El fenómeno de la violencia entre adolescentes se ha convertido en especial foco de atención para los profesionales implicados en su educación y para los profesionales sanitarios. La violencia escolar que afecta a alumnos y profesores está generando un clima de malestar que distorsiona de manera estructural todo el proceso educativo.
No menos importante resulta la incidencia de las conductas agresivas en el medio familiar, aunque en esta reflexión vamos a intentar profundizar en aquellos aspectos que subyacen a los comportamientos agresivos entre iguales y, en especial, todo lo relacionado con el escenario académico, en un intento por comprender y elaborar líneas de intervención que nos permitan abordar este fenómeno tan complejo.
En el inicio del periodo de socialización es habitual que encontremos respuestas agresivas entre iguales. Es en la preadolescencia cuando el grupo se revela como principal sistema de referencias, manifestando todo un despliegue de conductas y características que serán reforzadas o castigadas. Los enfrentamientos en el grupo de pares han definido las fronteras y la jerarquía en ocasiones como paso previo a las alianzas y al establecimiento del sistema relacional. El problema se agudiza cuando este tipo de conductas se mantienen estables a pesar del desarrollo evolutivo y forman parte de un estilo de actuación en el que el más débil se convierte en blanco de todos los ataques y el agresor instrumentaliza sus acciones para conseguir aprobación, respeto, incluso el propio refuerzo que dicha actividad le produce.
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