese la única persona que tiene que enfrentarse con esta enfermedad. Pero no está solo.<br />
En España, alrededor del <strong>1,3% de la población adulta</strong> tiene este problema.<br />
El momento del diagnóstico, al tratarse de una enfermedad mental crónica, es difícil para muchas personas; el temor y la incertidumbre son las reacciones más frecuentes. Por ejemplo, muchos enfermos inicialmente piensan que para los problemas de tipo mental no hay solución; esto les lleva a no tener confianza en los tratamientos y a sentir que su vida se ha visto definitivamente arruinada con el diagnóstico. Sin embargo, afortunadamente existen tratamientos efectivos para este problema que pueden ayudarle a recobrar y mantener una vida normalmente satisfactoria y productiva.<br />
En mi experiencia como profesional de la salud mental, <strong>la gran diferencia entre los pacientes que tienen más controlado el impacto de su enfermedad y aquellos que sufren consecuencias más penosas es EL CONOCIMIENTO</strong>. Sí, el conocer la enfermedad, qué esperar, cómo detectar el comienzo de una etapa depresiva o de una eufórica y también cuánto se conocen a sí mismos, sus tendencias a perpetuar la depresión o a hiperexcitarse con un exceso de actividad, las cosas que les estresan y las que les ayudan a equilibrarse, a modular los estados de ánimo.</p>
<p><strong>¿CUÁNDO LA INESTABILIDAD DE ÁNIMO SE CONVIERTE EN UNA ENFERMEDAD?</strong><br />
<strong>Los seres humanos</strong> tenemos <strong>altibajos de ánimo</strong>; en un mismo día incluso podemos sentirnos eufóricos por la mañana ante la idea de iniciar nuestras vacaciones y tremendamente hundidos por la tarde al enterarnos de que algún familiar padece una enfermedad grave. La felicidad, la tristeza y la ira son <strong>emociones normales</strong> y una <strong>parte esencial de la vida diaria</strong>. Porque la tristeza y la culpa son sentimientos desagradables buscamos la manera de evitarlos y tratamos de construir una vida que nos permita experimentar más sentimientos de satisfacción y alegría. Es decir, las emociones nos permiten procurar un estado de bienestar para nosotros y las personas que nos importan porque nos ayudan a reaccionar ante los cambios que se producen a nuestro alrededor.<br />
En contraste, <strong>las personas que sufren un Trastorno Bipolar</strong> tienen unos <strong>altibajos que suelen terminar entorpeciendo su bienestar por ser excesivamente acentuados o desproporcionados</strong> con los motivos que los desencadenan y por haber perdido la “flexibilidad“ normal del estado de ánimo en función de las circunstancias. Estos altibajos y la pérdida de las cualidades normales del estado de ánimo afectan a los pensamientos, sentimientos, salud física, comportamiento y funcionamiento.<br />
El trastorno bipolar  no es culpa de la persona que lo padece, ni es el resultado de una personalidad “débil” o inestable, <strong>es una enfermedad médica</strong> (como lo puede ser el asma o la diabetes) que tiene un componente genético y para la que hay medicamentos específicos.<br />
<span id="more-1272"></span></p>
<p>¿<strong>CUÁLES SON LOS CRITERIOS PARA CONSIDERAR A UNA PERSONA BIPOLAR?</strong><br />
Se considera que una persona padece un trastorno bipolar si a lo largo de su vida ha sufrido una <strong>alternancia entre períodos </strong>en los que su<strong> estado de ánimo ha sido francamente depresivo y otros</strong> (al menos uno) en los que era <strong>de euforia</strong>. Hasta aquí, todos podríamos ser diagnosticados de trastorno bipolar, por eso habrá que definir por qué estos estados llegan a ser “patológicos” o a constituir una enfermedad.<br />
Cualquiera entendería que estos “altibajos anímicos” son un “trastorno” si por causa de ellos la persona ha tenido <strong>problemas en su trabajo</strong>, tiene dificultades para mantener a lo largo del tiempo las <strong>relaciones con otras personas</strong> u observamos <strong>variaciones muy importantes en </strong>su <strong>forma de reaccionar</strong> ante la vida <strong>y</strong> sus <strong>conductas</strong> dependiendo de si está eufórico o depresivo. Es decir, que las emociones no son compatibles con su búsqueda de bienestar sino que se ha convertido en cierto modo en <strong>“ un esclavo de su estado de ánimo”</strong>.<br />
Los períodos en los que predomina claramente un estado de ánimo se llaman <strong>fases. </strong>Así, cuando lo que prima es la tristeza se habla de una <strong>fase depresiva </strong>y cuando lo hace la euforia o exaltación del ánimo se dice que la persona está en <strong>fase maníaca.</strong><br />
La alternancia de fases suele producirse con periodos intermedios de relativa normalidad del estado de ánimo, aunque no es infrecuente que el cambio de un estado a otro se produzca sin dar tiempo a esta normalización, en cuyo caso se habla de un <strong>“viraje” </strong>(p.ej., cuando de una temporada de ánimo exaltado y euforia se pasa en unos días a una fase depresiva).<br />
Así, muchas personas describen <strong>gráficamente</strong> su problema de ánimo comparándolo con una <strong>montaña rusa</strong> y los científicos que estudian la enfermedad hacen gráficos en los que reflejan las “subidas” y “bajadas” del estado de ánimo como “picos” y “valles” que se alternan con “mesetas” de estabilidad.</p>
<p><strong>¿QUÉ CAUSA EL TRASTORNO BIPOLAR?</strong><br />
<strong>No hay una causa única</strong> del trastorno bipolar, pero las últimas investigaciones sugieren que es un problema heredado relacionado con la falta de estabilidad en la transmisión de impulso nervioso en el cerebro. Este <strong>problema bioquímico</strong> hace a las personas con trastorno bipolar más vulnerables a la tensión emocional y física. Ante circunstancias como un contratiempo de la vida, el consumo de drogas, la falta de sueño u otra estimulación excesiva, los mecanismos del cerebro no trabajan adecuadamente para restaurar el funcionamiento normal.<br />
El trastorno bipolar tiende a repetirse en algunas familias en las que varios miembros padecen el mismo problema. Sin embargo, si usted padece trastorno bipolar y su pareja no, sólo existe una probabilidad de un 1 a un 7 % de que su hijo lo desarrolle.<br />
Esta teoría de una <strong>doble causa</strong> de la enfermedad: la <strong>vulnerabilidad innata (congénita) más un estímulo ambiental,</strong> es similar a las teorías propuestas para muchas enfermedades médicas. En las enfermedades del corazón, por ejemplo, una persona podría heredar la tendencia a tener la tensión alta que hace que se reduzca gradualmente el suministro de oxígeno al corazón (vulnerabilidad biológica). Aún así, hará falta un esfuerzo físico importante o una tensión emocional (estímulo ambiental) para que la persona llegue a desarrollar un dolor en el pecho o tener un ataque al corazón si el suministro de oxígeno baja demasiado. Al igual que los pacientes que han tenido un infarto deben cuidar su estilo de vida y tomar medicación, el tratamiento para el trastorno bipolar se centra en tomar los medicamentos adecuados y cambiar el estilo de vida para reducir el riesgo de altibajos (actuar sobre los estímulos ambientales permite prevenir la aparición de descompensaciones del ánimo).</p>
<p><strong>¿POR QUÉ ES IMPORTANTE DIAGNOSTICAR Y TRATAR EL TRASTORNO BIPOLAR TAN PRONTO COMO SEA POSIBLE?</strong><br />
Las personas con trastorno bipolar visitan de media a tres o cuatro médicos y pasan más de ocho años <strong>antes de</strong> ser diagnosticados y tratados correctamente.<br />
<strong>Un diagnóstico y tratamiento tempranos pueden ayudar a evitar algunas complicaciones:</strong></p>
<ul>
<li>suicidio: el riesgo es más alto en los años iniciales de la enfermedad ;</li>
<li>abuso de alcohol/ otras sustancias: más del 50 % de las personas con trastorno bipolar abusan del alcohol u otras drogas durante la enfermedad ;</li>
<li>problemas matrimoniales y de trabajo: el tratamiento mejora las perspectivas para un matrimonio estable y un trabajo productivo ;</li>
<li>dificultades del tratamiento: hay evidencias que indican que cuantos más episodios de altibajos tenga una persona, más difícil será tratar los episodios posteriores, que pueden ocurrir con más frecuencia ;</li>
<li>tratamiento incorrecto, impropio o parcial: una persona diagnosticada por error de depresión a secas en lugar de trastorno bipolar puede recibir antidepresivos sin medicamentos que protejan contra el viraje a fase maniaca. Los antidepresivos pueden ocasionar episodios maníacos y hacer que la evolución de la enfermedad sea peor.</li>
</ul>
<p><strong> </strong><br />
<strong>¿CUÁLES SON LOS SÍNTOMAS DEL TRASTORNO BIPOLAR?</strong><br />
<strong> </strong><br />
<strong>Para entender los síntomas propios de esta enfermedad basta recordar la influencia que los estados ánimo tienen en:</strong><br />
&#8211;<strong>nuestra sensación de energía y nuestro impulso</strong> a hacer cosas (cuando estamos desanimados todo nos cuesta trabajo y nos sentimos abatidos, sin energía, se afectan también nuestros movimientos no es raro que por la postura y la forma de caminar de alguien a veces podamos deducir su estado de ánimo);<br />
&#8211;<strong>el pensamiento y los recuerdos</strong> (la forma en que interpretamos la realidad según estemos en una temporada de desánimo o de euforia puede variar enormemente “vemos la botella medio vacía o medio llena”). Además, cuando estamos tristes nos vienen a la memoria con más facilidad los recuerdos negativos que los positivos y viceversa cuando estamos animosos;<br />
-nuestra <strong>actividad:</strong> como consecuencia de la alteración del pensamiento y del grado de activación, todas nuestras actividades, desde las más instintivas (como dormir o comer) a las más complejas (las que podamos realizar en nuestro trabajo) se ven afectadas.<br />
Así, según la fase en qué fase esté la enfermedad se producirán unos síntomas u otros.<br />
Durante el proceso del trastorno bipolar pueden aparecer distintos tipos de fases:<br />
<span style="text-decoration: underline;">1<strong>.- Manía</strong> (episodio maníaco):</span> la manía frecuentemente comienza con un sentimiento agradable de mayor energía, creatividad y mejora de las habilidades sociales. Las claves son la exaltación y aceleración del pensamiento, la actividad e incluso el lenguaje que llevan a la aparición en un episodio maníaco de los siguientes síntomas que deben durar <strong>al menos una semana: </strong><br />
* la persona se siente extraordinariamente eufórica con una sensación de bienestar que a veces se acompaña de irritabilidad ;<br />
* tiene menos necesidad de dormir, pero no se siente cansado, tiene mucha energía;<br />
*habla tan rápidamente que otros no pueden seguir su conversación ;<br />
* tiene pensamientos acelerados y sin control (igual que el lenguaje) ;<br />
*se distrae fácilmente, salta de un tema a otro y de una actividad a otra sin parar;<br />
* tiene un sentimiento de plenitud que le llega a creer en ideas exageradas acerca de su poder, grandeza o importancia ;<br />
* hace cosas temerarias sin pensar en las consecuencias negativas: gastar demasiado dinero, actividad sexual impropia, correr riesgos físicos…<br />
En casos muy severos, puede tener alucinaciones (oir o ver cosas que no están ahí) o ilusiones (creer firmemente en cosas que no son verdaderas).<br />
La persona que se encuentra en una fase de manía típicamente no entiende que tenga ningún problema e incluso reacciona con enfado cuando se le señala lo inadecuado de su comportamiento. La causa es que este estado resulta muy agradable para el enfermo (algunas personas tienen la sensación de estar “mejor que nunca” o “en el mejor momento de sus vidas”) y en ese momento no es capaz de ver las desventajas o los riesgos que implica su estado (con frecuencia se producen despilfarro, pérdida del empleo, rupturas de pareja&#8230;).<br />
<span style="text-decoration: underline;">2.- <strong>Hipomanía</strong> (episodio hipomaniaco):</span> la hipomanía es una forma más leve que la manía, con síntomas parecidos, pero menos graves, siendo el deterioro también menor. Durante los episodios hipomaniacos, la persona se siente mejor y es más productiva. Estas sensaciones hacen que las personas a veces abandonen la medicación para buscar este estado. Sin embargo, con demasiada frecuencia hay que pagar un precio muy alto, ya que puede acabar en manía o depresión.<br />
<span style="text-decoration: underline;">3.- <strong>Depresión</strong>:</span> los síntomas siguientes están presentes al menos durante dos semanas:<br />
*se siente triste, decaído, melancólico o pierde interés por las cosas que le gustaban;<br />
*tiene problemas para dormir o se despierta demasiado temprano (más raramente duerme demasiado);<br />
*pérdida de apetito (menos frecuentemente aumenta el apetito);<br />
*problemas para concentrarse o tomar decisiones;<br />
*siente que todo va muy lento o se siente nervioso;<br />
*se siente inútil o culpable o tiene baja autoestima;<br />
*le falta energía, está como cansado durante todo el día;<br />
*puede, incluso, tener ganas de morir o quitarse la vida.<br />
<span style="text-decoration: underline;">4.- <strong>Episodio mixto</strong>.</span> Quizás los episodios más debilitantes sean los que incluyen síntomas de manía y depresión al mismo tiempo. Se siente irritable, como en la manía, a la par que triste.<br />
<span style="text-decoration: underline;">5.-<strong>Estabilidad clínica.</strong></span> La mayor parte de las personas que padecen esta enfermedad disfrutan de períodos en los que, incluso sin tratamiento farmacológico, se encuentran bien y nadie podría detectarles ningún problema psíquico en absoluto (ni siquiera un profesional). El objetivo del tratamiento es alagar y añadir solidez a estas fases de estabilidad.</p>
<p><strong>¿CÓMO EVOLUCIONA LA ENFERMEDAD?</strong><br />
Varía bastante de unas personas a otras. Algunas tienen igual número de episodios maníacos y depresivos, otras no. La media es tener alrededor de cuatro episodios (entre maníacos y depresivos) durante los primeros diez años de la enfermedad. Los hombres suelen empezar con un episodio maníaco y las mujeres con uno depresivo.<br />
Las personas sin tratamiento tienen peor evolución, con más episodios y, en general, que revisten mayor gravedad.<br />
En algunas personas influye mucho la estación del año: manía en verano y depresión en invierno (patrón estacional).<br />
La duración de cada episodio es muy variable, días, semanas o meses. Las depresiones suelen durar más que las manías/hipomanías (hasta 6 meses).<br />
Algunas personas se recuperan totalmente después de cada episodio y otras continúan teniendo síntomas más leves durante un tiempo. Con un tratamiento eficaz y controlado por un psiquiatra la recuperación suele ser mejor</p>
<p><strong>TRATAMIENTO</strong><br />
Lamentablemente, como hemos ido viendo, la causa del trastorno bipolar es sumamente compleja y hasta ahora no se ha encontrado la “pastilla mágica” que cure por completo y erradique el problema de raíz.<br />
<strong>Esta enfermedad se acerca más al modelo de la hipertensión o la diabetes</strong>, enfermedades crónicas que no tienen un tratamiento curativo, con las que hay que aprender a convivir día a día, llevando una vida sana y un tratamiento regular. Como en esos casos, cuando la enfermedad está bien controlada hay pocas complicaciones y apenas interfiere en la vida normal de las personas que la padecen, aunque obliga a seguir un tratamiento de por vida (a nadie se le ocurriría al notarse bien con la insulina, dejar de ponérsela todos los días “para ver si ya no la necesita” y lo mismo ocurre con la medicación que controla la tensión arterial).<br />
Otro inconveniente de la medicación es el de que necesita un tiempo para comenzar a hacer efecto (en general entre una y dos semanas) y también constancia en las tomas.<br />
Sin embargo, podemos afirmar con optimismo que el trastorno bipolar es una de las enfermedades para las que contamos con mayor arsenal terapéutico (en continua evolución gracias a la investigación) y cuya correcta utilización permite reducir mucho las limitaciones e inconvenientes propias de la enfermedad.<br />
Existen tres tipos o grupos fundamentales de tratamientos farmacológicos: estabilizadores del humor, antipsicóticos y antidepresivos; cada uno de ellos con un papel diferente y en distintos momentos de la enfermedad.<br />
El tratamiento farmacológico del trastorno bipolar no es algo estable, puesto que no todos los fármacos son útiles en todas las distintas fases,  hay que ir modificando la pauta en función de las distintas circunstancias (como lo haría un buen cocinero, a veces hay que ir mezclando los distintos ingredientes).<br />
Por tanto, es muy importante que entre médico y paciente se establezca un diálogo. Poco a poco uno va conociendo mejor los síntomas de la enfermedad y aprende a identificar las pequeñas manifestaciones tempranas que anuncian una descompensación, así como los efectos indeseables de uno u otro medicamento; describir con detalle los síntomas, así como los posibles efectos secundarios de la medicación abrirá una puerta a la negociación.<br />
Un consejo: si no tiene buena comunicación con su médico, CAMBIE DE MÉDICO.<br />
<strong> </strong><br />
<strong>EL INSUSTITUIBLE PAPEL DEL PACIENTE EN EL AUTOCUIDADO:</strong></p>
<p>No todo es medicarse.<br />
Además de un control médico de calidad, el paciente tiene en su mano marcar la diferencia en la evolución del problema aprendiendo a cuidarse.<br />
Que a uno le diagnostiquen una “enfermedad crónica” es un golpe difícil de aceptar; ya sea “tener azúcar”, colesterol&#8230;. o un trastorno bipolar, supone un gran esfuerzo de concienciación y adaptación. A todos nos cuesta seguir una dieta durante mucho tiempo, renunciar a tomarnos unas copas o tener que tomar una pastilla diariamente.<br />
Es todavía más duro si la causa por la que debemos hacer estos sacrificios no es bajar el colesterol, sino una enfermedad “mental”.<br />
Pero como todas las enfermedades citadas, el trastorno bipolar es una carrera de fondo, en la que el esfuerzo paso a paso se ve recompensado a la larga. Algunas claves indiscutibles del éxito son:</p>
<p><strong>1. Hábitos de vida saludables.</strong><br />
La base de la enfermedad es, como decíamos, una sensibilidad especial del “termostato del ánimo” de nuestro organismo, con tendencia a descontrolarse hacia estados extremos y descontrolados, de euforia o depresión. Así, si hay estímulos que a todos nos alteran el ánimo, como la falta importante de sueño o algunos tóxicos, éstos pueden desencadenar crisis afectivas importantes en personas cuyo ánimo es más vulnerable o sensible de lo normal.<br />
Por eso se recomienda especialmente y de forma general: <strong>REGULARIDAD</strong>, en todos los aspectos, pero sobre todo, en los hábitos de sueño. Dormir menos de siete horas supone un riesgo de sufrir una fase maniaca o hipomaníaca. Y dormir más de diez aumenta las posibilidades de desencadenar un episodio depresivo<span style="text-decoration: underline;">. Duerma, por tanto, de 6 a 8 horas</span> al día, evitando excepciones.<br />
<span style="text-decoration: underline;">Evite situaciones de estrés</span>. Procúrese un espacio para si mismo, rebaje la tensión mediante ejercicio físico moderado o actividades gratificantes y aprenda a relativizar los problemas.<br />
<span style="text-decoration: underline;">No se someta a dietas excesivas</span>. Aumentan la irritabilidad y la ansiedad y provocan cambios metabólicos y hormonales que pueden desestabilizar el ánimo. Tenga cuidado con las “pastillas adelgazantes” suelen contener derivados anfetamínicos que pueden provocar un viraje maniaco.<br />
Mantenga un <span style="text-decoration: underline;">patrón regular de actividad</span>. No se exija demasiado a sí mismo. Intente reducir la tensión en el trabajo. Para una buena productividad a largo plazo, lo mejor es evitar las recaídas y para ello hay que mantener día a día una actividad constante evitando periodos de sobre-exigencia en los que se produzca un estrés importante.<br />
<span style="text-decoration: underline;">Evite el consumo de excitantes</span>, como el café, sobre todo por la tarde-noche. Cuanto menos alteremos el patrón de sueño, mejor.</p>
<p><strong>2. Evitar el consumo de Tóxicos</strong><br />
Si por tener un trastorno bipolar somos especialmente sensibles al estrés, los cambios de luz o las horas de sueño, no digamos al uso de drogas. El consumo, aunque sea una vez, de determinadas sustancias como la cocaína, anfetaminas, o drogas de diseño, además de las consecuencias generales que tendría para cualquier persona, puede resultar suficiente para causar la descompensación, complicar el curso de la enfermedad o desencadenar la aparición de síntomas psicóticos.<br />
El alcohol o el cannabis (hachís o marihuana) también pueden contribuir a las descompensaciones.<br />
No es extraño que las personas con este problema utilicen, a veces sin ser plenamente conscientes de ello, el alcohol y otras sustancias como una especie de “medicación” que en el momento les ayuda a calmar síntomas ansiosos o depresivos. Sin embargo, diversos estudios demuestran que cuando al trastorno bipolar se añade el consumo de estas sustancias el pronóstico empeora radicalmente.<br />
<strong> </strong><br />
<strong>3. Autoobservación</strong><br />
Es una de las herramientas más eficaces para prevenir recaídas.<br />
Se ha visto que la mayoría de los pacientes recaen siguiendo “su propio patrón”. Esto quiere decir que la secuencia en la que aparecen las alteraciones del pensamiento, el ritmo de sueño o el comportamiento cuando se produce una descompensación varía bastante de unos enfermos a otros pero es muy estable para un mismo paciente. Por eso es tan importante conocerse a uno mismo, observar o recordar cuáles fueron los primeros cambios que se produjeron antes de recaer. Fíjese, por ejemplo, en cuántas horas duerme; la disminución de las horas de sueño con la sensación de que “sobra energía y no necesita dormir” suele ser un síntoma típico que avisa de la aparición de una fase maníaca. Esté atento también a encontrarse más irritable, tolerar peor a sus compañeros y familiares. Ojo a tener muchas ganas de hablar y estar más bromista.<br />
Puede ser útil registrar estas sensaciones en una especie de diario o agenda y puntuar su intensidad de uno a diez.</p>
<p><strong>4. Escuche a las personas de confianza.</strong><br />
A veces las cosas se ven más claras desde fuera que desde dentro; especialmente en el caso de los síntomas de euforia, tan difíciles de identificar para la persona que los sufre, pero no los “sufre”. Por eso es importante aprender a escuchar los comentarios de los que nos rodean. A veces no es fácil; creemos que están excesivamente sensibilizados o que tienden a protegernos demasiado, nos suena todo a crítica o nos sentimos realmente bien y no pensamos que eso sea parte de una enfermedad.</p>
<p><strong>5. Consulte a su médico. </strong><br />
Más de un tercio de los pacientes han dejado el tratamiento dos o más veces sin consultar con su médico. Teniendo en cuenta que el abandono de la medicación es, según muchos estudios, la causa más frecuente de recaída y todos los médicos insisten hasta la saciedad en este punto; parecería por la frecuencia de los abandonos que uno tiene que recaer y pasarlo mal, para descubrirlo por uno mismo. Generalmente cuantos más años transcurran desde el diagnóstico más aprenden las personas de su experiencia y disminuye el número de recaídas y de ingresos debidos al abandono de medicación.</p>
<p>Así como otros especialistas disponen de analíticas y pruebas de imagen para averiguar el estado de sus pacientes; el psiquiatra tiene como única herramienta la información que le proporciona el propio paciente. Por eso es fundamental tener un diálogo claro y sincero con el especialista. Por ejemplo, confesar que no se ha seguido correctamente el tratamiento o que se han hecho “excesos” en la vida diaria puede evitar que su psiquiatra cambie el tratamiento pensando que no está siendo eficaz y descarte un medicamento que podía irle bien.<br />
Describir con detalle las variaciones que se producen entre una y otra visita. Aunque parezcan “tonterías” como el aumento del deseo sexual, o el gusto por los tonos vivos de la ropa, pueden ofrecer información valiosa a la hora de regular la medicación.<br />
Hablar claramente de los efectos molestos de la medicación antes de dejar de tomar por iniciativa propia la medicación y, si hace falta, insistir.</p>
<p><strong>¿QUÉ HACER ANTE UNA RECAÍDA?:</strong><br />
Ante el inicio de una fase de <strong>EUFORIA</strong>:</p>
<ol>
<li>Aumente el número de horas de sueño en lo posible (mínimo 8 horas).</li>
<li>Limite el número de actividades: cancele compromisos y situaciones estresantes. Dedique un máximo de 6 horas al día a estar activo. Acuda al médico si necesita baja laboral.</li>
<li>No intente vencer la euforia “por agotamiento”. En su estado no se cansará, sino que empeorará cada vez más la situación hasta hacerse incontrolable.</li>
<li>No se deje engañar por la sensación de felicidad y omnipotencia; recuerde que puede tener consecuencias muy negativas y ser el paso previo a la depresión</li>
<li>Evite los estimulantes: café, té, bebidas energéticas, el deporte excesivo, el alcohol y las drogas (excitantes o relajantes).</li>
<li>Posponga decisiones económicas y consulte con personas de confianza. No se deje llevar por el impulso (puede arrepentirse cuando no tenga solución).</li>
<li>Comente sus “grandes ideas y planes geniales” con otras personas (que le parezcan sensatas y conozcan su enfermedad) y tome en cuenta su opinión.</li>
<li>CONSULTE CON SU PSIQUIATRA</li>
</ol>
<p>Ante el inicio de una <strong>DEPRESIÓN</strong>:</p>
<ol>
<li>Comunique a un familiar o persona de confianza que está comenzando a encontrarse mal en cuanto lleve una semana más bajo de ánimo, más adelante puede no tener energía para hacerlo ni para reaccionar (pedir una cita con el médico…)</li>
<li>Duerma un máximo de ocho horas si su tendencia es dormir demasiado y asegúrese de dormir ocho horas en el caso de que aparezca el insomnio.</li>
<li>¡No se automedique!</li>
<li>No tome decisiones importantes, su capacidad de juicio está sesgada por su estado de ánimo.</li>
<li>Intente aumentar el número de actividades y hacer ejercicio físico ligero, aunque no le apetezca.</li>
<li>No se sienta culpable por estar así. Usted no controla los síntomas de su depresión, al igual que no podría bajar el colesterol concentrándose en ello.</li>
<li>En la medida que sea capaz, someta a crítica y no dé excesivo valor a sus ideas de inferioridad, pesimismo y desesperanza: son parte de la enfermedad, no corresponden a la realidad.</li>
<li>CONSULTE A SU PSIQUIATRA</li>
</ol>
<p>Material recomendado:</p>
<h2><a href="http://www.cinteco.com/pacientes/material_recomendado/trastorno_bipolar/">Guía para los padres con Trastorno Bipolar y las familias y/o cuidadores</a></h2>
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		<title>AGOTAMIENTO, EL PRECIO DEL ESTRÉS Y CANSANCIO</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Mar 2011 14:23:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Adultos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El organismo de los mamíferos está diseñado de manera que la capacidad de desarrollar una intensa reacción de estrés en tan sólo unos segundos suponga una ventaja evolutiva y aumente nuestra capacidad de supervivencia. En el caso de una gacela que pasta en la sabana, el crujido de la pata de un felino al pisar [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://www.cinteco.com/agotamiento-el-precio-del-estres/">AGOTAMIENTO, EL PRECIO DEL ESTRÉS Y CANSANCIO</a> se publicó primero en <a href="https://www.cinteco.com">Gabinete de Psicólogos en Madrid. Psicólogos y Psiquiatras</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>El organismo de los mamíferos está diseñado de manera que la capacidad de desarrollar una intensa reacción de estrés en tan sólo unos segundos suponga una ventaja evolutiva y aumente nuestra capacidad de supervivencia.<br />
En el caso de una gacela que pasta en la sabana, el crujido de la pata de un felino al pisar una ramita seca desencadena en décimas de segundo una reacción corporal que prepara para al animal para la huida: se tensan los músculos, aumenta el ritmo cardíaco y de la respiración&#8230; Si se trata de un ser humano la reacción puede desencadenarse por una forma extraña en medio de la autopista mientras conducimos a 120 kilómetros hora y el estrés que produce podrá salvarnos la vida. En este tipo de reacción de alerta intensa pero corta la adrenalina y sus derivados son los protagonistas.<br />
Sin embargo, existe otro tipo de estrés de baja intensidad que se prolonga en el tiempo y da lugar a una reacción química corporal de distinta naturaleza. El estilo de vida actual favorece este tipo de estrés. En la selva urbana de hoy en día son las presiones de nuestros superiores, las dificultades en las relaciones interpersonales, la falta de tiempo para descansar y “desactivar” el cuerpo, la inmediatez de las comunicaciones y la necesidad de estar permanente conectados&#8230; lo que nos produce un estado de alerta mantenido a base de sustancias de estrés de efecto más prolongado: corticoides, hormonas tiroideas&#8230;<br />
Estas sustancias entran en juego para intentar mantener al organismo en ese estado permanente de alerta y su influencia sobre nuestra de salud física y mental es conocida. Si los factores estresantes se mantienen en el tiempo, aparecerá la FASE DE AGOTAMIENTO de esta reacción fisiológica.</p>
<h3>¿Cómo sé que estoy alcanzando un estado de agotamiento secundario al estrés?</h3>
<p><span id="more-850"></span><br />
Debemos sospechar la aparición de este problema si tras diversas circunstancias estresantes que han sido motivo de preocupación casi continua durante el último año aparecen:<br />
-Importante pérdida de la calidad del sueño, no necesariamente una disminución en el número de horas pero sí la sensación de que el descanso nocturno no es tan reparador, es más superficial, inquieto o tenso.<br />
-Sensación de falta de energía o cansancio. Actividades rutinarias que hacíamos sin esfuerzo en circunstancias normales ahora nos parecen un mundo.<br />
-Irritabilidad o inestabilidad emocional. Las emociones son más intensas, todo nos molesta y el ánimo es cambiante.<br />
-Dificultades para mantener la concentración, la mente está más dipersa. Con frecuencia descubrimos que incluso la lectura por placer nos resulta más costosa.<br />
-Molestias físicas como trastornos gastrointestinales, dolores de cabeza, mareos&#8230;</p>
<h2><strong>¿Qué puedo hacer para recuperarme del estrés y cansancio?</strong></h2>
<p>Lo ideal, por supuesto, sería ser capaces de prevenir la aparición de esta fase final de agotamiento actuando sobre nuestros hábitos y desarrollando estrategias adaptativas de afrontamiento de los problemas que nos preocupan. Es de vital importancia mantener el estrés a raya, no continuar conectados a problemas del trabajo en casa poner un límite a nuestra participación de los conflictos, crear espacios de tiempo en los que el objetivo único sea relajarnos y desconectar&#8230;<br />
Sin embargo, una vez de hemos alcanzado esta fase de agotamiento estamos ya en un estado orgánico de naturaleza auténticamente corporal en el que sufrimos las consecuencias de un desequilibrio químico que sólo químicamente podremos revertir.<br />
Al igual que nuestro hígado, nuestros riñones o nuestros músculos, el sistema nervioso vegetativo (responsable de las reacciones de alerta) también tiene una resistencia limitada, si la sobrepasamos se desajusta.<br />
Este estado de agotamiento es, por tanto, algo que le puede ocurrir a cualquiera, no es necesario ser especialmente vulnerable ni se trata de una enfermedad mental como tal sino de un estado fisiológico.<br />
La medicación que resulta más eficaz para la recuperación del equilibrio químico anterior es una familia de antidepresivos: los Inhibidores de la Recaptación de Serotonina (ISRS). Se trata de fármacos que actúan recuperando los niveles previos de este neurotransmisor, la serotonina. La mejoría se consigue al cabo de 4 semanas de tratamiento y normalmente la duración total del mismo no excede los 6 meses.<br />
Por supuesto, hay medidas no farmacológicas que contribuyen a reequilibrar químicamente el organismo entre las más eficaces, el ejercicio físico aeróbico.<br />
Durante el tratamiento farmacológico y ya con más fuerzas, más descansados y con mayor capacidad de concentración, será necesario plantearse qué nos ha llevado hasta aquí y cómo solucionarlo de modo que al retirar la medicación no volvamos a ponernos en situación de riesgo. A veces se tratará de cambiar hábitos, otras de construir nuevas maneras de enfrentarnos a situaciones crónicas de conflicto a circunstancias estresantes. El asesoramiento de un psicólogo clínico puede resultar de gran ayuda para llevar a cabo esos cambios.</p>
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