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Jueves 5 de Junio de 2008 — Cinteco, Área de la Adolescencia
José Carrión Otero coordinador del Departamento de Asistencia Psicológica en la Adolescencia nos propone una reflexión para trabajar con los padres este interrogante.
A menudo nos encontramos con importantes dificultades para que nuestros hijos adolescentes acepten las indicaciones que les hacemos en lo que se refiere a su comportamiento, sus estudios, su salud, en definitiva, la manera que tienen de gestionar su vida. Es posible que estas resistencias sean simplemente una característica de su edad, de la necesidad de identificarse como personas independientes que muestran su criterio frente al nuestro.
El problema surge cuando, desde nuestra opinión, se están produciendo conflictos relevantes que requieren valoración profesional y, en su caso, intervención terapéutica: conductas de trasgresión y no adecuación a límites y normas en el medio familiar, fracaso académico, descargas agresivas, comportamientos de riesgo y cualquier otro aspecto que afecte a su desarrollo evolutivo y su bienestar personal. Probablemente ellos no admitan que está ocurriendo conflicto alguno y no quieran saber nada de acudir al especialista, suelen argumentar que a ellos no les ocurre nada y que el problema es nuestro.
Se plantean dos interrogantes:
- ¿Cómo conseguir que acudan a consulta?
- ¿Es posible abordar el problema sin su colaboración?
Para afrontar la primera cuestión, lo aconsejable es buscar el momento adecuado y exponer con franqueza a nuestros hijos el nivel de preocupación que sentimos sin responsabilizarles directamente, informándoles de nuestra intención de buscar ayuda y de nuestro deseo que ellos se incorporen en el proceso de solución. Es conveniente respetar su decisión aunque no sea la que nos gustaría escuchar, un profesional, difícilmente va a poder intervenir sobre objetivos de cambio con un adolescente sin percepción de problema y sin motivación para iniciar tratamiento. No debemos engañarles, ni “comprarles” para conseguir que accedan. Sí nosotros empezamos a cambiar, es posible que se incorporen mas adelante.
Sobre la segunda cuestión, es factible trabajar sin la incorporación del adolescente al proceso terapéutico, cambiar nuestra actitud, nuestra manera de manejar los conflictos pueden ser factores decisivos para ayudar a nuestros hijos. Los padres pueden aprender a responder con eficacia a las situaciones que los adolescentes plantean, gestionar sus demandas, establecer límites que funcionen y adoptar el papel más adecuado en una situación crítica.
Para comprender y afrontar con eficacia los retos del adolescente es necesario un cambio de rol por nuestra parte, dejamos de ser su único referente y competimos ahora con su grupo de iguales. Sólo desde el esfuerzo por adaptarnos a las nuevas demandas podremos mantener con eficacia nuestro criterio, tan cuestionado y tan importante a la vez en sus decisiones.
Jueves 28 de Febrero de 2008 — Cinteco, Área de la Adolescencia
José Carrión Otero como coordinador del Área de Asistencia Psicológica y/o Psiquiátrica en la Adolescencia, nos propone una reflexión sobre el papel del psicólogo clínico como mediador entre el adolescente y sus padres.
La demanda de atención psicológica con adolescentes que presentan conflictos en la relación con sus padres, se está configurando como uno de los principales motivos de consulta en la actualidad. Señales como el fracaso académico, la no aceptación de límites, la agresividad y el consumo drogas llevan a los padres a solicitar nuestra intervención, desde la incomprensión y la desesperanza que les produce el comportamiento de sus hijos sobre los que dicen haber perdido cualquier capacidad de maniobra.La primera dificultad de la intervención estriba en el establecimiento de objetivos realistas que pueden incluir o no el trabajo directo con el adolescente, las posibilidades de intervención aumentan sí ellos participan pero es posible trabajar exclusivamente con los padres y/o convivientes para modificar las conductas de sus hijos no deseadas a través del manejo adecuado de las consecuencias de las mismas. Los padres pueden aprender a resolver con eficacia los conflictos, el establecimiento de límites, las habilidades de comunicación y negociación; así como la resolución de objetivos personales y la recuperación del control emocional.
Cuando el adolescente se incorpora al tratamiento, lo primero que conviene definir es su percepción del problema, es fácil encontrar pacientes convencidos de que su actitud y su comportamiento son perfectamente “normales” y que los conflictos se deben a la incomprensión por parte de sus padres. Se trata de pacientes que no presentan necesariamente psicopatología, más bien dificultades de adaptación o trastornos de conducta que suelen cursar con impulsividad, fácil frustración y bajo umbral para la descarga de respuestas agresivas. Su actitud frente a la terapia suele ser resistente y de escasa colaboración, en ocasiones, perciben al terapeuta como un aliado de sus padres. La figura y el rol del psicólogo clínico deberán definirse desde el primer momento para que el adolescente y sus familiares nos atribuyan la capacidad de negociar objetivamente en los conflictos y en las demandas de cada uno de ellos.
Una vez configuradas las claves de la intervención pasaremos al establecimiento de objetivos terapéuticos y al diseño de las estrategias de intervención, una “secuencia tipo” podría incluir:
• Desbloqueo de la situación de conflicto.
• Negociación de mínimos y control de conductas agresivas.
• Establecimiento de objetivos consensuados.
• Reparto de roles y tareas entre los padres.
• Control de variables cognitivas.
• Manejo de contingencias.
• Habilidades de comunicación.
• Establecimiento de límites.
• Desarrollo de objetivos ulteriores: actividad académica o profesional, control sobre el consumo de drogas y otras conductas disruptivas, etc.
• Coordinación interprofesional: orientadores y tutores académicos, mediadores sociales, médicos, etc.
• Seguimiento de objetivos y diseño de las claves para gestionar el alta.
Miércoles 30 de Enero de 2008 — Cinteco, Área de la Adolescencia
Reproducimos a continuación la entrevista que D. Ángel Suárez realizó a Belén Acevedo Canto, miembro del Departamento de Intervención con Adolescentes de Cinteco para la web del Ilustre Colegio Oficial de Psicólogos de Santa Cruz de Tenerife a propósito de su participación como ponente en un Taller de Intervención con Adolescentes, dentro del Master Postgrado en Psicología Clínica: Evaluación, diagnóstico y tratamiento. Organizado por la Vocalía de Psicología Clínica.
- ¿Cuáles son los problemas más habituales que encontramos en la población adolescente?
Además de Trastornos cómo Ansiedad, Depresión, Trastornos Obsesivo-Compulsivos, Dismorfobias, …etc. Los Adolescentes van a presentar Problemas de Conducta en el ambiente familiar producidos en la mayor parte de los casos por: no cumplimiento de normas en casa, dificultad en el establecimiento de límites, falta de comunicación, respuestas agresivas: verbales y físicas, problemas entre hermanos… Especial mención a la Fobia Social, hay que tener en cuenta que ésta es una edad en la que se producen una serie de cambios sociales en el individuo cómo es el “distanciamiento de los padres” y el “acercamiento a sus iguales”, es la época en que el individuo vive unido al grupo en mayor grado que en ningún otro momento de su vida. En la esfera académica, falta de rendimiento por: Ansiedad, fobia escolar, falta de motivación, déficit en estrategias de estudio, u otros déficits… Otro de los problemas a destacar es el Trastorno por abuso de sustancias, en estas edades es donde suele darse el inicio de consumo de sustancias drogófilas, las más comúnes alcohol, tabaco, y cannabis.
-¿Cómo definiría el perfil de personalidad de los adolescentes actuales?
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